Escenario

Alex de la Iglesia dijo que "el mundo es un caos salvaje"

El realizador español pasó por Buenos Aires y ofreció su crítica mirada sobre la realidad social y lo que rodea al universo "extraño" de "hacer películas"

Martes 06 de Noviembre de 2018

El cineasta español Alex de la Iglesia, dueño de una extensa filmografía de estéticas y narrativas muy distintivas en la que sobresalen "El día de la bestia" o "Balada triste de trompeta", celebró en charla con Télam que exista "una especie de marca" propia que el público reconoce y definió su cine como un "nihilismo alegre".

"Cuando las cosas se convierten en algo terriblemente grotesco e inverosímil de repente dicen 'esto es una película de Alex de la Iglesia', y eso no me parece mal, pues quiere decir que me acerco a la realidad", dijo el director, quien pasó por Buenos Aires para participar anteayer de un ciclo de charlas magistrales a beneficio en el Teatro Coliseo. El cineasta de origen vasco es reconocido como una de las figuras más relevantes del séptimo arte en todo Europa e incluso también en Hollywood. Entre su extensa filmografía se destacan filmes icónicos como lo fue "La comunidad" o "Crimen ferpecto". La cita de estas dos películas no es antojadiza. Es que ambas realizaciones exponen de manera transparente el sello de este cineasta, cuya particularidad es utilizar el humor y la ironía como vehículo movilizador para mostrar las miserias humanas, nada menos. La prueba que lo confirma es su último filme, la adaptación de "Perfectos desconocidos".

¿En qué se parece tu cine a la realidad?

—Lo que verdaderamente no es real es la realidad, esa sensación de que las cosas tienen sentido. El mundo es un caos salvaje y somos nosotros con nuestra mirada los que le conferimos sentido. O somos unos tíos "cojonudos" y pensamos que la vida es maravillosa y que todo es perfecto y que al final vendrá alguien y nos salvará, o somos personas amargadas y pensaremos que no hay salida.

—¿En cuál de los dos te encasillarías?

—Yo participo de un nihilismo alegre. No creo en absolutamente nada y eso me da una alternativa de imaginarme un mundo feliz con amigos con los que podemos disfrutar de películas y de libros, entendiendo que en cualquier momento entrará la policía y nos detendrá a todos (risas).

—¿De qué hablás en tus conferencias?

—Son encuentros con el público, lo que me apetece es comunicar mis inquietudes y hablar con la gente de cuál es el proceso creativo, cómo consigues contar una historia, cuáles son las dificultades y responder las dudas que tengan sobre este mundo extraño que es el de hacer películas.

—¿Se puede enseñar ese proceso creativo?

—No lo sé. A mí me gustaría contarle a la gente cómo son las cosas, pero si te lo explican no lo haces. Si te explican lo difícil que es tener un hijo, no lo tienes. Es muy difícil también explicar la felicidad que supone superarlo, porque supone aceptar un dolor previo. Pero si lo superas, la recompensa es increíble. Eso sí me hubiera gustado que me lo hubieran contado.

—¿Qué te hubiera gustado saber cuando comenzabas en el cine?

—Alguna vez me han preguntado qué le diría el Alex de ahora al Alex de entonces, y no tengo ni idea. "Ten cuidado", le diría (risas). Es que no lo quiero asustar, porque las mejores cosas que ha hecho el Alex antiguo, las ha hecho por ignorancia. Se ha enfrentado a todo sin tener ni idea de las consecuencias, y creo que aunque le haya ido mal está bien, porque si el conocimiento genera inactividad no sirve.

—El Alex del comienzo venía de la historieta. ¿Influyó en tu cine?

—Los que más me gustan son los de la línea clara, la franco-belga, como Hergé ("Las aventuras de Tintín"). Lo que se dice está dentro de un globo, no hay más fuera del discurso que esto y el personaje está definido por una línea y lo que no es el personaje es el fondo. Entonces de pronto descubro que esa claridad es lo que me hace hacer las cosas como las hago.

—¿En qué sentido?

—Me gustan los personajes que se puedan definir con dos o tres frases y que tienen un arco evolutivo muy claro. Porque se entiende lo que quiero contar, tiene una forma muy ilustrativa.

—¿Acostumbrás empezar por el personaje antes que por la historia en la que está inmerso?

—Es una mezcla. Normalmente ves una secuencia, como en "Muertos de risa" (1999): dos personajes se dan bofetadas y se dan cuenta de que el público se ríe, y cuanto más fuerte la bofetada más se ríe la gente, hasta que se matan. Bueno, eso es una peli.

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