Escenario

"Al rock lo han bastardeado", golpeó Juanse antes de tocar en Rosario

Juanse a veces puede sonar ácido, a veces muy crítico, y por momentos desopilante. Pero nunca va a sonar impostado, y mucho menos políticamente correcto. "Nosotros estábamos totalmente quemados, yo en particular estaba muy mal", dice sin anestesia sobre la última etapa de los Ratones Paranoicos. "El rock no es más que un estilo, y se lo ha bastardeado mucho", dispara en otra parte.

Domingo 09 de Septiembre de 2012

Juanse a veces puede sonar ácido, a veces muy crítico, y por momentos desopilante. Pero nunca va a sonar impostado, y mucho menos políticamente correcto. "Nosotros estábamos totalmente quemados, yo en particular estaba muy mal", dice sin anestesia sobre la última etapa de los Ratones Paranoicos. "El rock no es más que un estilo, y se lo ha bastardeado mucho", dispara en otra parte.

Hace un año, Juan Sebastián Gutiérrez decidió disolver a los Ratones, al mismo tiempo que editó su tercer álbum solista, "Baldíos lunares", un disco sorprendente que combina el rock de guitarras con aires psicodélicos, arreglos de cuerdas y folk cuasi acústico. Una semana antes de tocar en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, el músico estará presentando este trabajo el viernes próximo en Rosario, más precisamente en Pugliese, con una banda de lujo, las Fieras Lunáticas, que incluye a Gabriel Carámbula (guitarra y coros), Leo Arrube (bajo), Gaby Pérez (batería) y Javier Cantisano (guitarra).

En charla con Escenario, Juanse mostró su presente de rocker a los 50 años: dice haber dejado atrás los excesos, critica con lucidez a las bandas stone que copiaron su estilo y habla con honestidad brutal sobre la actualidad del rock argentino.

—"Baldíos lunares" es bastante distinto a tus anteriores discos solistas y a lo que hacías con los Ratones, ¿vos buscaste esa diferencia?

—Sí. A las obras hay que buscarlas, de otra forma son accidentes. El disco se armó durante casi tres años. Hoy un disco es entrar a un estudio, grabar como se pueda, terminar la mezcla para tal día, porque si no la discográfica te deja de apoyar económicamente, y después tenés que entregar rápido la tapa. A mí eso no me va. Eso es muy distinto a lo que es grabar un disco de verdad, que perdure como obra. Yo busco eso. No quiero un disco que una compañía después venda como una lata de atún.

—En el disco hay una extraña versión funky de "Gabinetes espaciales", una rareza de Almendra. ¿Cómo surgió ese cover?

—Esa canción yo la escuchaba de chico, pero cuando la dejaba de escuchar y quería recordarla, la recordaba con ese ritmo funky. Lo curioso es que ese ritmo no existía en ese entonces, vino mucho después.

—¿Se lo pudiste mostrar a Spinetta?

—Sí, por supuesto, estuvo todo supervisado por él (risas). En esa época coincidimos en muchas cosas. Luis estaba preparando un trío muy bueno, donde casualmente tocaba el mismo bajista que estaba en esa versión en mi disco. El estaba muy entusiasmado con la música que estaba haciendo.

—En el tema "Tomates" vos cantás en un tono de lamento "pobrecito el rock and roll", ¿qué inspiró esa frase?

—Es una especie de ironía. Porque el rock no es más que un estilo, y se lo ha bastardeado mucho. Todavía no se cumplió un año y medio la separación de los Ratones y ya quieren que vuelvan. El morbo siempre está presente, tanto en el periodismo como en el circuito comercial. Además, cuando veo que Pappo salió hace poco en la tapa de una revista importante, me pregunto por qué no salió cuando tenía que salir. Se conjugan muchas cosas para que uno diga "pobrecito el rock and roll".

—¿Cómo es la presentación del disco? Hay temas que suenan complicados para hacerlos en vivo...

—Nada es imposible de hacer en vivo. Si es música y se grabó se puede tocar en cualquier lado. Yo luché toda mi vida contra el concepto beatle de la música. Eso de ¿cómo hacemos para tocar "Let It Be" en vivo? Pero sentate en el piano y tocalo (risas). En el show hacemos algunos temas de "Baldíos lunares", otros de los discos anteriores y también temas de los Ratones, porque yo soy el autor de las canciones.

—La separación de los Ratones nos tomó por sorpresa a todos, y justo se dio cuando editaste tu último disco como solista, ¿fue algo planeado?

—De alguna manera, inconscientemente, la decisión estaba ahí. Porque acá no es como en Inglaterra, donde hacés una sola canción buena y con eso te alcanza para vivir toda la vida, acá estás todo el tiempo rindiendo examen. Nosotros teníamos un montón de hits y nos pedían más. Pero detrás quedaban muchas canciones, que también merecían ser conocidas, y los hits les sacaban el lugar. Eso me molestaba. Además, cuando está en juego tu integridad mental, tu salud química... Preferí quedarme como estoy ahora. Ahora estoy disfrutando de las cosas.

—¿Vos querés decir que tuviste que dejar atrás a la banda para liberarte de los excesos?

—En algún aspecto sí. Nosotros estábamos totalmente quemados, yo en particular estaba muy mal. Ahora hace dos años que no estoy en contacto con nada, ni siquiera tomo alcohol. Llega un momento en que no das más. A los 50 hay ciertas cosas que te pegan mal. También me convertí en un cristiano casi extremista (risas), y eso me ayudó mucho. Me fortaleció la relación con mi templo interior. Cuando está todo desordenado adentro terminás traicionado a la gente que más te quiere, y también los preocupás. Yo estaba tan quemado que no podía sentirle el gusto a la Coca Cola. Me ponía reparanoico y creía que le habían cambiado la fórmula. Creía que la estaban rebajando y no. ¡El problema lo tenía yo! (risas). En realidad la pasé muy mal. Pero ahora la estoy pasando mucho mejor.

—¿Creés que los Ratones tuvieron el suficiente reconocimiento?

—Los Ratones vendieron más de seis millones de discos. Eso en Europa y en Estados Unidos no significa nada. Tampoco significa nada para muchas bandas grandes de Argentina. Pero nosotros los vendimos haciendo rock and roll, que no tiene nada que ver con la música que dominó los medios durante años y años. Recuerdo cuando estaba Soda Stereo, y también me acuerdo de Los Encargados, esa versión fría, programada de la música. Nosotros estábamos totalmente en oposición, no en contra, en oposición. Y a mí me encanta Soda Stereo. Pero nosotros fuimos una reacción a eso, que era como la cumbia de hoy. Era lo que estaba en todos lados, lo que se imponía.

—¿Extrañás a la banda en algunos momentos?

—No, ahora no. Pero yo estoy agradecido a los Ratones. Por supuesto que hay que dejar pasar el tiempo. Algún día nos pondremos de acuerdo. Siempre es un placer estar con amigos con los que compartiste tantos momentos.

—¿Sentís tu influencia en los grupos de estilo stone que surgieron después de los Ratones?

—Esas banditas del pañuelito, con las guitarras desafinadas, sin producción, nos copiaron la imagen. Pero nosotros no nos disfrazábamos, éramos así. Lo que hacen esas bandas no está mal, pero no tiene valor. Es lo mismo que si yo hago una exposición de obras con todos cuadros tipo Dalí. ¿Y? La intención es buena, pero armar tu vida alrededor de eso es una pérdida de tiempo.

—¿Cómo ves la escena actual del rock argentino? ¿Te interesa escuchar bandas nuevas?

—No es que no me interese. Pero no tengo mis expectativas puestas en el rock, debido a este recauchutaje que hicieron en monocromático, de bandas que suenan todas iguales, que todas quieren hacer lo mismo. Esa desprolijidad de la imagen, las zapatillas... Imitan a los Stones y a los Ratones pero después hablan de política. Son cosas que ya fueron. En este país hay bastante libertad de expresión, podés decir lo que quieras, podés tachar lo que quieras. Entonces, qué le vas a decir al poder, que no te dejan hacer qué, si podés hacer cualquier cosa. Esa parte del rock está en crisis. Para colmo hay una discográfica que monopoliza a todas estas bandas y hacen que suenen todas iguales. También les hacen firmar contratos de 70/30, pero a favor de la discográfica. Eso no pasaba ni en los años 60. Por otro lado está el afán de los pibes, que quieren salir en el Quilmes Rock con la gente saltando para que los vea el tío que está en la casa con el Fernet en la mano. Es patético ver cómo a los pibes los desvían del camino.

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