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"Ya no estamos tranquilos aquí", aseguró un rosarino que reside en la capital belga

Nicolás Nagel vive con su familia desde hace cuatro años. En una nota con La Capital, afirmó que el atentado modificó sus hábitos y también la percepción sobre la conveniencia de permanecer allí.  

Sábado 26 de Marzo de 2016

“Con mi esposa decidimos venir a vivir a Bruselas para escapar de la inseguridad en nuestro país, pero ahora ya no nos sentimos tan seguros aquí y no descartamos volver”. Nicolás Nagel responde el teléfono en su casa de Ixelles, un barrio multicultural y de moda de la capital de Bélgica. El y su mujer, Cristina Casas, son ingenieros industriales y viven allí desde hace cuatro años junto con su pequeña hija. Los atentados del martes no los afectaron directamente. No hay nadie lastimado en la familia ni entre sus amigos, pero el temor a que se repitan modificó sus hábitos y también su percepción sobre la conveniencia de permanecer allí. “Estamos preocupados, ya no se puede estar tranquilos aquí”, afirma.

   Es de noche en Bruselas. Pasaron unas pocas horas después de los feroces ataques del Estado Islámico en el aeropuerto de Zaventem y la estación del subte de Maalbeek. En el hogar de Nagel y Casas los teléfonos suenan con insistencia. Son familiares y amigos que llaman o envían mensajes de WhatsApp desde Rosario. Todos quieren si están bien después de los atentados. “Gracias a Dios no nos pasó nada”, explica Nagel, quien la mañana de los ataques estaba en su casa, trabajando y cuidando a su hija, y no escuchó las detonaciones pese a que Ixelles está a sólo tres estaciones de metro de Maalbeek. “Me había quedado en casa esa mañana, pero Cristina fue a trabajar y no pudo regresar hasta muchas horas después”, cuenta.

   La oficina de ella queda a un poco más de un kilómetro del aeropuerto de Zaventem. Cristina llegó allí a las 8.10 de la mañana y enseguida se enteró de los atentados. “Lo primero que le dijeron es que no saliera”, recuerda su marido. La situación en la ciudad era bastante caótica y era difícil movilizarse. Cuando finalmente regresó a su hogar eran casi las seis de la tarde.

   Cuenta Nagel que en Bruselas están acostumbrados desde hace un tiempo a vivir bajo alerta por las amenazas terroristas. Dice que eso no afecta sensiblemente la vida cotidiana, pero confiesa que al menos él suele sentir un temor muy específico. “Aquí casi no usamos el auto y nos movemos en el transporte público, pero eso es algo a lo que muchas veces le tengo miedo”, afirma el joven.

— ¿Esperaban un atentado, imaginaban que podía suceder?

— Siempre tenemos temores pero sinceramente no pensábamos que pudieran ocurrir atentados como estos. Hace pocos días habían detenido aquí mismo al supuesto ideólogo de los atentados terroristas en París y pensábamos que eso era algo positivo. No imaginábamos que pudiera pasar lo que pasó.

   Nagel y su mujer no sólo utilizan el metro para desplazarse por la ciudad. También pasan con frecuencia por el aeropuerto, cuando viajan por trabajo o cuando vienen a Rosario a visitar a sus familiares. Cuando atiende a La Capital, él no oculta su impresión por el atentado que ocurrió allí. “Fue en la entrada, donde la gente toma café antes de hacer el checking de su vuelo”, ilustra. Y añade, con algo de espanto: “Es un aeropuerto muy importante, siempre hay mucha gente allí”.

   Un dato que aporta desde el lugar de los hechos es el esfuerzo de las autoridades e incluso de los habitantes para seguir adelante a pesar del horror. Hace algunas semanas Bruselas estuvo en alerta máxima ante la posibilidad de que se registraran atentados terroristas, y eso se tradujo en el cierre de las escuelas, el bloqueo del metro y mucha presencia policial y militar en toda la ciudad. “Estos días, a pesar de lo que pasó, todo funciona con la mayor normalidad posible y es como si el gobierno quisiera transmitir el mensaje de no sembrar el terror”, reflexiona.

   Hace cuatro años, cuando partieron hacia Bruselas, Nagel y Casas buscaban oportunidades laborales y una vida más tranquila que en Rosario. El se vinculó a empresas del área de la medicina, y ella de la indumentaria. Trabajan mucho y cuando pueden vuelven a Argentina. La última vez fue para la Navidad. Entonces no imaginaban que menos de tres meses después, la vida en Bruselas ya no sería la misma. “Vinimos aquí a hacer experiencia en nuestras profesiones y para escaparnos de la inseguridad, pero estos atentados nos hacen repensar la decisión y nos obligan a evaluar la posibilidad de volver”, confiesa Nagel, de 31 años. Luego se toma unos segundos para pensar y agrega, apesadumbrado: “Parece que tampoco se podrá vivir tranquilo acá”.

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