Escenario

"Antes los hombres existían fuera de la casa y las mujeres puertas adentro"

Los directores Mariano Turek y Luján Loioco hablaron sobre "Algo con una mujer", policial ambientado en Buenos Aires en 1955, un año violento y trágico.

Jueves 18 de Junio de 2020

Una pareja, un secreto, mundos interiores no develados y los externos que sirven como fachada son los planos que se conjugan en "Algo con una mujer", el policial de Mariano Turek y Luján Loioco que se estrena hoy en el canal Cine.Ar a las 22 y se puede ver a partir de mañana por Cine.ar Play. Ambientada en Buenos Aires en 1955 —un año marcado por sucesos violentos, manifestaciones populares y tragedias—, la película dialoga con la actualidad y también con los filmes de la época. "El contexto siempre es tan importante como los personajes porque, lógicamente, los determina. Ellos no serían quienes son sin ese trasfondo político y social. Hay algo de lo urgente y lo tremendo sucediéndose todo el tiempo, presionando a los personajes a tomar decisiones", dijo la codirectora Luján Loioco en charla con Télam.

El filme, basada en la obra de teatro "La Rosa", de Julio Beltzer, gira en torno a Rosa (María Soldi), que parece ser una simple ama de casa sin grandes aspiraciones. Su marido, Paulino (Manuel Vignau), es el hombre proveedor: el que trabaja y, revólver en la cintura, aguanta el embate militar ante la inminente caída del peronismo en el que milita. Dentro de la casa, la protagonista es constantemente obviada, mientras que en la calle, donde Paulino es un mandamás, ella esconde todo lo que observa. En medio de esta situación, Rosa presencia un crimen que, lejos de amedrentarla, toma como una partida propia, para hacerse con el botín y quitarse de encima al delincuente que la acecha.

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Cimentando aún más ese diálogo con los policiales de la década del 50, el corealizador Mariano Turek utilizó escenas de "Scarlet Street", de Fritz Lang, y "Royal Wedding", de Stanley Donen. Pese a que estas apariciones funcionan bien dentro del guión de "Algo con una mujer", el director se lamentó por no poder usar películas nacionales en su lugar. "Por una cuestión de la calidad de las copias o por los derechos, se hizo inviable. Es algo que da para pensar sobre cómo nosotros descuidamos nuestro patrimonio cultural", reflexionó.

Loioco y Turek son pareja, y "Algo con una mujer" es el primer proyecto que escriben, dirigen y producen íntegramente con su propia productora, Libre Cine. En diálogo con Télam hablaron del desafío de adaptar una obra de teatro y del modelo de familia y la militancia en los años 50.

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Productora y directora. Luján Loioco trabajó junto a su pareja.

Productora y directora. Luján Loioco trabajó junto a su pareja.

—¿Cuáles fueron los riesgos que asumieron al adaptar una obra de teatro?

Loioco: Una decisión importante fue anclar el relato en un único tiempo, a diferencia de la dramaturgia que transcurre entre dos años distintos. Me motivaba contar la historia de Rosa: cómo, a pesar de los claros condicionamientos patriarcales de la época, defiende sus pequeños espacios de libertad, aun cuando implique decisiones moralmente cuestionables.

Turek: A nosotros no nos interesaba realizar una adaptación literal, sino dialogar y crear nuestro propio relato. El hecho criminal que se cuenta en la película sucedió. Es la historia que Julio Beltzer escuchó durante años de boca de Rosa, su madre. El es el primero que adapta ese relato oral y crea su obra en 1990.

—¿Qué les atrajo de la época?

Loioco: Ubicarlos en este escenario nos daba un gran potencial para humanizarlos. Lo que hicimos fue actualizar sus conflictos para que interpelen al espectador y no queden extemporáneos. Nos interesan los personajes que proponen la identificación con el espectador a través de sus imperfecciones.

Turek: El tono se combina con ciertas películas noir del cine argentino, estadounidense o francés de aquellos años. Son historias que se manifiestan en sociedades violentas, en donde las miserias humanas, el poder y el dinero son las pasiones que mueven a los personajes. Los acontecimientos que se desarrollaron en nuestro país en 1955 funcionan como el marco ideal para una historia de este tipo.

—La militancia puede ser un punto para cambiar la realidad, pero también para dejar de lado los seres queridos. ¿Por qué creen que Paulino se inclina por lo primero?

Loioco: Paulino no lo vive como una elección ni como que está dejando de lado a Rosa. Creo que el vínculo matrimonial que construyen se corresponde con el modelo de familia de la época, donde los hombres existían fuera de la casa y las mujeres puertas adentro. Pienso que la vida en familia, muchas veces, era más una imposición que una elección y, en ese sentido, los hombres podían optar por justificar su ausencia con cosas importantes, mientras que las mujeres estaban más condicionadas.

Turek: La militancia de Paulino la entendemos en relación a lo que cada uno construye de acuerdo a su punto de vista y al contexto de época. Yo creo en los personajes que no son blancos o negros, sino que son ambas cosas, y me atrae mucho dotarlos de matices intermedios.

—¿Cómo fue el rodaje en un pueblo y con su hija allí?

Loioco: El rodaje fue de cuatro semanas, dos en Caba y dos en San Antonio de Areco. Rodar en pueblos es algo que a ambos nos genera mucho placer. Teníamos el recuerdo de la película anterior, "La niña de tacones amarillos", rodada en un pequeño pueblo de Jujuy, y nos entusiasmaba mucho volver a vivir una experiencia similar. Lógicamente, con una beba de ocho meses, el panorama cambió bastante en relación a aquel recuerdo. Fue difícil. Tuvimos la suerte de contar con ambas abuelas. Hubo mucho esfuerzo, mucha logística familiar, muchas escapadas durante la jornada y poquísimas horas de sueño.

Turek: Excepto el interior de la casa de Rosa, filmamos toda la película allá. En el centro de Areco, desde hace años, una ordenanza municipal prohíbe modificar los frentes de las casas. Con un trabajo de ambientación inteligente se puede conseguir un set de filmación, a cielo abierto, que traslada a la época. Nuestra hija, Alfonsina, tenía 8 meses. El despliegue que tuvo Luján en ese momento fue inmenso porque además de mamá y directora, es la productora de la película. Sin ella y las abuelas, que fueron las piezas claves del andamiaje, no hubiera sido posible. Por eso digo que fue un proyecto cinematográfico familiar.

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