Escenario

Cine/Crítica de "Las mil y una": Los sobrevivientes de un sistema para excluidos

Calificación: Buena. Intérpretes: Sofía Cabrera, Ana Carolina García, Mauricio Vila, Luis Molina y Marianela Iglesia. Dirección: Clarisa Navas. Género: Drama. Emisión: Cine.Ar.

Domingo 10 de Enero de 2021

Hay películas en las que el paisaje es protagonista. Y aquí no se trata de hablar de paisajes de fondos de pantalla, nada de eso. El paisaje de “Las mil y una” narra sin subtitular, cuenta una realidad marginal de Las Mil, una zona de monoblocks de Corrientes, de estracto social de clase baja, en donde todos tratan de sobrevivir de la manera menos traumática posible. Tanto es así que Traumática es el nombre de un boliche nocturno del barrio, donde todo lo que ocurre puertas adentro entra en el código de zona liberada. Casi como lo que ocurre puertas afuera. Iris es una adolescente que se define como “un ángel”, juega al básquet porque le gusta pero porque también la conecta con otro aire. Es que el aire de su barrio está bastante viciado para ella. Los pibes de la cuadra se emborrachan, eligen el sexo como diversión y destrato y no como deseo real; la delincuencia es moneda corriente y la policía está a la vuelta de la esquina. Iris (una lograda composición de Sofía Cabrera) descubre que le gustan las chicas y está decidida a jugarse por Renata, pero le llega el dato que tiene sida y que encima se prostituye para comprar droga. Mientras duda sobre si salir con ella o no, encuentra contención en sus dos hermanos, que manejan su sexualidad más libremente y ella los acepta, aunque a veces le molesta que uno de ellos tenga sexo virtual con otro hombre delante suyo. En ese derrotero “Las mil y una” sobresale por la manera de contar cómo respira un barrio del interior, sin maquillaje alguno. La cámara en mano mete al espectador en las callecitas de ese barrio gracias a la cuidada dirección de Clarisa Navas que, a la manera de la estética de “Okupas”, rescata también los diálogos de los jóvenes que revisten tanta naturalidad como crudeza. “Estos chetos siempre con derecho a cuidarse y tener salud”, dice Renata, desde la convicción de quien sabe que tiene HIV, pero está resignada porque “de algo hay que morirse”. Pese a que la película sería más efectiva con media hora menos, “Las mil y una” es un fresco que pinta a los sobrevivientes de un sistema social argentino que privilegia más la exclusión que las oportunidades para todxs.

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