Escenario

“Busco algo que emocione y saque del lenguaje lo más interesante”, dice Fandermole

Fander es el nombre del disco doble que hoy, a las 21, presenta Fandermole junto a su banda en el teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río).  

Sábado 09 de Agosto de 2014

Fander hace canciones para que resistan el paso del calendario. Fander también es una palabra que da cuenta de la identidad de Jorge Fandermole. El Fander de Pueblo Andino, el de la secundaria, el que pensó en abrirse camino como ingeniero agrónomo, el que hace canciones de una singular belleza armónica y poética. Cada obra suya, adelanta en la entrevista exclusiva con Escenario, es “pensada como para que uno pueda sostenerla en el tiempo”. “Fander” es el nombre del disco doble que hoy, a las 21, presenta Fandermole junto a su banda en el teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río). “Fander” por Fander, es también un sello de la mejor música creada en Rosario en las últimas décadas.

   Este séptimo trabajo del autor de “Canción del Pinar”, “Oración del remanso” y “Carcará”, entre otros clásicos, será interpretado junto a la banda que lo acompañó en el disco editado por Shagrada Medra. A la guitarra y voz del líder del grupo, lo acompañarán Marcelo Stenta en guitarra y coros; Fernando Silva en bajo, contrabajo y violoncello; Juancho Perone y José Piccioni en percusión; Carlos “Negro” Aguirre en piano y flauta baja; Julio Ramírez en acordeón y Luis Barbiero en flauta; y como invitados Carlos Pino, en voz; Julián Venegas y Lucas Heredia, en coros, e Iván Tarabelli, en teclados. Esta nueva obra llega luego de nueve años de la edición de “Pequeños mundos” y se trata de un álbum doble, el primero incluye un repertorio de 11 canciones editadas en los años 80, en nuevas versiones; y el segundo consta de 13 temas inéditos.

   —¿Por qué tardaste tanto para sacar este disco?

   —Después de 2005, de “Pequeños mundos”, como no había un repertorio interesante de cosas nuevas para grabar, empecé a grabar el disco dos, de canciones viejas en versiones nuevas. En realidad, el tiempo que pasó tiene que ver con una imposibilidad relacionada con el trabajo, pero nada que tenga que ver con la dedicación. Estaba tratando de cubrir distintos frentes y como iba lento el disco de canciones viejas empecé paralelamente a bocetar y grabar música para un disco de canciones inéditas. Esos dos trabajos se fueron superponiendo y en un punto ya decidí terminarlos a los dos juntos, por eso es que se estiró aún más todavía. Es un poco propio de la dinámica de las producciones independientes, que al no tener una exigencia de tiempo estándar, uno va tomándose el tiempo que necesita, no es lo que uno quisiera, sino lo que se puede.

   —¿Ese tiempo también te permite encontrar un mayor disfrute de lo que hacés?

   —Sí, pero además compartimos la idea con el sello discográfico Shagrada Medra, del Negro Aguirre, que los materiales sean pensados como para que uno pueda sostenerlos en el tiempo. Y a lo mejor prestando un poco más de atención a la grabación y viendo cómo serían los arreglos más cuidados, a lo mejor lográs algo que se acerque más a lo que vos quisieras, y eso fue un poco la idea.

   —Esto de pensar algo para que puedas sostenerlo en el tiempo te llevó a temáticas paisajistas algo recurrentes. ¿Por qué reincidís con el viento, el río, la luna, o el acto de navegar?

   —Me parece que lo que tenga que ver con cierto vínculo fuerte con lo natural es una propensión que viene de la crianza, del hogar donde uno habitó, vivió y creció. De todos modos, aunque esos son los elementos recurrentes, siempre están atravesados por el quehacer y la problemática humana. No están esas cosas en sí mismas, si no por cómo la cuestión humana lo atraviesa o al revés. Por otro lado, se ha hecho común pensar que la mayor parte de las canciones que escribo son referidas al río, y en realidad no es así, sino que es un elemento del entorno, y es permanente porque es lo que más cercano tengo, pero siempre el hombre es el elemento principal, y lo que tenga que ver con los sueños, con las luchas, con el deseo, con las condiciones de una u otra comunidad. Uno hasta constituye su manera de decir y de comunicarse en relación a un entorno que lo modela.

   —En “El viejo y el río”, uno de tus temas nuevos, cantás que “la vida es sólo un vuelo fugaz entre crecidas y bajantes”. ¿Es un modo de hablar del personaje de tu canción, pero a la vez de Jorge Fandermole y también del género humano?

   —Sí, yo lo siento de esa manera, a lo mejor el personaje me ha sido rebelado por otros artistas, el tipo que envejece en un medio determinado y termina su vida en ese medio, con esa cercanía. En este caso es un anciano en el río, que está presente también en la obra de otros, como el Chacho Müller, por ejemplo. Además, uno conoce gente que ha vivido y está viviendo en esas condiciones, está en el final de su vida en ese medio, digamos. Uno también se refleja de alguna forma con ellos, si bien no es ese el lugar en donde vivo o trabajo, uno se refleja en cuanto al paso del tiempo y a lo breve que son las cosas.

   —Recuerdo que el poeta y músico Alberto Muñoz, ex integrante de MIA, hizo una comparación de los textos de las canciones en el Taller Latinoamericano de Música Popular, de 1983. Y comparó tu tema “Río marrón” con “Nena neurótica”, de Alejandro Lerner. Muñoz decía “lo de Lerner es una letra, pero lo de Fandermole es poesía”. Eso también es reincidente en tu obra, cada canción está atravesada por la poesía.

   —Esa observación me halaga, y a mí me parece que, en todo caso, intento seguir una... (hace una pausa para encontrar la palabra justa) una tendencia que vengo observando en todo el cancionero, en esos repertorios que son como recortes del cancionero argentino hay una búsqueda en diferentes niveles. Y en ese lenguaje no cotidiano, que es la letra de una canción, está la búsqueda de la imagen y de determinada vuelta sensible en la observación del mundo. A mí me llegó la intuición de lo poético a través de las letras de las canciones más que de la literatura o la poesía leída, y es un poco lo que tiene que ver con lo temático y lo sonoro y el modo de observar esa visión transfigurada del mundo que yo pude disfrutar de otros artistas.

   —¿Por dónde pasaría tu búsqueda entonces?

   —Yo estoy buscando algo parecido, lo que emocione, lo que saque del lenguaje lo más interesante. Creo que a veces me sale, a veces sale con mayor fluidez, y otras se queda a mitad de camino, pero en definitiva la letra de una canción puede ser un soporte poético muy interesante. En una comunidad determinada, si el lenguaje cotidiano está de alguna forma invadido o atravesado por la intuición poética es primero a través de las canciones. La gente lo va cantando, lo va pasando y lo va recordando, y de alguna forma eso pasa por encima del lenguaje utilitario de todos los días y va teniendo intuición de lo poético, entonces es posible que haya una buena poesía en la letra de una canción, no siempre se encuentra, pero uno lo busca.

   —La crispación política involucra a artistas, y hay músicos, como Víctor Heredia, a quien le pretenden ensuciar la obra por su su militancia política y sus ideas, ¿cuál es tu posición sobre quienes expresan su ideología a través de sus canciones?

   —Creo que la obra de Heredia no puede ensuciarse con nada, es muy contundente, no puede desmerecerse por nada, ya que siempre ha tomado una posición ideológica y política frente a su realidad. Por otro lado, me opongo a pensar las cosas de ese modo, a adherir a ese nivel de polarización, me opongo por una cuestión de convicción, no puedo pensar que este pueblo esté dividido de la manera en que se pretende dividirlo. En el caso de Víctor respeto sus convicciones y sus ideas, sus acciones y su tomar parte hablan de su integridad, y aunque pueda no compartir algunas de sus ideas, nada de eso va en desmedro de su obra.

   —¿Cómo hacer una crítica social sin que te asocien a una corriente o partido político?

   —La única posibilidad es ser crítico desde el lugar que uno ocupa, pero no me parece que tengamos que caer en ese prejuicio de etiquetar, porque al momento de etiquetar, y sobre todo en este grado de polarización, parece que estás formando bandos, cosa a la que yo me resisto.

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