Escenario

"Busqué glamour y sentí piedad"

El actor Rafael spregelburd cuenta qué sintió cuando se puso en la piel de "el crítico", el filme que se estrenó ayer en rosario.

Viernes 02 de Mayo de 2014

Tan odiado como elogiado, el crítico de cine ocupa un lugar de culto en el mundo del séptimo arte. "El crítico", estrenada ayer en Rosario, plantea en tono de comedia el derrotero de Víctor Tellez, un periodista especializado en reseñar películas, que a veces siente que su vida puede ser la mejor película de su vida o la que más detesta. Surgida de la pluma de Hernán Guerschuny, también crítico y creador de la revista Haciendo Cine, el filme protagonizado por Rafael Spregelburd y Dolores Fonzi, cuenta con el plus de estar contado desde las entrañas del oficio en un tono irónico y logradamente divertido. En extenso diálogo con Escenario, Spregelburd contó qué sensaciones les disparó interpretar a un crítico de cine, dijo que admira al crítico que escribe bien y consideró: "Si bien la película deja a los críticos muy mal plantados, mucho peor los deja a los directores de cine".

—Te metiste en la piel de algo cotidiano para nosotros...

—Sí, la terrible tarea de comentar películas (risas).

—¿Para componer tu personaje te inspiraste en algún crítico conocido?

—No, no necesariamente, en realidad el director es crítico, es alguien que fundó por amor al cine una revista histórica que es Haciendo Cine, así que ya él habla de un crítico bastante particular que parece pertenecer a una década que no es la suya, que es la del setenta. Pero no sólo por sus ideales, sino por el estilo, ese crítico que con lo que podía decir podía armar revuelo en una editorial ha ido desapareciendo, porque la crítica fue ganando espacios por todos lados, sumado a la democratización de los espacios en internet. Hoy los críticos serios que pueden sostener su trabajo son cada vez menos, aunque no quiere decir que no haya blogs extraordinarios con críticos inteligentísimos, pero el rol de este personaje parece pertenecer a otra época.

—De todos modos reflejas a muchos críticos que son de manual.

—Y, uno pudo observar algunos modelos, yo fui infiltrado a una función privada para los críticos. Y fui a ver una de las peores, en un shopping a las 9 de la mañana, que con suerte te tiran unas medialunas. Se muestra una película que es un tanque norteamericano, que saben que no le interesa al crítico, y que hay que ir a verla porque trabaja de eso. Vi esa sensación de agobio, de angustia, de tipos que se encuentran a las 10 de la mañana mal dormidos, teniendo que ir a reseñar una película que a nadie le importa. Fue para mí una experiencia particular, porque no encontré un crítico con glamour que piensa y deshace el trabajo del otro, sino que lo que encontré fue mucha piedad. Pero, insisto, lo que necesitaba no era un crítico real, sino uno que entrara en el juego de esta película, que es una comedia.

—¿Cómo surgió la idea de que tu personaje piense en francés y con subtitulado?

—Es que él se imagina a sí mismo en una película de Godard, la voz de su conciencia está a esa altura, pero en realidad está comiendo un choripán, y esto es algo muy divertido.

—Y lo peor es que se topa con la misma realidad que aborrece cuando la ve en las comedias románticas estadounidenses.

—Sí, él mismo reflexiona sobre lo parecida que es su vida a una mala comedia romántica. Lo cierto que ésa es la parte fácil de la película, que es la parte irónica, pero lo curioso es que la película te hace emocionar por los mismos motivos que uno puede detestar, y que logre cerrar la identificación era la apuesta más alta del director.

—"El crítico" también habla de la soledad, porque todos los personajes centrales y secundarios son tipos solos.

—Sí, fijate que prácticamente no hay amigos en la película, pero es también por una cuestión de géneros. Están las películas corales, de amigos, y las comedias románticas, en las cuales el héroe que se va a enamorar está muy solo, por eso el amor es tan importante. Yo creo que ésta es más bien una regla de género. Y si ves la película con muchísima atención, es muy probable que también ella no haya existido nunca, nadie los ve a ellos juntos, salvo el director que lo filma y que lo persigue, o sea que bien podría estar concibiendo una visión falseada de su realidad. Entonces ella bien podría ser una invención del personaje central. Hay un lugar en el que si vos ves toda la película pensando que ella no es real, también resiste esa mirada, aunque la película no fue pensada de esa manera.

—Incluso es una película cuyo final queda abierto.

—Bueno, el final se filmó en dos versiones y quedó una, pero una de las cosas que planteó el director es no dejar cerrada a película, es algo de lo que habla el personaje, y eso le da un plus de valor y lo mantiene hasta en el último plano.

—O sea, que cada uno construya su propio final y que no todo sea tan cerradito como tantas películas que uno aborrece en el cine comercial.

—Sí, que se tornan didácticas, que te muestra el modelo y mientras lo transita a vos te pasa todo lo que te tiene que pasar al transitar un modelo, pero también te está diciendo: "Cuidado, no es más que un modelo". Y eso es cuestionable.

—El personaje del director herido por una mala crítica le aporta un tono policial y casi de suspenso. ¿Es otro guiño al cine de género?

—Son polos opuestos de una dicotomía que no sé si existe en la realidad. El director es también critico y se burla de eso un poco, porque se ocupa de los dos personajes, si bien la película deja a los críticos muy mal plantados, mucho peor los deja a los directores de cine.

—¿El filme también aborda la pérdida de la popularidad de los críticos de la actualidad?

—Es que imagino cuán extraña debe ser la sensación de poder que tiene un crítico, que sabe que de su opinión puede depender el éxito comercial de una película. Yo creo que eso se está disolviendo. Por supuesto que sé que las críticas ayudan a que las películas permanezcan más en cartel, ¿pero vos te creés que el que va a ver "El Hombre Araña" lee las críticas. La va a ver igual si decidió que quiere verla y no la va a ir a ver si sabe que no es para él. Quiero decir que ese trabajo de crítico empieza a tornarse un poco anómalo, sobre todo porque el único lugar en donde tiene incidencia es en el cine argentino.

—¿Por qué hacés hincapié en esto?

—Porque si el espectador no va a ver la película argentina en la primera semana no sabés si estará en la semana siguiente. Esto es debido a que las salas si quieren bajarte una película te agregan una función a la una y media de la tarde, deciden que no llegaste a la media mínima, te la levantan y te ponen "El Hombre Araña", que por otra parte tiene la mitad de las salas del país. En ese sentido, los críticos deben darle visibilidad y existencia a las películas nacionales, no digo piedad, digo darle visibilidad para entrar en diálogo con ellas, no vas a entrar en diálogo con "El Hombre Araña".

—El dueto crítico-director se muestra muy enemistado en la película.

—De verdad son profesiones que en la película está un poco extremadas para poder contar lo que cuenta, pero en la vida real imagino que el rol de un crítico que habla del cine argentino y de un realizador de este país está mucho más mancomunado, no son opuestos. Incluso en la película aparecen cameos de críticos y gente de cine, que no son amigos ni enemigos, son personas que están trabajando haciendo más o menos lo mismo que uno.

—Las obsesiones de tu personaje, por ejemplo, que odia la palabra pebete, ¿estaba escrita o la agregaste vos?

—No, estaba todo muy escrito y cuidadosamente observado, no hice más que obedecer. En muchas escenas mi personaje tiene manías o preferencias completamente prescindibles, no había ninguna necesidad de decir que él odia la palabra pebete, pero justamente este tipo de odios o manías hace que vos le cobres cierto cariño a Víctor Tellez (su personaje), porque en definitiva es inofensivo. Vos imaginate que si en vez de eso hubiéramos tomado partido por una tendencia política, que dijera soy peronista o soy gorila, entonces la identificación sería casi imposible, porque se filtra el mundo de la realidad con sus bandos y sus preconceptos. En cambio, el cine de género que necesita mantenerse en este milagro de la identificación, tiene que claramente cargar las tintas sobre otras zonas. Fijate que él odia la palabra pebete, pero cuando su ex aparece comiendo un pebete, él la juzga en silencio sin decir nada, y te lleva a preguntar por qué las personas somos tan maníacas y tan caprichosas.

—¿Después de componer a un crítico, les tenés más piedad, cariño u odio?

—No, no siento nada en especial, yo defiendo mucho la individualidad de los trabajos. Hablar de los críticos es tan raro como hablar de los uruguayos. Hay críticos inteligentes que son creadores, pero el buen crítico es el que escribe bien, a mí no me importa si tiene razón o no, no voy a buscar razones en la crítica, voy a buscar a alguien que escriba bien, que le dé entidad a lo que piensa. En ese sentido no hay tanta diferencia en el trabajo de un crítico con el trabajo de los creadores. Yo defiendo la autonomía, me parece que está muy bien que el crítico haga su trabajo y que el artista haga el propio, y que ambos trabajos necesitan ser opuestos. Para que el crítico pueda hacer su trabajo, el artista tiene que ser autónomo y prescindir de su mirada. A su vez el crítico deberá tener una mirada propia y no encariñarse con un director, porque se va a sentir traicionado cuando el realizador ingrese en una zona desconocida.

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