¿Y ahora con qué endulzamos?

Lunes 12 de Junio de 2023

Hace poquito la OMS publicó una guía en la que desaconsejó el uso de edulcorantes no calóricos y fue noticia en todo el mundo. Nada que no supiéramos, que no intuyéramos, que no se haya estudiado ya, pero de repente puso el foco en ese sobrecito o chorro de edulcorante con el que endulzamos el café de todos los días. ¿Y ahora qué?

Básicamente lo que dijeron fue que: 1) por más de no aportar calorías, no ayudan al control del peso a largo plazo (seguro el principal motivo de consumo de los edulcorantes) y 2) causan un impacto negativo en la salud. Quizás no sabíamos esto así tal cual y que lo diga la OMS le da cierto peso, pero la realidad es que este mensaje nos llega un poco tarde.

2.png

Para evitar las consecuencias del azúcar – ya sea de salud o por las calorías que aporta- abrazamos el uso de edulcorantes artificiales sin pensarlo dos veces. Cero calorías pero todo el dulzor –o más todavía, ‘total no engorda’- que nuestras papilas pueden registrar, empujando ese límite cada vez más. Los endulzantes sin calorías fueron la panacea.

Fue como querer comer mandarina sin bancarse el olor. Engañar a los sentidos. Tomá, te doy algo súper dulce. Pero ole, las calorías nunca llegan. Si lo pensábamos dos veces, ese juego no podía terminar bien. Así fue que confiamos en mensajes externos (donde nos aseguraban que no había ningún problema con su consumo y sobreconsumo), silenciando la intuición o certeza profunda donde sabíamos que algo raro ahí había.

Admitámoslo, a todos nos gusta lo dulce. Simple y llanamente porque nuestro cerebro está programado para que así sea. Y es normal que nos moleste o incomode que nos digan que tenemos que usar menos edulcorante o acostumbrarnos a tomar el café sin nada. Nos genera resistencia. Nos encapricha. Sentimos que nos deja sin opciones y pataleamos.

3.png

Pero la recomendación, nos guste o no, es bajar el dulzor. No buscar un sustituto. Es reeducar al paladar –y a la mente-. Un trabajo difícil cuando el camino ya está hecho. Deconstruir para volver a construir, usando el registro de tu cuerpo como guía principal esta vez y bajando el volumen a las voces externas y las luces de colores. Deshabituarse de la presencia ubicua del sabor dulce, venga de donde venga, y aprender a consumir alimentos con menos cantidad de azúcares libres o edulcorantes.

¿Entonces cuál es el mejor endulzante? El que no se usa. Ni la estevia, ni el azúcar de coco, ni el jarabe de maple, ni el azúcar mascabo, ni la miel. Que endulzar vuelva a ser un gusto, no una costumbre. Que de a poco el paladar vuelva a registrar el dulzor natural de los alimentos. Que una gaseosa con edulcorante nos empalague. Que no necesitemos alimentos dulces todos los días. Que volvamos a conectar con lo sutil.

Para más info sobre alimentación a base de plantas, cursos y talleres podés encontrarme en Instagram en @gastrosofiaxmg