Escenario

Clooney recordó su duro comienzo en Hollywood

El actor y director habló de su vida. El jueves se estrena en Argentina su filme "Suburbicon"

Domingo 19 de Noviembre de 2017

Si hay una estrella de cine que siempre se muestra feliz, que es amable con quien se le cruce y es consciente que su fama se debe en parte a que suele caerle bien a los periodistas, ese es George Clooney. Pero cuando el actor de 56 años aparece en la habitación del hotel Ritz Carlton de la principal ciudad canadiense para hablar de su retorno a la dirección después de 3 años, su sonrisa es aún más contagiosa y su amabilidad es tal que no duda en mostrar en su movil una foto tomada hace unas horas de sus mellizos de pocos meses, Ella y Alexander. Es que de verdad la vida le sonríe. Ha encontrado en Amal Alamuddin a su compañera de vida y madre de sus hijos, ha vendido en mil millones de dólares su marca de tequila y los críticos presentes en el influyente Festival de Toronto han recibido con entusiasmo a "Suburbicon", la comedia negra que con guión de los hermanos Coen y Matt Damon en el papel principal lo ha vuelto a colocar en la carrera por el Oscar y que se estrena el jueves próximo en Argentina.

   —¿Cuáles son hoy los desafíos en la vida de George Clooney?

   —Ciertamente son muy diferentes a cuando me mudé a Los Angeles tratando de conseguir un trabajo. En ese entonces no tenía seguro médico y no pude ir al dentista durante 10 años. Hoy el dinero no es un problema para mí, pero si mantener mi privacidad. Pero no me olvido de otras épocas de mi vida, cuando cortaba tabaco y miraba un programa que se llamaba "Cómo viven los ricos y famosos". En ese entonces me causaba gracia ver a un actor quejándose de cuán dura era su vida mientras a mí me pagaban 3.33 dólares la hora por trabajar en el campo. Ciertamente hoy extraño mis caminatas por el Central Park de Nueva York. Me encantaría hacerlo con mi esposa y mis hijos, pero eso es imposible. De todos modos, no me puedo quejar, porque soy muy consciente de que las cosas son mucho más duras para los demás.

   —¿Dirías que tu vida ha cambiado para bien con la llegada de tus hijos?

   —Por supuesto. Tengo una esposa increíble y dos chicos a los que ni siquiera les importo. No tengo nada para darles. Les puedo dar una mamadera de vez en cuando, y les encanta, pero fuera de eso, lo único que ellos quieren hoy en día es a Amal. Es encantador verlos juntos.

   —¿Es una nueva etapa de tu vida?

   —Absolutamente. Yo tenía muy en claro cómo iba a ser la vida con chicos. Todos mis amigos son padres y yo soy el padrino de una veintena de ahijados. Nada de esto es una sorpresa, aunque también es cierto que no imaginaba cuán complicado podía ser lidiar con mellizos. Es mucho más que el doble de trabajo. Por eso ahora admiro aún más a mi mujer, que sólo está pudiendo dormir a intervalos de dos horas. Se la pasa dándole el pecho a estos dos chiquilines que lo único que quieren es comer. Obviamente, las cosas han cambiado para mí, porque me he vuelto responsable de la vida de otras personas de una forma que nunca me había pasado antes. También es cierto que hay cosas prácticas que se han modificado: he dejado de dormir. Pero tengo muy en claro qué quiero que estos niños entiendan: que ellos tienen cosas que otros niños no tendrán. Que si hubieran nacido en Siria sus vidas serían completamente diferentes.

   —¿Creés que ser padre afectará de algún modo tu carrera?

   —No, aunque uno espera que la carrera cambie continuamente. Lo cierto es que no podría estar más feliz en este momento de mi vida. Tengo 56 años, que son muchos para traer hijos al mundo, y tengo que admitir que yo estaba convencido de que esto era algo que nunca me iba a pasar. Yo creía que en mi vida todo iba a depender de mi carrera, y no por una relación o una familia, y ahora lo tengo todo. Encontré una pareja increíble y de pronto están estos bomboncitos que me hacen reír todo el día... Hoy es el primer día en que he faltado de mi casa desde que nacieron y mi esposa se lo ha pasado mandándome fotos. Yo hubiera preferido estar ahora allí con ellos. No veo la hora de volverme.

  —¿Es cierto que adoptaste a un refugiado iraquí?

   —Es cierto. Tenemos a un muchacho yazidi viviendo en nuestra casa en Kentucky. No quiero decir su nombre porque tiene familia en Irak e Isis todavía está allí, por lo que sus parientes están en constante peligro. El quería una educación y fue aceptado en la Universidad de Chicago. Mientras espera que empiecen las clases se ha convertido en el mejor amigo de mi padre. Diría que es el hijo que él siempre hubiera querido tener, porque piensa que todas sus bromas son nuevas. Mi padre cuenta los mismos chistes que he escuchado toda mi vida y él se ríe. Se ha convertido en parte de nuestra familia y lo queremos mucho.

   —Sos un hombre de mundo, ¿cuál es la persona que conociste que más te ha impactado?

   —Paul Newman. Era un hombre muy divertido. Intercambiábamos cartas y lo que me escribía me hacía matar de risa. Todavía piloteaba autos de carrera cuando se estrenó "Jugando sucio" y puso el poster de mi película en el costado de su vehículo. El tenía muy en claro qué era lo que quería hacer con su carrera, tenía una concepción muy clara de la beneficencia, y a pesar de su edad seguía actuando, dirigiendo y produciendo cuando los proyectos le interesaban. También fui muy amigo de Gregory Peck. A mí me impresionaba que un gigante de la industria como él quisiera ser amigo mío.

   —¿Hay alguien que te gustaría conocer?

   —Claro. Nunca he hablado con Robert Redford. Yo sabía que él estaba en el Festival de Venecia y traté de encontrarlo mientras yo también estuve allí pero no tuve suerte. Me fascina lo que él hizo con su estrellato, no sólo por su trabajo en el Festival de Sundance sino en la realización cinematográfica. Fue una pieza clave para que se pudiera rodar "Todos los hombres del presidente", que me parece la mejor película que se ha hecho sobre periodismo aún cuando yo dirigí "Buenas noches, y buena suerte". Me parece que es un filme perfecto. El ha influido mucho en el cine independiente y la primera película que se hizo sin participación de los estudios fue "Downhill Racer". Soy un gran admirador suyo y me encantaría conocerlo. Es muy curioso que nunca nos hayamos cruzado en la vida.

   —¿Cuál es el sitio de la Tierra que uno no debería dejar de visitar?

   —El que nunca haya ido a Italia, tiene que hacerlo. Yo siempre decía que los italianos hacen todo mejor que los norteamericanos menos gobernar, porque lo tenían a Berlusconi. Y ahora con Trump, ya no puedo hacer esa broma. Debo confesar que cuando compré mi casa en Lago Cuomo mi idea era hacer una inversión, venderla y quedarme con la diferencia. Pero cuando llegué y vi a los obreros que se ocupaban de los arreglos almorzando con un pan maravilloso, bebiendo un gran vino y cantando, me di cuenta que ellos vivían mejor que yo. Me la había pasando almorzando de pie durante 25 años. Comprendí que en la vida hay cosas que son más importantes que estar siempre apurado para cumplir con todos los compromisos y por eso decidí quedarme con la casa. Soy un gran fan de las ciudades europeas en general y siempre me la he pasado muy bien de ese lado del Atlántico.

   —Vendió su empresa de tequila por mil millones de dólares. ¿Cómo te hace sentir el haberse sumado al exclusivo club de los multimillonarios?

   —Bueno, no es que haya ganado mil millones de dólares con esa venta. Tengo dos socios. Pero es cierto, la vendimos por muchísimo dinero. Tuvimos suerte porque empezamos a fabricar tequila simplemente porque queríamos tener el mejor en nuestras casas en México. Pasamos mucho tiempo buscando la forma de elaborarlo en Jalisco. Y como una vez que lo hicimos nos enviábamos demasiado tequila a Estados Unidos, las autoridades norteamericanas nos advirtieron que estábamos por meternos en problemas legales, por lo que optamos por vender la fábrica. Conocimos a alguien que nos dijo que él podía ocuparse de la venta, y eso hizo. Pudimos concretarla en el momento oportuno, pero además teníamos un gran producto, que yo, lamentablemente, tomaba todo el tiempo. Vamos, fue un golpe de suerte. Pero no ha cambiado nuestra vida, porque ya antes de la venta vivíamos muy bien. Siempre he sido muy inteligente a la hora de invertir el dinero. Lo que ha hecho es facilitar el trabajo de mi fundación. Puse 20 millones de dólares, con lo que ya no hace falta organizar eventos para recaudar dinero, en los que uno tiene que entretener a gente que no le cae bien. A veces me quiero matar cuando alguien me dice que si hago tal cosa, donará medio millón de dólares a la fundación. Ahora no necesito que me den nada. Hace poco estábamos hablando con una persona que nos puso una serie de exigencias para concretar una donación, y le dijimos que se fuera, que no queríamos su dinero. Por lo tanto, ha funcionado a la perfección para nosotros...

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