Escenario

Ana Belén y Víctor Manuel, con bellos clásicos para la nostalgia

El dúo español de Ana Belén y Víctor Manuel  colmó el teatro local el sábado al presentar “Canciones regaladas”, su primer disco de estudio luego de treinta años.

Lunes 18 de Abril de 2016

El teatro El Círculo lució colmado en la noche del sábado. El pretexto de Ana Belén y Víctor Manuel era presentar “Canciones regaladas”, el último disco, además de los clásicos. Las voces al frente, un acompañamiento musical suave, apenas perceptible, fueron vistiendo las canciones muy sutilmente,con la magnífica acústica del coliseo rosarino que resultó ideal para el lucimiento del dúo español y la banda compuesta por siete músicos. La sobriedad de la puesta de luces y sonido también estuvo en el vestuario. Ana lució un enterizo negro con un saco largo beige y Víctor un impecable sport.”El padre Antonio y el monaguillo Andrés”, la obra de Rubén Blades inspirada en el crimen de Monseñor Romero en El Salvador, fue la elegida para iniciar un show de dos horas y media que conformó a todos.
  Ana y Víctor fueron alternando protagonismo. La madrileña, en solitario, versionó “Luna”, del cantautor canario Andrés Molina, y “Yo también nací en el 53”. Fue un tramo que permitió apreciar la bella voz, la gestualidad acorde y su sensualidad en escena.
  Con la envidia del público masculino que escucha la historia, Víctor rescató “Su boca” y luego propuso “Canción pequeña”, el bolero que, según su opinión, no está entre las más pedidas por el público. “En el 78 acababa de nacer David, estaba en el ostracismo y esta canción fue como un salvavidas”, dijo presentando “Soy un corazón tendido al sol”.
  Reconociéndole a Piazzolla su aporte a la renovación del tango, Ana encaró su versión de “Los pájaros perdidos”.
     Con su interpretación, construyó todos los climas que propone la obra que tiene letra de Mario Trejo. Víctor volvió al frente para “A dónde irán los besos”, confesando que: “Esta es una canción que me lleva a épocas de colegio, de primeras novias y de mi primer amor imposible: Brigitte Bardot”.
  Ya sin el saco, resaltando su delgadez, Ana rescató la obra de Sabina con “Peces de ciudad”. La cantó cerquita de su hijo David que acompañó en piano y segunda voz. Víctor volvió a reclamar por el desentierro y conveniente entierro de los muertos en la guerra civil que aún permanecen en fosas comunes y cantó de manera vigorosa “Cómo voy a olvidarme”, un relato conmovedor que provocó aplausos y un “¡Grande Víctor!”.
  Del repertorio de Mercedes Sosa, Ana tomó “Todo cambia”, el aire de cueca que el chileno Julio Numhauser escribió durante su exilio en Suecia. Y de Billy Joel, con versión en español, rescató “Just the way you are”. Lució sola con “España camisa blanca de mi esperanza” y “Lía”, elevando el valor de las canciones.
  En cada entrada solista, Ana y Víctor se escuchan y se aplauden mutuamente con énfasis. Víctor cantó “Sólo pienso en ti”, la canción escrita hace 38 años y con la que propuso visibilizar la problemática de la discapacidad física.
  “Cómo pudiste hacerme esto a mí”, canción muy popular en España en los 80, tuvo la rítmica y el swing del jazz. Con su fraseo en el piano y con su tramo solo, David (hijo de ambos) demostró sus virtudes para el género.
  “Quiero abrazarte tanto”, cantada en clave de bossa nova, precedió a “Sólo le pido a Dios”, el alegato de León Gieco que no tiene vencimiento y siempre está vigente y necesario.
  Después de “Ay, amor”, Ana despertó todos los sentidos de los espectadores con “Derroche”, de la que costó recuperarse tras recibir una ovación interminable.
  Víctor cantó “Asturias”, la obra dedicada a su tierra natal y Ana, después de “El hombre del piano”, dio el saludo de despedida: “Venir a Rosario es un poco venir a casa. Mucha salud para todos y hasta siempre”. Antes de los bises sonó otro clásico: “La puerta de Alcalá”.
  El bolero “No sé por qué te quiero”, con baile de ambos y guiño de Ana al público incluidos, “Contamíname” y “La banda”, marcaron el final. Fue un show con temas clásicos que en su mayoría están en el repertorio conocido de ambos, pero, eso sí, con nuevos arreglos y sonidos contemporáneos que refrescaron cada obra.

Un mimo para Fito. La cuota de rosarinidad no podía estar ajena en el show. Y se dio en el set de cierre, que comenzó con “Vengo a ofrecer mi corazón”, de Fito Páez, a quien Ana nombró como “un amigo, casi de la familia”.

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