Escenario

Canciones que se abren paso lejos de la carrera por el hit de moda

Sandra Corizzo sale a cantar en el Atlas, como si estuviese a solas. Casi no cabe un alfiler en la planta baja, ella afirma que está sin lentes y no ve a la gente, pide luz para el atril. Y canta.

Lunes 15 de Octubre de 2018

Sandra Corizzo sale a cantar en el Atlas, como si estuviese a solas. Casi no cabe un alfiler en la planta baja, ella afirma que está sin lentes y no ve a la gente, pide luz para el atril. Y canta.

La noche del viernes arranca con "Cuando dejo de cantar", "La impermanencia", más adelante brillará aún más con "Simulador" y, en dueto con Mercedes Borrell, en "El nombre".

Canta y juega, como el concepto de "Mi jardín". Lo lúdico le sale por los poros. Y eso que está algo contenida todavía.

"Todas las canciones del mundo" es el nombre de este show con el que vuelve a la escena en solitario después de su experiencia con "El amor muerde" junto a Reynaldo Sietecase.

Al recital de esta noche vinieron a verla muchos amigos artistas. Desde Pichi de Benedictis, Myriam Cubelos y Carlos Casazza hasta Jorge Fandermole. Es que de piba la Corizzo era la hija pródiga, esa que ya pintaba como promesa antes del primer acorde. Hoy Sandra Corizzo es una realidad, vaya novedad. Porque sale con la suya, como lo hizo siempre, sin importarle por qué caminos transitan las canciones de moda.

Por eso generará un silencio mágico en su interpretación al piano de "Lisa en el país", esa canción que se supo resignificar con el paso de los años, y volverá a sorprender con "Tormenta de arena y tiempo" para invitar a un cierre junto a Borrell y Daniela Lesté en una maravilla armónica a tres voces llamada "Futuro potencial".

Lo mejor, sin duda, llegó al final. Cuando se sentó sola al piano, en los bises, y tocó, suelta, lo que se le cantó. De "Seminare" a "Sinceramente tuyo", y de "La balanza del bien y del mal" hasta "El amor después del amor".

Con las luces prendidas, la cara de sorpresa se mezcló con la de felicidad. Corizzo lo hizo. Suena a juego, pero es música.

Pedro Squillaci

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