Escenario

"Buscamos cambiar el mundo a través del circo", afirma la compañía Circus Cirkör

La producción fue estrenada en el Festival La Seyne sur Mer de Francia y giró por Europa y Estados Unidos cautivando a más de un millón de espectadores en todo el mundo.

Domingo 02 de Agosto de 2015

Bienvenidos al universo circense donde la acrobacia, la música, el teatro y la danza se abrazan para transmitir arte en su máxima expresión. Un espacio donde la teatralidad más primitiva se funde con la tecnología para encontrar al niño interior y disfrutar de diversas disciplinas que atacan los sentidos. Justamente esa es la propuesta de Cirkus Cirkör, la compañía pionera en el circo contemporáneo en Suecia y con 20 años de trayectoria en Europa, que llega a Rosario para presentar su nuevo espectáculo “Knitting peace” (“Tejiendo la paz”), que combina acrobacias con técnicas de teatro y danza, además de música original en vivo y un enigmático juego con estructuras textiles que invita a reflexionar: ¿es posible tejer la paz?

   La producción fue estrenada en el Festival La Seyne sur Mer de Francia y giró por Europa y Estados Unidos cautivando a más de un millón de espectadores en todo el mundo. Con seis artistas en escena durante 90 minutos, la puesta dirigida por Tilde Björfors hace un recorrido laberíntico en el que se dispone a derribar las diferencias y a encontrar la paz. Es que la compañía - que pisa suelo argentino por segunda vez- siempre se caracterizó por poner el arte a disposición del corazón y así destacar la excelencia con un mensaje explícito.

   Antes de las dos funciones que la compañía dará el sábado 8, a las 21.30, y el domingo 9, a las 20, en el teatro El Círculo (Mendoza y Laprida), el equilibrista y violinista español Alexander Weibel dialogó en exclusiva con Escenario y adelantó cómo será esta experiencia intimista y multisensitiva que trasciende los límites sensoriales.

   —¿De qué se trata el nuevo espectáculo “Knitting peace”? ¿Es una expresión de deseo en un mundo convulsionado por la violencia en todos los continentes?

   —Nuestro nuevo espectáculo trata efectivamente de nuestra idea de tejer la paz. Con esta producción apuntamos a cambiar el mundo a través del circo contemporáneo haciendo las preguntas ¿es posible tejer realmente la paz?, ¿puede un tejido de punto en todo el mundo para el movimiento de paz marcar la diferencia?, ¿por qué iba alguien a elegir pasar toda su vida caminar una fina línea? La posibilidad de llegar a ser rico o famoso haciendo ésto es mínima y el riesgo de lesión es grande, por eso nos preguntamos qué es lo que nos impulsa.

    —¿Puede el arte ser más efectivo en generar la paz que una campaña gubernamental, por ejemplo? De ser así, ¿por qué cree que sucede?

   —Muchos filósofos y teólogos creen que el deseo y el anhelo de tener una vida mejor es lo que nos mantiene vivos. Los artistas de circo se esfuerzan por hacer posible lo imposible. ¿La lucha por la paz mundial es una búsqueda imposible?, ¿puede el deseo de cambio crear un cambio? Es fácil darse por vencido cuando se enfrentan con la propia insignificancia en comparación con la grandeza y la complejidad del mundo. Sin embargo, creo que cada movimiento comienza con el individuo. En este espectáculo se explora el significado de nuestra aspiración y vamos a averiguar si es posible a tejer la paz.

   —¿Cuáles son los personajes que intervienen, qué representan cada uno de ellos y qué disciplinas y destrezas muestran?

   —En este espectáculo somos seis artistas en escena, con música en vivo y acrobacias durante todo el show. Aino Ihanainen hace parada de manos y tejido en vivo, Ilona Jöntti hace acrobacias aéreas, cuerda y aro aéreo, Matleena Laine se dedica a las acrobacias aéreas y al canto, Mikael Kristiansen hace acrobacia, nudos y enredos, Nathalie Bertholio se dedica a las acrobacias aéreas, cuerda y aro y yo soy equilibrista y toco el violín.

   —Si bien el lenguaje circense es universal, ¿nota diferencias en cómo los distintos públicos del mundo reciben esta propuesta? ¿Qué repercusiones tuvo en países europeos, americanos o latinoamericanos?

   —La diferencia es bien marcada, mayoritariamente actuamos alrededor de Europa, girando por todo Suecia y los países occidentales del viejo continente, allí somos muy reconocidos pero la gente es cauta, más fría y no es de demostrar mucho. En Estados Unidos, como viven personas de origen latino, la mezcla comienza a notarse, los aplausos se hacen más comunes y el calor comienza a hacerse presente. En Latinoamérica, el Circo tuvo su primera experiencia en 2013 con nuestro espectáculo “Wear it like a Crown” y lo que nos cuentan es verdaderamente impresionante. Pudimos empezar a comprobar en Chile, que fue nuestra primera parada en Sudamérica, que la gente es mucho más emotiva, demuestra más las sensaciones y es muy efusiva. Nuestra próxima parada es Argentina y justamente Rosario, ciudad donde no vemos la hora de actuar y mostrarle a la gente este nuevo show, los comentarios que tenemos de los artistas que fueron en 2013 son sensacionales, no podían creer que hayan estado 40 minutos después del show sacándose fotos y firmando autógrafos. Ojalá la gente nos vuelva a acompañar.

   —¿Intentan transmitir un mensaje o prevalece lo estético, la imagen, lo visual sobre éste? ¿Qué mensaje buscan transmitir?

   — este, particularmente, es un show que utiliza la lana como metáfora para simbolizar diferentes formas de vivir que tiene la gente, nosotros intentamos dar la vuelta al mundo buscando la respuesta a nuestra pregunta de si es posible tejer la paz. Pensamos que aportando nuestro granito de arena es posible que algún día pueda lograrse esa paz que todos buscamos. El show es muy visual, tratamos de entrar en la gente a través de la música, de los diferentes mensajes que intentamos dejar durante el show, y creo que a la gente le llega.

    —¿Qué provoca la supervivencia del circo en una escena internacional signada por la tecnología; los videojuegos, las redes sociales y la televisión?

   —Justamente nuestra compañía este año está cumpliendo 20 años desde que se fundó, los tiempos han cambiado, los espectáculos se van aggiornando, vamos agregando elementos que se adaptan a los años en donde vivimos. La guitarra y el violín se usaban hace 20 años y dentro de 20 años se van a seguir usando también, pero los juegos de luces, sonido y elementos específicos van sumándose a cada show. Justamente un show que se está por estrenar ahora en Suecia usa mucha electrónica, tablets, celulares, láser y demás, lo tomamos como algo normal ya.

    —¿Qué los diferencia de Cirque du Soleil, La Fura del Baus, Fuerza Bruta, Blue Man?

   —La diferencia más grande que encuentro es que este es un espectáculo mucho más personal, no vamos vestidos de ninguna forma más que de nosotros mismos con trajes adaptados al show, si luego del show vas al bar de la esquina puedes reconocernos fácilmente, es la forma que tenemos para llegar más directo a la gente. Los otros shows tienen muchos más artistas en escena, en cambio nosotros somos 5 más el músico. Tratamos de evocar sentimientos, de buscar reacciones en la gente, que se sientan identificados con lo que ven, no sólo que rían, aplaudan y se diviertan, buscamos más profundidad.

    —Vivimos en mundos lejanos, nos separan 13 mil kilómetros hasta Suecia, ¿cómo ven desde allí la escena latinoamericana? ¿Qué referencias culturales tienen de nuestro país?

   —Tenemos muchas anécdotas que nos cuentan los actores y técnicos que fueron en el 2013 a Argentina. Más allá de que vivimos en el mismo planeta, pareciera que vivimos en dos mundos muy diferentes. Como soy español y estoy en el medio entre Suecia y Argentina, me adapto muy bien a un extremo y al otro. En Suecia se vive de una manera muy particular, todo sigue su línea, todo se hace de “manual”. En cambio en Argentina se vive muy diferente según me han contado y ustedes han logrado que nuestro jefe técnico (Stefan “Drake” Karlstr”m) se adapte a sus decisiones y eso nunca lo había visto (risas). No veo la hora de visitar Rosario y actuar en ese maravilloso teatro.

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