Escenario

Capusotto: "La realidad supera siempre a la parodia"

El actor habló de la vigencia de su programa, que se transformó en un ciclo de culto. Mañana dará una charla en el teatro La Comedia.

Sábado 10 de Noviembre de 2018

Desde hace décadas, los programas de la televisión abierta se dividen en dos categorías: los que tienen éxito y los que no. "Peter Capusotto y sus videos" logró ir más allá: se convirtió en un programa de culto y en un espacio de resistencia. Con su humor corrosivo, lisérgico y comprometido, Diego Capusotto y el guionista Pedro Saborido construyeron un universo propio, plagado de personajes que decodifican y deforman la realidad cotidiana hasta hacernos reír. Micky Vainilla, Violencia Rivas o Pomelo ya son parte de la cultura popular, y cada día parecen estar más vigentes.

   Capusotto y Saborido llegan mañana a Rosario para dar una charla abierta sobre este fenómeno: su experiencia con el programa a lo largo de 12 años. La charla será a las 20 en el teatro La Comedia (Mitre y cortada Ricardone). A través de la proyección de sketches, la dupla creativa hablará de sus formas de trabajo, la búsqueda de ideas y sus métodos de producción, entre otros ítems. "Lo más interesante son los temas que plantea el público, que muchas veces nos sorprende, y nos revela aspectos del programa que nosotros desconocemos", dijo el actor en diálogo con Escenario.

   La visita de Capusotto a la ciudad es una gran excusa para hablar con él de varios temas candentes: el conflictivo presente de la televisión abierta, el papel vital del humor en tiempos oscuros y la crisis económica que atraviesa el país, vista desde su posición de ferviente crítico del actual gobierno.

   —"Peter Capusotto y sus videos" ya lleva 12 años y se transformó en un programa de culto. ¿Por qué pensás que se dio ese fenómeno?

   —Cuando nosotros empezamos lo hicimos como tanteando. No teníamos ninguna proyección de lo que se conoce como el éxito o la vigencia. Eso sucede porque se lo apropia el espectador. El espectador lo hace recorrer y transitar al programa, más que uno. El programa ha tenido vigencia por las cosas que nosotros decimos, en parte, y también porque el público lo ha hecho vigente. Y el ciclo sigue teniendo esa vigencia, hasta tal punto que mucha gente se encuentra con el programa ahora, mira cosas que se hicieron hace dos años y piensa que se grabaron hoy. El programa nunca quedó viejo, y por eso sigue generando circulación e interés. Hay gente que mira las temporadas viejas y las sigue disfrutando. Igual con Pedro (Saborido) tenemos la intención de continuarlo, aunque no sabemos en qué formato.

   —El proceso creativo con Saborido, ¿ha ido cambiando a través de los años o tienen una metodología que se mantiene?

   —La metodología siempre ha sido la misma. A veces somos interpelados por cosas que pasan muy cerca nuestro. Nosotros nunca hemos trabajado con diarios o con información del día. Siempre hemos tenido como un ritual de encuentro, donde volcamos las ideas. Eso no se circunscribe a las reuniones con Pedro, sino que uno permanentemente va encontrando elementos de la propia realidad, de la cotidianeidad, que después traslada a un lenguaje de ficción. Las reuniones con Pedro sí están pautadas y organizadas, eso nunca se perdió, pero cada uno por su lado va generando personajes también.

   —"Peter Capusotto..." es casi el único programa de humor de la TV abierta, junto a "Peligro sin codificar". Siempre se dice que no hay presupuesto para el humor en la tele. ¿Pero hay ideas, más allá del stand up?

   —Yo creo que sí, pero circula por otros lugares, como las redes. Un tipo con una camarita puede manifestarse y hacer humor. La televisión abierta está perdiendo fuerza expresiva que es recuperada por otros sectores, los que agarran una camarita y hacen circular sus ideas por Internet. Hay mucho lenguaje humorístico que retrata la realidad o la deforma, pero hay que buscar por otros carriles. La televisión sólo busca el resultado positivo y rápido. Yo creo que si Francella quiere hacer un programa de humor nadie va a dudar en contratarlo. Se convoca lo que ya de antemano va a funcionar. Ese es el criterio, y no dejar circular una idea para ver si encanta o no.

   —A veces uno observa las actitudes o las declaraciones de algunos músicos de rock o de ciertos políticos y dice: "Eso es de Capusotto". O "tal tipo está para un sketch de Capusotto". ¿A vos te pasa eso? ¿Que la realidad supera a la parodia y un poco la anula?

   —Sí, la realidad siempre supera a la parodia, no hay dudas. Nosotros tenemos una intención y la realidad también, pero nuestra intención probablemente sea más sana (risas). Hay un lenguaje, en el mundo de lo social y lo político, que está tan afectado como lo que hacemos nosotros. Nosotros lo hacemos con una intención graciosa, y la intención de la realidad es otra, pero termina siendo grotesca también. Lo que nosotros hacemos es encontrar lo que sobra en eso que vemos. Observando la realidad por ahí uno ve un hilito muy pequeño, y eso es para nosotros lo que representa lo que se está contando. La realidad también necesita tener un lenguaje más exacerbado para cumplir sus objetivos. Todo se ha convertido en una especie de mundo del espectáculo. Incluso los políticos se han convertido en personajes que parece que estuvieran en una prueba de casting. De alguna manera, los que no son actores han empezado a actuar. La realidad ahora es una especie de escenario donde hay una gran obra que está tapando otras cosas, no? (risas).

   —Desde un principio, "Peter Capusotto y sus videos" rescató un rock que no aparece en las radios ni en los canales de difusión mainstream. Ahora algunos afirman que el rock perdió espacio en la cultura, que no aparecen nuevos referentes y que muchos referentes históricos ya no están. ¿Cuál es tu relación actual con el rock?

   —Mi relación con la música sigue siendo la de alguien que la escucha día a día y la necesita, sea rock u otro género. Ahora la cultura rock se diluyó para ser simplemente un grupo que lleva 20 años ininterrumpidos de éxito (risas). No necesariamente todo es bueno, pero en lugares más periféricos circulan cosas interesantes. Yo no lamento si hay referentes o no. Y a los referentes los sigo escuchando. Spinetta se murió pero para mí no. Charly está vivo y sigue haciendo cosas que son buenas. No tengo la demanda de que vengan otros para cubrir lo que ya pasó. Mi demanda en este caso es ser conmovido por algún sonido. No tengo otra pretensión que esa. Ahora escucho bandas de décadas atrás y también busco cosas nuevas y me dejo sorprender. Lo único que no soporto mucho es el reggaeton (risas). Digamos que ya no tengo esa cosa de pertenencia a la tribu del rock, me siento sólo pertenecido por el sonido.

   —En una entrevista que diste el año pasado anticipaste lo que está ocurriendo ahora: que la crisis del país se iba a tornar muy visible cuando los sectores medios no pudieran acceder a los alimentos de las góndolas. ¿Cómo vivís esta recesión? ¿Es más difícil hacer humor cuando hay un clima de bajón y desesperanza en la calle?

   —En estos tiempos hay gente que necesita el humor para direccionar la atención hacia un lugar un poco más amable, sin perder de vista la objetividad ni el escenario actual, que es un escenario que te atraviesa, que no puede dejar de no activarte. Lo que está pasando, viniendo de estos muchachos, me parece una obviedad. Ahora hay que ver a dónde se empieza a centrar una especie de reorganización para cambiar el estado de las cosas. Creo que hay gente que ha tenido la buena voluntad de votar pensando en un posible cambio para bien. Pero estos muchachos hablaron de un futuro y trajeron un pasado, un pasado que se repite, la misma política económica que dominó a la Argentina hace muchos años, esto de borrar cualquier capital simbólico, la memoria histórica... Eso está claro, no hay mucha vuelta. Pero ahora ya está. Hay que ver cómo se articula la cosa para que esto no continúe. Porque, salvo los que hacen negocio con el gobierno, no veo que la gente lo esté pasando muy bien. Estos muchachos han creado un escenario ficcional y adrede que busca agrietar más y generar siempre el fantasma del otro que tiene la culpa. Esto es lo que hoy le permite respirar al gobierno: gente que no la está pasando bien pero que con tal de que no vuelva la otra (por Cristina Kirchner) los sigue bancando, o gente que piensa "bueno, al final es todo lo mismo". Hay que pensar en términos de cómo revertir esto.

   —¿Sos optimista con respecto a la unificación del peronismo? Porque hay sectores que parecen irreconciliables...

   —Hay que ver si esos sectores irreconciliables no son también parte de una estrategia, lo que sería tremendo, de no ponernos de acuerdo para que siga el que está. Algunos sectores seguramente piensan así y otros se querrán reorganizar de veras. Es complicado, porque uno escucha todo el tiempo eso de la herencia dejada, y la pregunta es qué herencia dejan estos muchachos. En principio el Fondo Monetario Internacional... Va a ser muy difícil revertir eso. Será hora de juntarse y no mirar tanto de reojo. Macri seguramente se va a presentar (a la reelección). Si se presenta Cristina él se va a presentar, porque lo que quiere es polarizar. Ese es el panorama, más otras cosas que seguramente desconozcamos (risas).

   —La televisión abierta está pasando por un momento complejo, agravado por la crisis del país. Canal 9 (por donde se emite la temporada 2018 de "Peter Capusotto...") ya anunció que va a despedir 167 empleados. ¿Cómo evaluás esta situación? ¿Te la veías venir?

   —Sí, porque estas políticas necesitan reducir. Lo de "aprender a vivir en la incertidumbre" no lo dije yo, lo han dicho ellos (por el gobierno). Aprender a rebuscárselas, pensar en términos de que "yo puedo", es estar a la buena de Dios... Tanto que le gusta a ellos hablar como los evangelistas.

   —¿Sabés si el programa va a estar el año que viene en el 9?

   —No tengo idea, porque con todo lo que está pasando ahora... No sé hasta cuándo dura el contrato y si van a seguir dando el programa hasta enero o hasta fin de año. Tampoco sé si nosotros vamos a continuar con el programa el año próximo. Yo para el año que viene tengo la filmación de una película, una adaptación del libro "El conserje y la eternidad" de Ricardo Romero, y un proyecto teatral que me tiene muy entusiasmado, una obra basada en el libro "Tadeys" de Osvaldo Lamborghini. Eso se va a hacer en el Salón Dorado del Teatro Cervantes. Pero con respecto al programa no sabemos si vamos a poder hacer unos capítulos nuevos. Lo que sí es seguro es que la relación laboral que yo tengo con Pedro (Saborido) la voy a seguir manteniendo.

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