En Voz Baja

Postales de la crisis I

Las medidas financieras tomadas por el nuevo ministro de Economía para evitar la pérdida de reservas del Banco Central y la subida de la cotización del dólar parecen estar dando resultados.

Jueves 12 de Septiembre de 2019

Las medidas financieras tomadas por el nuevo ministro de Economía para evitar la pérdida de reservas del Banco Central y la subida de la cotización del dólar parecen estar dando resultados. Uno de los factores más importantes para que ello ocurra es la confianza de los inversores y los depositantes, que parecen advertir, al menos en Buenos Aires, que sus depósitos en dólares están disponibles cuando los reclaman. Como evidentemente este es un país federal de ficción, lo que ocurre en la capital del país no se replica en el interior. Hace unos días, en Rosario, bancos de primera línea anotaban en un cuaderno de almacenero a los clientes que necesitaban dólares de sus cuentas y les daban turno para retirarlos unos 10 días después. Si bien parece que la falta de liquidez no es el problema, sí lo es la logística para que lleguen a la ciudad los billetes de la moneda norteamericana para abastecer a los bancos. Algunos aducen también que es una cuestión de costos, porque a mayor caudal de dinero transportado mayor es el seguro que se debe pagar. Como resultado, si un cliente del mismo banco se dirige a una sucursal porteña es muy probable que pueda retirar los dólares que quiera, pero no ocurre los mismo en el interior. Hay ciudadanos argentinos de primera y de segunda, como se dice vulgarmente.

Postales de la crisis II

Muy alejado de la temática de los dólares, corralitos, tasas de interés y todos esos menesteres que ocupan sólo a una franja de la sociedad, existe un amplio sector de la población que no la pasa nada bien. Los comensales de un pequeño bar del macrocentro quedaron conmovidos por una particular situación que se visibilizó, hace unos pocos días, durante la hora del almuerzo. Un chico de edad escolar primaria ingresó al local con mercadería para vender. Tenía encendedores, servilletas y otras cosas de escaso valor. Como nadie atinaba a comprarle algo, el niño comenzó a pedir un poco de milanesa para comer, que era el menú del día que tenía servido la mayoría de la gente. Algunos accedieron, otros le daban un poco de pan para que se lleve, pero la congoja y la sensación de perturbación por el dramático cuadro se percibía entre todos los parroquianos. El chico, tal vez, eligió un lugar equivocado para vender porque quienes almorzaban también mostraban signos de sufrir la crisis. El menú del día, con postre y bebida, costaba 150 pesos, lo que lo dice todo.

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