Escenario

Cartas de paranoia, desengaño y despecho

Escribir es una forma de sanar, un ejercicio terapéutico, una catarsis practicada desde la época de los griegos y recogida por el psicoanálisis.

Lunes 17 de Febrero de 2020

Escribir es una forma de sanar, un ejercicio terapéutico, una catarsis practicada desde la época de los griegos y recogida por el psicoanálisis. En el siglo XVIII surge la novela epistolar, y “Las relaciones peligrosas” de Choderlos de Laclos, “Las tribulaciones del joven Werther”, de Goethe o “Lady Susan”, de Jane Austen, son los ejemplos mas conocidos. La actriz y directora Jazmin Stuart rescata ahora -en la era de las comunicaciones instantáneas- esa forma de literatura renacentista. Y lo hace en la forma de una muy elogiable serie web de 8 capítulos de 10 minutos cada uno, todos con el potencial de transformarse en una película independiente.

La apelación a un estilo de escritura que fue popular hace más de 200 años no podía ser más contrastante en este momento en que las relaciones se terminan por whatsapp y las noticias vuelan a ritmo vertiginoso y con sólo 140 caracteres. Stuart, directora y guionista de la propuesta, recurre al desusado recurso de la carta, en este caso audiovisual y unilateral, ya que son cartas que los protagonistas envían sin saber si obtendrán respuesta. Con este recurso apela con éxito a una amplia gama de sentimientos, desde el dolor a la autoindulgencia, el resentimiento, la libertad, la independencia y sobre todo el humor que sobrevuela varios de los episodios.

Sólo 10 minutos son suficientes para que Stuart complete el perfil de sus personajes y exponga sus historias. Esas breves y ágiles narraciones muestran a una nerd antisocial que destruye siempre las pocas relaciones que logra establecer, una stalker despechada que busca pruebas de infidelidad en el archivo de chats, fotos y videos de su novio mentiroso; otra que, casi en el límite del desborde, también stalkea y se inventa un presente exitoso para mostrarle a su ex; un chico gay enamorado de uno bisexual, una víctima de violencia doméstica y -una de las más logradas- una carta en forma de rap entre un Romeo de un barrio suburbano y una Julieta de Recoleta. Son todas historias bellamente narradas, entre el drama y la comedia, bien actuadas y con un montaje impecable, pero lo más curioso y elogiable es que en la época del sexo instantáneo y de los amores descartables de las app, Jazmín Stuart apuesta a repensar los vínculos.

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