Escenario

"A mí me importa que se viva la realidad de lo que se está cantando"

Haydee Dabusti regresó después de más de 15 años a un escenario con la ópera "Norma". El espectáculo vuelve a presentarse esta noche y el sábado próximo en el teatro El Círculo.

Miércoles 21 de Mayo de 2008

Si bien el ambiente operístico argentino carece del glamour de otras áreas del espectáculo autóctono a veces aparecen estrellas que iluminan el firmamento del canto lírico. Una de ellas es, sin duda, es Haydee Dabusti. Desde 2002, meteóricamente interpretó los roles más comprometidos del repertorio: mujeres fuertes, desesperadas y destrozadas por amor como Aída y la Abigaile de Nabucco, ambas óperas de Verdi, la Magdalena del Andrea Chénier de Giordano, la Tosca de Puccini y la Norma de Bellini. "Norma" se presentó en 2003 el teatro Avenida de Buenos Aires, en una producción totalmente integrada por artistas argentinos, y de las cuatro funciones proyectadas se llegó finalmente a nueve, incluida una que compró la ciudad de Temuco en Chile. Esta ópera consagratoria en la carrera de Dabusti se presentó el domingo en el teatro El Círculo, y volverá a estar en escena hoy y el próximo sábado.

La imagen que transmite Dabusti es de seriedad profesional en todo lo que encara. La cantante regresó al ruedo de la lírica nacional después de un descanso de casi 16 años.

—¿Por qué estuvo tanto tiempo alejada de una actividad que había abrazado con tanto entusiasmo desde muy pequeña?

—Estuve más de 15 años sin cantar nada, ni el arroz con leche, y fue el destino que tuviera que volver ahora. Enviudé muy joven; estaba terminando el instituto superior de arte del teatro Colón y la muerte de mi primer esposo creó una barrera emocional a mi canto. Retomé la carrera en 2001.

—¿Cómo se acerca a un personaje como Norma, dominio exclusivo de las divas?

—Primero me sumerjo en la época. Todo influye, no es lo mismo caminar en el desierto de la Aída de Verdi que caminar en la Sicilia de la Santuzza (la trágica protagonista de "Cavalleria Rusticana" de Mascagni) con el adoquín que se mueve debajo de sus pies. Después se sigue por el texto y esto es fundamental. No se puede cantar sin saber lo que se está diciendo al compañero o al coro. Luego está el estudio del solfeo a la perfección. Lo que está escrito. Si el director pide otra cosa yo estoy a las órdenes del maestro. El cuarto punto: estudio los roles de todos mis compañeros. También hay que aprender qué suena en la orquesta; pido que a mí nadie me apunte porque me distrae, pero para eso hay que saber qué hace la orquesta. De esa manera no dependo de la batuta del maestro. Es muy feo estar cantando y mirar cada dos minutos la batuta, se sale del contexto y lo saca al público, y a mí me importa que se viva la realidad de lo que se está cantando. La ópera se transforma en vida, es vida. Hay que cantar un 50 por ciento con la cabeza y otro 50 con el corazón por que si canta esta ópera un 100 por ciento con la voz una se queda muda.

—¿Cómo entiende la muerte de Norma al final de la ópera?

—Como cristiana que soy, creo que ante un engaño y una traición tan grande a los principios y convicciones de uno mismo, ella piensa que en la muerte encontrara la redención. Una persona íntegra escoge la redención por medio de dar su vida que en realidad es ganar la vida eterna.

—¿La mejor Norma?

—Maria Callas, la mejor, la única y no creo que haya nacido hoy por hoy la persona que pueda siquiera igualarla.

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