Escenario

"Canela", un unitario para acercarse "a la otredad sin tantos miedos"

La directora Cecilia del Valle dijo que intentó hacer "la mejor película posible" sobre el cambio de género de la arquitecta rosarina Canela Grandi

Miércoles 21 de Marzo de 2018

Durante seis años, la directora Cecilia del Valle registró la construcción de la nueva identidad de la arquitecta rosarina Canela Grandi. Nacido como Ajax, con casi 50 años y con tres hijos, decidió comenzar su transformación y parte de ese proceso dio como resultado "Canela", el unitario documental de televisión que se estrena hoy, a las 20, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza). El proyecto fue premiado por Espacio Santafesino y forma parte del ciclo "Mujeres que se apoderan de la pantalla" en el Corredor Audiovisual, un circuito de 55 salas de la provincia.

—¿Cómo fue tu primer contacto con Canela?

—Mi primer contacto con Canela fue en el barrio, yo vivo en el Abasto y ella en La Sexta. Un ex compañero de la secundaria de ella nos presentó. La escuché hablar sobre urbanismo y desplegaba su amor por la arquitectura como los apasionados lo hacen. Yo la conocí cuando ya había comenzado su proceso de hormonización en el Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (Cemar) y ya hacía ocho años que se vestía como mujer. Sus hijos estaban comenzando a aceptar con algo más de naturalidad su cambio, aunque por supuesto un documental y la exposición que suscita trajo resistencias varias e intensas.

—¿Cuál fue tu primera impresión de ella?

—La primera impresión fue la de alguien que estaba en construcción. Como todos, como una casa. ¿Cuándo está realmente terminada? ¿Tiene que estar realmente terminada? No lo sé. Creo que incentiva más para habitarla que no lo esté. Eso sentí, y también recuerdo algo que citó esa primera vez que la conocí. Hablaba de Coccinelle, una vedete y actriz transexual francesa que la había impactado en su infancia. Contó que Coccinelle se sacaba siempre fotos con muñecas, y que cuando los fotógrafos le preguntaban por qué, ella decía: como mujer tengo sólo cuatro años. Bueno, en algunas cosas, Canela era una niña de siete años descubriéndose y jugando con cosas que ella sentía que son solo de mujeres.

—Teniendo en cuenta que pasaste mucho tiempo con ella, ¿cómo la describirías íntimamente, con sus temores, sensibilidad, dudas o certezas?

—El proceso de documental es complejo, llegar al otro. Por momentos su discurso se tornaba homogéneo y clausurado. Demasiado edificante sobre sí misma, creo que era esto lo que no permitía que se revele -revelarse de aparecer y rebelarse de rebelión- y me frustraba. Sus temores fueron apareciendo de a poco, y fui cambiando de parecer sobre cuáles eran realmente. Ella es una mujer transgénero que hace su cambio de género grande, ya con conciencia del crédito vital. Siempre muy proveedora, tanto cuando fue Ajax -su nombre como hombre- como ya siendo Canela. Y creo que uno de sus miedos es que nadie la cuide a ella. En el largometraje surge cuando se pregunta si hacerse la operación de reasignación de género o no, si podría hacérsela o no. Si alguien la cuidaría. Y aparte otro tema es el dinero, le preocupa bastante.

—¿Se involucró su familia?

—La madre y dos de sus tres hijos sí aparecen y hay una escena con su nuera y su nieta. Su ex mujer y su hija no quisieron. Cuando comenzamos el documental, su hija se va a vivir a Barcelona. Con su ex mujer, la madre de sus hijos y con la que estuvo casado muchísimos años, me encontré a charlar pero nunca accedió a ser parte. La sentí dolida, sobre todo había sufrido la transformación de su ex marido porque sus hijos eran adolescentes y los vio sufrir.

—¿Cuándo llegaste a la conclusión de que era posible hacer un documental y por qué decidiste que tenía potencial para una película?

—El día que la ví dando clases sobre arquitectura orgánica en "La Siberia". Llega a todos lados con un Rastrojero Apache naranja, sus tacos, su risa confiada y algo exagerada. El potencial para el largometraje creo que apareció mientras filmaba el unitario. Había mucho material que era muy dramático. Y percibí una trama que se transformó en faro que tiene que ver con su inquietud de operarse y el periplo que comienza a partir de ese deseo.

—Qué sumará la película a lo que se muestra en el documental?

—La película tiene otra duración que me permitió adentrarme en su amor por los autos, las entrevistas con los profesionales que visita a propósito de la posibilidad de operarse, el impacto en sus hijos y la reaparición de un amor que le da un tinte melodramático e inesperado.

—¿Cuál fue el objetivo del trabajo?

—Hacer la mejor película documental posible sobre una historia que encuentro fascinante. No pretender destruir esa imagen que el sujeto filmado quiere construir frente a la cámara, sino darle tiempo al sujeto para que dé esa información. Hacer un documental ejercitando la paciencia y ansiedad y permitiendo que el tiempo deje una impronta genuina en el material. Eso en cuanto a lo formal. Con respecto a la temática, la visibilidad y empatía que puede generar Canela por lo maravillosa que siempre me parece, y un aporte más para acercarnos a la otredad sin tantos miedos.

—¿Por qué aceptó Canela hacer el documental y cuáles fueron sus condiciones?

—Ella es una gran cinéfila, amante del cine clásico y creo que hacer una película sobre su vida la entusiasmó desde un primer momento. En un principio escribimos junto a Romina Tamburello una ficción, pero luego era tan potente todo, su postura frente a la arquitectura, ella como docente, trabajando en su empresa constructora, su casa, su camioneta Apache con la que recorre toda la ciudad, que finalmente nos decidimos por el documental. Y empecé a registrarla una vez por semana que era lo que ella podía disponer porque estaba al cuidado de su madre y su tía, ambas ancianas, más sus trabajos en la universidad y en las obras.

—La construcción de la nueva identidad de Canela hace una analogía con la arquitectura. ¿Cómo se van articulando los dos temas en la narración?

—En el unitario la estructura es más clara, es un formato de 28 minutos y para televisión, por ende más conciso y ágil. Cuento la historia de su cambio de género a través de cinco instancias de una obra en construcción, desde la planificación hasta las terminaciones. Un poco surgió de ella, de su pasión por Frank Lloyd Wright, precursor de la arquitectura orgánica y sus enseñanzas, haciendo constantes analogías entre la arquitectura y la vida. El documental es otra cosa, es cine, hay más tiempo para profundizar. Surgieron en seis años muchas cosas y la impronta del tiempo fue forjando también la trama. Fue abuela, sacó su DNI, su hija mujer se fue a vivir a España, su madre muere, se pregunta si hacerse la operación de reasignación de género o no, y ese periplo es la película, donde la arquitectura la atraviesa todo el tiempo pero ya no articula dramáticamente como en el unitario.

—¿De qué se trata "Puérpera", tu próximo proyecto?

—Somos dos realizadoras mujeres madres. La otra directora con la que co-dirigiré es Marinela Mennelli. Nuestra propia experiencia nos motiva a comenzar a investigar esta temática que parece cercana pero que es muy ajena a la vez, ya que todas las mujeres vivimos el puerperio de distinta manera aunque con una similitud: luego del puerperio no volvemos a ser las mismas, porque nacimos como madres. No hay, o son muy escasas, las producciones, desde el cine, la literatura, que tomen y retraten este estado de la mujer.

"Ella"

La función de hoy incluye, además, la exhibición del corto "Ella", dirigido por seis directores rosarinos.

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