Escenario

Adiós al Padre del Charango, el músico que llevó la cultura andina al mundo

El genial charanguista tucumano tenía 80 años. Formó parte de la Misa Criolla y grabó más de 20 discos. Recorrió escenarios de EEUU, Europa y Japón.

Miércoles 26 de Diciembre de 2018

La música argentina se vistió de luto en la Nochebuena del pasado lunes con la muerte de Jaime Torres, una verdadera leyenda de nuestro folclore. El charanguista tucumano, uno de los más destacados artistas de la música popular argentina, falleció a los 80 años en la clínica porteña Favaloro a causa de un paro cardiorrespiratorio, luego de un período de varias internaciones.

Dueño de un talento inigualable, Torres fue reconocido a nivel mundial por su enorme calidad como intérprete del charango. Los Torres llegaron a la Argentina desde Bolivia en 1937. El 21 de septiembre de 1938, en San Miguel de Tucumán, nació Jaime. Tres meses después se mudaron a la ciudad de Buenos Aires. La familia se instaló en un conventillo en el centro porteño. El niño creció entre vecinos calabreses que le decían Raúl ("porque Jaime es nombre de judío") y que desconocían la lengua en la que hablaba, el quechua.

Ser inmigrante nunca fue fácil, y ser inmigrante con rasgos collas, menos. "Yo era niño y en la escuela le pregunté a la maestra sobre el 12 de octubre y me dijo: «Para que no se equivoque, el 12 de octubre es el día que llegó la civilización». Eso me produjo una gran rebeldía frente a la enseñanza que seguimos recibiendo. Es que por mirar los pajaritos hacia afuera dejamos de vernos a nosotros mismos", recordó en una entrevista.

De su familia también formaba parte Mauro Nuñez, un multifacético artista boliviano que además de pintor y escultor era músico, y fue quien lo introdujo en los secretos y el hechizo del charango. Hasta ese momento, el pequeño instrumento de diez cuerdas tenía muy mala prensa: se lo consideraba marginal y sólo lo tocaban algunos campesinos. Pero los padres y su tío lo alentaron para desentrañar todos sus secretos. Años después ese niño se convertiría en un músico reconocido en todo el mundo. Ese niño que soñaba con que "el charango sonara en cualquier parte" cambiaría para siempre el rol del instrumento.

Gracias a su talento, el charango pasó de ser un instrumento que acompañaba a otros que llevaban la melodía a transformarse en uno con posibilidades y protagonismo similar al de la guitarra. En las manos de don Jaime, que empezó a ser conocido como el charanguero, también la cultura andina abandonó su lugar marginal y secreto para dar varias veces la vuelta al mundo y ser aplaudida y ovacionada.

Jaime Torres - Encuentro

Una obra emblemática

En 1964, Torres formó parte de una de las obras emblemáticas del folclore argentino: la Misa Criolla. La primera grabación estuvo dirigida por Ariel Ramírez y la cantó el grupo folclórico Los Fronterizos. El Chango Farías Gómez se encargó de la percusión, Raúl Barboza del acordeón, Luis Amaya de la guitarra y Jaime Torres brilló con su charango. Los músicos presentaron la obra en países tan distintos como Japón e Indonesia, la ex Unión Soviética y Estados Unidos. Mientras tanto, la figura del músico crecía. De ser "uno más" comenzó a ocupar un papel principal hasta transformarse en solista. Con Ariel Ramírez empezó siendo parte de su grupo pero en apenas unos meses ya se presentaban como "Ariel Ramírez y Jaime Torres".

En 1974, junto con su banda, Torres participó en el show de apertura del campeonato mundial de fútbol en Alemania. Un año después, organizó un encuentro local de instrumentistas, repitiendo la misma experiencia con niños en 1980. En 1988 compuso la música para la película "La deuda interna", que fue nominada al Oscar.

Durante 1989 se presentó en España y Portugal, junto con Hernán Gamboa y Gerardo Núñez. Al año siguiente se presentó con el Tata Cedrón en París y el interior de Francia, y con Eduardo Falú en Londres. En el intermedio estrenó en el teatro Opera de Buenos Aires su ópera "Suite en Concierto", con arreglos de Gerardo Gandini, siendo intérprete solista junto con la Camerata Bariloche.

A lo largo de su carrera Jaime Torres se caracterizó por tocar con la misma pasión en escenarios muy diferentes, desde el Tantanakuy hasta el prestigioso Teatro Colón de Buenos Aires, pasando por la Filarmónica de Berlín, la Sala Octubre de Leningrado y el Lincoln Center.

En 2013 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en 2015 la Fundación Konex le otorgó la Mención Especial a la Trayectoria por su gran aporte a la música popular argentina. En su extensa trayectoria grabó más de 20 discos y recibió innumerables reconocimientos, entre los que se cuentan el premio Sadaic (1986), el Estrella de Mar (1992 y 1999) y el Lobo de Mar a la Cultura (1997).

Apodado como el Padre del Charango, Jaime no concebía la vida sin ese instrumento al que, según decía, estaba "agarrado". Y nunca se había planteado la posibilidad del retiro. "Yo creo que alguien que ha dispuesto su vida de esa manera, con más de 70 años en los escenarios, es porque no ha pensado que una actividad como esta tenga un final", afirmaba. Y aunque pasó gran parte de su vida en Buenos Aires, nunca se acostumbró a estar lejos de su norte natal. "Voy muchísimo a mi tierra. Y, cuando vuelvo, el alma demora un mes en regresar", decía.


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