Domingo 03 de Noviembre de 2019

Hay períodos luminosos. De estado de gracia. El Melero de los primeros años 90 es un claro ejemplo. La lista es impresionante: fue colaborador de Soda Stereo en "Canción animal" (1990) y "Dynamo" (1992), editó "Colores santos" (1992) junto a Gustavo Cerati, trabajó con Babasónicos y produjo a Los Brujos y Juana La Loca. Es casi una paradoja que entre tanta distorsión, ruido y trascendencia ("Canción animal" es uno de los discos más exitosos de la historia del rock en español), Melero se haya despachado en aquellos años febriles con un álbum como "Travesti": un disco sobre el amor y el enamoramiento guiado por una guitarra acústica, un trabajo en apariencia pequeño y modesto y que sin embargo permanece absolutamente clásico y presente.

Como siempre tomando el desvío, Melero venía de editar "Recolección vacía" (1993), un disco ambient y experimental que no tiraba ninguna pista sobre su sucesor. Cuando apareció "Travesti", en aquel 94 que estallaba de música entre los hits del brit pop y el mito recién nacido de Nirvana, muy pocos pudieron ver la dimensión del disco. Es más, en una encuesta sobre los mejores discos de 1994 de la revista "Revolver" (medio "alternativo" de los 90 por excelencia), "Travesti" se ubicaba en sexto lugar, detrás de discos de Babasónicos, Todos Tus Muertos y El Otro Yo.

"Travesti" empieza con la voz desnuda de Melero cantando "Nena mía": "Estabas recostada y una luz te iluminó/ no significa nada para vos/ poesía sentí yo". Es difícil volver del viaje que empieza ahí: canciones breves y de estructura sencilla, con un trabajo de orfebrería detrás, que están ligadas a cierta tradición del rock argentino (incluso hay samples del rock nacional de los 70), pero que resuenan con una marca propia, una marca indiscutible.

A lo largo de los años me he preguntado qué es lo que emociona tanto de "Travesti". Por qué cualquier día, cualquier hora, cualquier momento de la vida parece indicado para volver a escucharlo. ¿Será la letra de "Resfriada", cuando dice "la valija no pesa/ hoy no carga tu ilusión"? ¿Será la mirada del tipo fascinado que espía la habitación de su gran amor en "Quiero estar entre tus cosas"? ¿Será la melodía de "Herirte"? No lo sé. Tal vez es el conjunto de las canciones, que está encapsulado en su propia burbuja de tiempo y sensibilidad. A veces uno quiere quedarse a vivir ahí, en su pureza ilusoria, en su metáfora de lo ambiguo.

No hay ninguna nostalgia en regresar a "Travesti", ningún regodeo en la repetición de una situación pasada. Todo lo contrario. Esas canciones están plantadas en un presente constante, que puede resignificarse y se expande cada vez que uno las escucha.

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