Escenario

"Cocineros al poder", el imperio de los sentidos

Cocinar tiene cada día más rating. Tres chefs rosarinos y Donato de Santis, juez de Masterchef, analizan este interés que no decrece.

Domingo 06 de Septiembre de 2015

Primero fue el fuego. Una revolución en la infancia de la humanidad para una necesidad elemental: comer. Entre aquel acto de supervivencia y el actual reinado mediático de la cocina ocurrió otra revolución: cocinar se transformó en una actividad exitosa y profesional, con su propia constelación de estrellas, un cosmos con su segmento televisivo y editorial, con su semántica y sus códigos, sus ferias, especificidades y revalorizaciones regionales.

   Y también, su mercado de películas, novelas, memorias y realities, su propio canal, todo un mundo que moviliza a millones de aficionados, adultos y niños, ya sea porque les gusta comer o por el simple placer estético de ver un “emplatado” que no tiene nada que envidiarle a una escultura de Alexander Calder, o que luce casi, casi, como un site specific gastronómico que de tan perfecto da pena saber que está destinado a desaparecer entre los dientes. Sobre estos temas Escenario consultó a tres reconocidos cocineros rosarinos -Marcelo Megna, Damián Delorenzi y Pablo Künzel - y a Donato De Santis, jurado junto a Christophe Krywonis y Germán Martitegui de la versión argentina de “MasterChef”, un éxito de audiencia en todo el mundo.

   “MasterChef” es una franquicia internacional creada en Inglaterra en los 1990, con emisiones en más de 40 países en toda América, Europa y Asia. Y en todos convoca legiones. La final en Australia, por ejemplo, mantuvo al borde de la silla a 2,7 millones de personas durante las dos horas y media del programa, lo que selló la marca más alta del Canal 4 de Sidney en cuatro años. Pero esto no es nada comparado con el récord de casi cuatro millones de televidentes que tuvo la final de 2010 en ese país. Y en Argentina terminó la segunda temporada la semana pasada, con picos de 19 puntos de rating (un punto equivale a 100 mil televidentes). “MasterChef Junior”, con un promedio de 14 puntos, ya confirmó su segunda temporada.

   El rosarino Marcelo Megna, al frente de su programa “Cocinarte” desde hace doce años (se emite los sábados, de 19 a 20, por Canal 3) sostuvo que la información compartida con el televidente es fundamental para hacerlo sentir parte de su propuesta. “Pienso que debe ser un factor importante descubrir cosas y productos cuando una persona mira programas de cocina, aparte de tener la receta. Antes la gente no conocía algunos productos, y no se vendían porque no había demanda. Con la televisión empiezan a descubrir muchas cosas y aprenden para qué se usan, cuáles son sus cualidades, y esto genera interés para prenderte a ver el programa. No solamente a ver cómo termina, cómo se hace, cómo es la receta, sino también descubrir ingredientes que no tenías en cuenta”.

   Pero, ¿cuándo comenzó todo esto? Megna consideró que el Gato Dumas pateó el tablero, revitalizó el verbo cocinar y dio sentido a lo que hoy se conoce como gourmet. “A mí me parece que es a partir del Gato Dumas. El fue un pionero en esa onda nueva de restaurante y fue un pionero en poner la primera escuela, en hacer un programa de televisión. Empieza a despertarse el interés por las escuelas, por la televisión, por los restaurantes gourmet que no existían. Empieza a cambiar la historia, y también la presentación y la combinación de sabores, y la diferencia de sabores en el mismo plato. Eso hace que uno coma mucho más sano, más inteligentemente, y a la hora de presentar el plato, que la cosa quede más cariñosa todavía”.

   Sin embargo, el programa con elaboración de platos, ese desfile de colores, texturas y sabores y olores sugeridos, tiene también un componente de fascinación que no siempre se materializa sobre las hornallas hogareñas, que se consumen por placer estético. De acuerdo a esto, ¿es posible que se mire más de lo que se cocina?. “Si, te lo puedo asegurar”, responde Megna, y añade: “Hay mucha gente que me para por la calle y que me dice que le encanta ver mi programa pero que no saben hacer un huevo frito, pero igual lo miran. A mí eso también me produce mucho placer, tanto como que me digan que hicieron la receta, algo que me enorgullece, me pone feliz y me emociona”.

   Y sobre las razones para pegarse a la pantalla chica para ver algo que tal vez nunca rozará el fuego de las hornallas domésticas, mencionó claramente el “placer”. “Este es un momento bastante difícil de nuestro país, aparte de ver la receta, de aprender a hacerla, de descubrir algún elemento que no conocía anteriormente, también pasa un momento relajado, sin noticias de secuestros, de incertidumbre, inseguridad. Por ahí el televidente se aleja y se distiende un poco y pasa un momento agradable con un programa de cocina sin que le llenen la cabeza con otras cosas. A veces se miran sumamente por placer”.

   Megna no cree que un cocinero sea una estrella, y si lo es “lo logra eso sin quererlo”, aseguró. “Depende de su actitud y su grado de comunicar, de profesionalismo, porque pasó mucha gente por la televisión y no todos trascendieron como Gato Dumas, Dolli Irigoyen o los más renombrados. Son personas especiales que tienen un don para enseñar. El televidente capta eso y se detiene en la pantalla porque si no le pasa por al lado, no transmiten nada y duran una temporada y después desaparecen”.

Pasión y placer. Damián Delorenzi, que conduce desde hace seis años “Pasión por las brasas” (domingos, de 12.30 a 13.30, por Canal 3), también mencionó el “placer” como un elemento central de su análisis. Dijo que “la gente busca el placer con la comida y la tele fue ayudando. Hoy la cocina se posicionó en el mundo, también por los programas y los reality shows. Siempre digo que se conoce más un cocinero que al gerente de un hotel. Estamos en ese momento en el que el cocinero llega a la mesa de la casa”.

   Delorenzi cree antes un show de entretenimiento, intenta transmitir su experiencia para que el espectador replique sus recetas. “Creo que la gente busca cocinar, comer y pasarla bien. Pero más que un show, por ejemplo cuando hago el programa, trato de ponerle bastante humor y onda para meterme en la casa de la gente, y a la hora de explicar la receta, estar concentrado para poder transmitirla y que la puedan hacer en la casa, que no sea solo algo virtual o un programa temático”. No obstante cree que es posible que sólo se mire por gusto y por el entorno que propone su programa grabado en espacios abiertos. “Hay de todo un poco. Hay gente que lo mira para pasar un buen rato y disfrutar y mucha gente no se si prueba todas las recetas, pero «Pasión por las brasas» tiene distintas situaciones y momentos, y algo siempre se llevan del programa”.

   Y duda de que los chefs sean estrellas mediáticas, al menos, dijo, no es su caso. “Yo más que por la fama, trabajo para el prestigio, que me parece mucho más importante. Y también por tratar de dejar un sello con algo que me identifica y que me realiza como cocinero. Más que la palabra estrella busco la credibilidad en mi profesión y mi reputación”.

   Pablo Künzel, que condujo “Cocina al toque” por la señal Somos Rosario, sostuvo que el gran despegue de los programas de cocina se dio a partir de los 90. “Siempre hubo micros de cocina pero a partir de la década del 90, específicamente con el lanzamiento del canal Gourmet y la reestructuración de Utilísima, produjo un efecto hipnótico en las personas. También en esa época la cocina se expandió, comenzó a haber escuelas, el cocinero dejo de ser un ermitaño y salió al salón”.

   Künzel coincide en que no siempre se cocina todo lo que se ve, que el éxito no transforma en estrellas a los cocineros y que la cocina continúa siendo sinónimo de identidad. “Yo creo que una gran parte del público que nos ve, quiere relajarse, entretenerse. Le gusta la cocina; quizás sea un amateur, pero logra una sensación de relajación. Y aunque no todo el mundo cocine las recetas, no es la finalidad, pero la estética, los colores y las formas son muy importantes. Creo que los cocineros pueden ser muy conocidos, pero no estrellas. Lo que pasa es que el ritual de la cocina es importantísimo. La cocina doméstica es la base de la sociedad, es unión, familia y es encuentro”, completó.

"Cocinar es como decidir en la vida" (Donato di Santis)

“La cocina salió de los hogares con la televisión. Desde los años 50 y 60 siempre hubo allí un precursor en la figura del ama de casa, y luego en los 70 aparecieron los pioneros profesionales de la cocina en varias partes del mundo. Después hubo un momento de calma en los 80, y en los 90 volvió con todo. Siempre hubo programas que enseñaban a cocinar desde un pollo o una cena espectacular.

Personalmente, mi interés es transmitir la enseñanza o la experiencia propia, pero uno es consciente de que la persona va a hacer su propio camino, va a cometer sus propios errores. Habrá quien pueda acortar caminos, evitar alguna cosa, pero el objetivo es transferir lo que hemos aprendido, charlar de nuestros errores previos y comunicar qué cosas se pueden hacer o no para que el que esté ahí decida. Cocinar es como decidir en la vida. En la cocina uno se tiene que mover en una fracción de segundos y decidir qué tiene que hacer.

Creo que estos programas son un poco de todo, entretenimiento, diversificar las propuestas y cocinar mejor y distinto. Y un programa como MasterChef justamente tiene esos ingredientes, además de la sorpresa, la enseñanza, la información, el suspenso, y ese conjunto es lo que lo hace exitoso. Aunque es verdad que a veces se mira más de lo que se cocina. Una buena parte lo vemos a traves de las redes sociales, donde a la gente le gusta tirar piropos, o no siempre son piropos, pero los que realmente terminan cocinando algo debe ser el 20 por ciento de los que dicen que lo hacen.

El interés por la cocina, además de la televisión, se ve en los libros, y yo mismo soy víctima de eso. Compro muchísimos libros y no digo que no miro ninguno, pero los uso como referentes, de inspiración o para entretenerme, pero es lindo tener un libro de cocina porque si es un buen libro, es un viaje a través de la persona que lo escribió y siempre te enseña algo que te va a captar la atención. Es como un efecto dominó en todos los que escribimos libros. Son como una pieza más de ese gran dominó del conocimiento gastronómico.

 

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