Escenario

"Amar al enemigo es mucho más difícil que dejar la noche y los vicios"

Juanse, el líder de Los Ratones Paranoicos, habló del regreso de la banda tras seis años de ausencia y de la "conversión permanente" que vive en la madurez.

Viernes 18 de Octubre de 2019

En 2017, los Ratones Paranoicos volvieron a los escenarios después de seis años de ausencia. El regreso tuvo a la formación original (Juanse, Pablo Memi, Sarco y Roy) tocando hits y clásicos inoxidables como "Rock del pedazo", "Enlace", "Ya morí" y "Carol". Sin embargo, había pasado mucha agua bajo el puente, y algunas cosas sí habían cambiado. Poco después de la separación del grupo, en 2011, Juanse decidió dejar a un costado la época de excesos y abrazó por completo la fe católica, mientras editaba discos como solista y explicaba su conversión al catolicismo a los cuatro vientos. Desde ese lugar, más reflexivo y calmado, el cantante reflotó a la banda que redefinió el rock and roll en castellano en los años 80 y 90, y ahora los Ratones siguen vivitos y coleando, con una nueva gira por delante.

Hoy los Ratones llegan a Rosario para presentarse en Vorterix (Salta 3519) a partir de las 21. Es la primera vez que tocan en la ciudad desde su regreso en 2017. En charla con Escenario, Juan Sebastián Gutiérrez, alias Juanse, habló del reencuentro del grupo, de los cambios que se dan en la madurez y de la "conversión permanente".

—Los Ratones regresaron a escena hace dos años y siguen de gira. ¿Eso estaba planeado o lo van viendo sobre la marcha? ¿Cómo lo manejan?

—Nosotros funcionamos como una banda de rock and roll clásica. No hay una programación del tipo "vamos a actuar tal día porque nos conviene". No. Lo manejamos de acuerdo a nuestros estados de ánimo y de acuerdo a nuestra conexión como amigos de toda la vida. Gracias a Dios hemos construido un camino que nos posibilita tocar, descansar, seguir con nuestros proyectos individuales y también darle a nuestra vida lo esencial, que es estar con nuestra familia. En ese sentido estamos bendecidos, porque hacemos lo que nos gusta y en el momento que nos parece adecuado.

—¿Cómo es la relación de ustedes ahora? ¿Hubo que limar asperezas para el regreso?

—Nosotros hemos construido nuestra relación en base a la amistad. Nos conocemos desde el colegio. Somos como una extraña familia que tiene sus conflictos, que tiene sus dificultades, pero todo lo resolvemos de la puerta de la casa para adentro. Por ahí jugamos a decir tal o cual cosa, pero nuestra intimidad queda para nosotros.

—¿Qué cambió para vos entre 2011, cuando los Ratones se separaron, y estos últimos años?

—Todo cambia permanentemente. Veo a dónde está dirigida la pregunta (risas). Pero antes te cuento: cuando nosotros estábamos en Estados Unidos grabando "Hecho en Memphis" (en 1992) apareció el alcalde de Memphis y nos distinguió con la ciudadanía honoraria. Eramos muy jóvenes y no tomábamos conciencia de lo que estaba pasando. Necesitábamos recibir una distinción así para darnos cuenta. En la madurez es distinto, tenés otra perspectiva. Y los cambios se pueden dar en lo superficial o en lo espiritual. En mi caso todo sucedió desde lo espiritual, y le agradezco a Dios por darme la voluntad de poder mantenerme. Este es un medio que más bien te aleja de lo espiritual. Pero hay que ir para adelante y dar gracias por recibir el don de hacer lo que a uno le gusta.

—¿Cómo tomó el grupo tu conversión al catolicismo? ¿Alguna vez fue un tema de charla?

—La conversión es permanente, es una labor constante que está siempre desafiando tus condiciones. Cuando uno está convencido, cuando vos sentís profundamente que es la verdad, ahí todo se aclara y no hay problemas con los demás. Todos te aceptan. Esto no consiste en ocultar. Todo lo contrario. Consiste en mostrar que uno está mucho mejor y que se siente bien desde hace muchos años. Y no estoy hablando de esta salud estética y física que tiene esclavizada hoy a la mayor parte de la sociedad. Por ahí te cuidás de no tener arrugas pero interiormente estás pensando que no te gusta que a tu prójimo le vaya bien. Eso a mí no me va para nada.

—El primer paso del regreso fue un gran show en el Hipódromo de Palermo. ¿Sintieron cierta presión antes de ese recital?

—No, pero fueron un montón de sensaciones. Estar casi siete años fuera del escenario y encontrar que la gente sigue cantando tus canciones es difícil de describir. Nuestras canciones siguen vivas porque alguien encuentra los CDs del padre en un anaquel o porque el padre ese día deja de trabajar y va a ver el show con su hijo... No sé, no sabemos y tampoco le buscamos la explicación. Para nosotros no es condicionante el poder de convocatoria. Nosotros somos felices tanto en un show chico como en un estadio, porque hemos hecho de todo. Recuerdo que una vez, al principio, habíamos vendido solamente siete entradas. Y me acuerdo que ninguno de nosotros cuatro le preguntó al otro "¿tocamos o no?". Ni lo pensamos. Tocamos y la pasamos rebien. Obviamente que disfrutamos cuando está bien organizado, pero la cantidad de gente no es condicionante.

—Algunas letras de los Ratones hablan de noches largas, de drogas y descontrol. Ahora que tu estilo de vida cambió, ¿te sentís representado por esas letras o te hacen un poquito de ruido?

—Las letras son ficciones, son construcciones. Cantar esas canciones me hace bien porque estoy dando testimonio de que mi vida cambió completamente. Mis letras son una abstracción con un realismo muy relativo, y tienen un comentario social pero desde una mirada muy personal, que no tiene nada que ver con la actualidad ni con el pasado. Ese es uno de los motivos por los cuales nos adaptamos a cualquier época. Que sea un vicio el rock and roll, o que hayas estado a la noche en algún lugar extraño, no te va a quitar la capacidad de amar a tu prójimo o de amar a tu enemigo, que es lo más difícil de todo. Amar al enemigo es mucho más difícil que dejar la noche y los vicios. La noche o el día no te hacen ni buena ni mala persona, aunque conviene andar por un camino medianamente bien iluminado.

—De un tiempo a esta parte se señala que el rock está en crisis, que ha perdido ese lugar central que tenía en la cultura del siglo XX y principios de este siglo. ¿Qué opinás al respecto?

—Nunca le presté mucha atención a eso. Hace tiempo que vienen diciendo que el rock and roll no existe más. ¿Cuántas veces se habló de la separación de los Stones? ¿Cuántas veces se dijo que después de Elvis o los Beatles no había nada? Lo que ocurre es que están surgiendo otros estilos, otras tecnologías y también métodos de construir un artista como sea. Pero eso con el tiempo se cae solo. Si vos no tenés contenido, si no contás una historia, no pasa nada. Te puede ir muy bien desde el punto de vista material con tu carrera, pero no te brindaste nada para vos ni le diste nada a los demás. Solamente creás un misterio, te hacés famoso. Sos un tipo fumando sin parar esperando que se venda una entrada (risas). A mí eso nunca me atrajo.

—La semana pasada estuviste en Roma. ¿Fuiste a visitar al Papa?

—Eso no te lo puedo contar (risas). Digamos que fui a hacer un clip, un trabajo conjunto, muy especial.

—Con el Papa...

—(Risas) No, no. Es el clip del tema de mi próximo disco. Lo grabé con Andrew Loog Oldham y va a salir el año que viene. Más no puedo adelantar, pero estoy muy entusiasmado con ese disco.

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