Escenario

Ana Belén, entre las sutilezas musicales y una voz perfecta

La artista española ofreció un recital a sala llena en el teatro El Círculo, en el que cantó temas de su disco "A los hombres que amé".

Lunes 10 de Marzo de 2014

"Menos de un año de no estar juntos, ni me lo imaginé que iba a volver tan pronto", fueron sus primeras palabras al público que colmó El Círculo el fin de semana. "Ha habido mujeres que han sido importantes para mí, pero hay hombres que han sido determinantes, por eso este concierto es para agradecerles a ellos", completó el saludo Ana Belén

El concierto giró en torno a las canciones de "A los hombres que amé", su vigésimo disco que fue producido por David San José, también responsable de los arreglos. El show arrancó con un guiño afectivo a Rosario. La estupenda banda (piano, coros y arreglos de David), le puso atmósferas de jazz a su versión de "Yo vengo a ofrecer mi corazón", obra de Fito Páez.

Con "Debajo del puente", bellas lírica y melodía de Pedro Guerra, siguió su homenaje a los creadores que aportaron a esa placa.

Con exquisitas sutilezas musicales y con una voz que suena perfecta, incluyó boleros y rancheras, géneros que le sientan muy bien. Entre estos, "Ojalá que te vaya bonito", de José Alfredo Jiménez, que además tuvo un tratamiento actoral. Como si contase una historia en una mesa de café encaró esta canción de desamor que le recordó su casa de niña y su barrio.

Sus dotes de actriz al servicio de la canción enriquecieron su versión de "La mentira", el bolero de Alvaro Carrillo, que no está en el disco. También actuada, cantó "Desde mi libertad", ataviada como viajera de un tren. En "Y sin embargo", de Joaquín Sabina, demostró que con su voz una versión puede ser superar a la original. "Dicen que es un canalla, pero es «mi» canalla", comentó sobre el autor, luego de destacar el valor de esa amistad.

Para este show, Ana Belén sumó temas del repertorio que comparte con su compañero Víctor Manuel. Rápidamente reconocibles, con aplausos desde los primeros acordes, incluyó "A la sombra de un león" y "Lía".

Lo mismo sucedió con "Derroche", donde el público masculino se rindió ante su seductora forma de contar una historia que habla de una noche de pasión.

Con una breve y muy simpática improvisación, zafó de un imprevisto corte de luz, que demoró el arranque de "No estás sola" (Miguel Ríos), que tuvo aire de blues. "Conocí a Miguel cuando tenía yo doce años. Yo cantaba todos los días en una radio, él fue de invitado un día. Dos años después compartimos director musical", dijo sobre aquel primer encuentro con el autor.

A los quince años, mientras hacía Shakespeare, conoció a Luis Eduardo Aute. Del cantautor filipino, ofreció "Las cuatro y diez", una canción que siempre quiso cantar, pese a que el director musical de sus comienzos pensaba que no era para su estilo.

En Cuba, en el 76, conoció a Pablo Milanés. "Todavía nos seguimos viendo siempre, y queriendo", dijo en tono afectuoso antes de cantar "El breve espacio en que no estás", donde el soporte musical lució delicado y sobrio. Su afecto más profundo se hizo presente cuando presentó "Canción pequeña". Sobre Víctor Manuel, su autor, se explayó extensamente: "El me ha enseñado todo lo que se debe y se puede saber de la música. Además, me amansa, relativiza todo y encima me quiere".

La más aplaudida fue "El hombre del piano". Su versión castellana del clásico de Billy Joel despertó ovaciones desde el comienzo del tema y logró conmover hasta el final. Cuando la canción exige, responde eficazmente. Y llega a las notas más agudas cuando se topa con el rock en "Sólo le pido a Dios", en una versión power del tema de León Gieco, otro de sus amigos argentinos.

Comenzó la despedida con "Contamíname", que sonó extraña sin Víctor Manuel, pero la cantó de manera excelente. Y regresó para los bises donde incluyó "España, camisa blanca", "Canción para Carito", otra de León. La última fue "Margaritas a los cerdos", la única escrita por una mujer: Gloria Varona (hermana de Pancho, del grupo de Sabina), una canción que interpela al universo masculino.

Plagado de recuerdos de infancia, de anécdotas con los autores, y con absoluto respeto por las canciones, el concierto de Ana Belén en Rosario sirvió para ratificar las propiedades curativas de la música, puestas de manifiesto cuando ésta es interpretada con sus formas estéticas, vocales y musicales. Y con el plus de su imponente presencia en el escenario.

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