Miércoles 23 de Abril de 2008
Victoria.— Hoy a las 18 en la Escuela Normal Superior Osvaldo Magnasco de esta ciudad expondrá Blas Wilfredo Omar Jaime, el último descendiente y hablante de la lengua de los indios chaná que poblaron las islas y una vasta zona del delta.
Parte de la cultura de esta población indígena se consideraba perdida, especialmente su lengua. Hasta que trascendió que Jaime recordaba muchos pasajes e historias que su madre le relataba en ese dialecto. A partir de ello, fue posible reconstruir buena parte del vocabulario y la estructura misma de la lengua chaná, que tendría un claro parentesco con el guaraní, según observaron varios lingüistas dada la coherencia y singularidad de los datos que aportó el jubilado nacido en 1934 en Pueblito, un paraje rural de Nogoyá.
Extinción. "En 1750 la comunidad chaná dejó de existir como pueblo. Fue destruido por los españoles, pero de forma bastante pacífica. Ellos prometieron al pueblo chaná, que era muy guerrero, que le darían vacas, caballos, ovejas, tierra y que los niños iban a ser mejor instruidos y cuidados. Se formó una junta chaná y se decidió aceptar el ofrecimiento español. Esa fue la perdición", recordó Jaime.
"A los hombres los separaban de las mujeres, que las tomaban para procrear. A los rebeldes los mataban, sólo dejaban vivos a los que sabían hacer algo que ellos necesitaban", contó.
Legado. Hace tres años Jaime empezó a transmitir el idioma y la cultura de sus abuelos. "De chicos, nos prohibían que habláramos del aborigen: nos decían que no lo dijéramos a nadie por la discriminación. Hoy valoran las raíces indígenas", dijo.
Jaime recibió el idioma de su mamá, quien por 14 años se sentaba todas las noches para enseñarle palabras, pronunciación y significados. Lo hizo para que no se perdiera. "La transmisión del idioma fue entre mujeres, mi tatarabuela a mi bisabuela, ella a mi abuela y de ahí a mi mamá. Se elegía a la hija más inteligente para enseñarle, mi hermana murió joven, y me tocó a mí".
"Es feo ser el último, ser solo. Cada palabra que mis alumnos aprenden, es como una piedra que me saco de la mochila que siento en la espalda", dijo Jaime, quien da clases en el Museo Serrano y escribe un diccionario con palabras en esa lengua.
Jaime reside hoy en el humilde barrio El Morro de Paraná y junto a su familia protagonizó el filme El Guerrero Silencioso del entrerriano Adrián Badaracco, estrenado en diciembre de 2007 en el Museo Serrano de Paraná. El documental incluye la palabra de Pedro Viegas Barros, investigador del Conicet y del Instituto de Lingüística de la Universidad de Buenos Aires, quien legitima el testimonio.