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Cine / Crítica de "Los chicos de la banda": Sexo, mentiras y crueldades en el regreso de un clásico

Calificación: Buena. Intérpretes: Jim Parsons, Zachary Quinto, Matt Bomer, Andrew Rannells, Tuc Watkins, Robin de Jesus y Michael Benjamin Washington. Dirección: Joe Mantello. Género: Comedia dramática. Emisión: Netflix.

Sábado 03 de Octubre de 2020

“Los chicos de la banda”, estrenada por Netflix esta semana, es la segunda adaptación al cine de una obra teatral que revolucionó a Broadway en 1968 por poner en escena a personajes abiertamente homosexuales. Dos años más tarde William Friedkin la llevó a Hollywood y ahora debutó en la plataforma en una versión del director Joe Mantello y con la producción de Ryan Murphy. La nueva versión es fiel a la época y es necesario poner en contexto esta remake para entender algunos pasajes que pueden resultar polémicos.

Los Chicos de la Banda (Trailer) Subtitulado | Netflix

La obra de teatro fue disruptiva con el establishment del espectáculo, y además fue el preámbulo de la primera marcha del orgullo gay de la historia, realizada en 1970 en Nueva York en el marco de la celebración del primer aniversario de los disturbios de Stonewall, también reflejados por Roland Emmerich en una película del mismo nombre. En ese momento la comunidad queer estaba en ebullición y esos acontecimientos llegaron para impulsar el reconocimiento a las minorías.

En el texto, como en las dos películas, están representados diferentes grupos étnicos. Hay personajes latinos, negros, blancos y no faltan la homofobia y las respectivas bromas racistas sobre cada uno de los personajes que en una adaptación a 2020 serían inimaginables. También hay ironías discriminatorias hacia judíos y cristianos, y referencias a la soledad, el ingreso a la madurez -todos están llegando a los 30- las frustraciones, la decadencia física, la pérdida de atractivo y los fracasos en general, todo manifestado en forma de bromas crueles.

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Zachary Quinto interpreta al homenajeado en la nueva adaptación.

Zachary Quinto interpreta al homenajeado en la nueva adaptación.

Las referencias culturales también suman a la fidelidad al texto original. Así, se mencionan íconos femeninos del cine cercanos a 1968, como Judy Garland, que en 1963 rodó su última película, y Bette Davis, en plena actividad en aquel momento, además de referencias literarias como Doris Lessing, a través de uno de los personajes que lee “El cuaderno dorado”, obra que seis años antes había catapultado a la fama a la autora inglesa y la transformó en un ícono del feminismo.

ADN ORIGINAL. La versión actual conserva el ADN original de texto teatral, con abundantes diálogos y la acción en un único espacio, el departamento del protagonista. El texto tiene la estructura de otras piezas que fueron grandes éxitos del teatro, del estilo de “Perfectos desconocidos”, “Los vecinos de arriba” o “Un dios salvaje” en las que una reunión amable termina en una sesión de pase de facturas y verdades reveladas con mayor o menor violencia. En este caso, el pretexto de la reunión es celebrar el cumpleaños de uno de los amigos en una terraza. Una lluvia inoportuna obliga a todos a seguir el festejo en el interior de la vivienda y para pasar el tiempo el anfitrión propone un juego entre absurdo y cruel con consecuencias inesperadas.

   Aunque el director hace hincapié en los estereotipos, uno de los mayores atractivos del filme es la puesta en escena y los aspectos técnicos, el uso de cámaras, el diseño de arte, la edición, la fotografía, la escenografía, la paleta de colores y la banda de sonido que efectivamente transportan al espectador a un tiempo y un espacio específicos. En ese detrás de escena queda en evidencia la influencia de Ryan Murphy, en esta oportunidad involucrado como productor, un creador con una atención obsesiva en los detalles y la revisión del pasado, algo que se puede comprobar en “Feud”, “Hollywood” y ahora en “Ratched”, actualmente en Netflix.

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