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La televisión en vivo no es para todos

Nunca hubo un matrimonio tan prolífico como el de la televisión y Freud. Más en los años de oro de programas como "Perdona nuestros pecados" y, después, llevando la relación la paroxismo, "Televisión registrada".

Viernes 29 de Mayo de 2020

Nunca hubo un matrimonio tan prolífico como el de la televisión y Freud. Más en los años de oro de programas como “Perdona nuestros pecados” y, después, llevando la relación la paroxismo, “Televisión registrada”. Fueron felices y comieron perdices. Tanto fue así que la explotación humorística, y a veces también política, del acto fallido en la pequeña pantalla se convirtió en un género, y proliferaron los programas de archivo. Después, perdió fuerza, en parte por el agotamiento del recurso cómico, pero más por su multiplicación en tiempo real en los portales de noticias y las redes sociales. Por supuesto, no cesaron los lapsus, errores, deslices y chambonadas de los mediáticos cuando, sin red, salen en vivo. Esta semana, sin ir más lejos, se dieron dos tropezones de antología, el primero tuvo como protagonistas a la conductora de Telefé Cristina Pérez y al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien cuando la periodista le dijo que no tenía ninguna necesidad de descalificarla, le replicó sin pensar: “Yo también la trato con mucho desprecio” (Sic). Desopilante, pero no más que el equívoco de la rosarina Mónica Gutiérrez, quien, también sin pensar, le preguntó a una vecina de Villa Itatí si estaba embarazada y la joven, sin ningún empacho, le respondió: “Estoy gordita nada más”. ¡Lluvia de chanes!

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