El Mundo

Una muestra examina la complicidad entre Hitler y la sociedad alemana

Una exposición en Berlín intenta explicar el papel del pueblo que aceptó al dictador nazi. Desde un ángulo crítico resalta cómo la sociedad presenció en silencio todo tipo de crímenes.

Jueves 14 de Octubre de 2010

Berlín.— Adolf Hitler y el nazismo son temas que nunca han dejado de tener actualidad en Alemania, ni siquiera en nuestros días, más de seis décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hasta ahora ninguna exposición se había centrado en el papel que ejerció en esa historia el pueblo alemán.

"Sobre Hitler aún no se ha dicho todo", reiteran los curadores de la exposición "Hitler y los alemanes. Comunidad y crímenes", que puede visitarse en el Museo de Historia de Berlín. Más que una biografía del dictador, esta exposición es una historia de la sociedad que lo empujó al poder y que se autocondenó de esta manera a sufrir las consecuencias el resto de su historia.

El tema se aborda desde una novedosa doble perspectiva: el papel de Hitler y su dictadura "desde arriba", y la complicidad y vinculación de la sociedad "desde abajo".

Así, se analizan con detenimiento las condiciones políticas y sociales de la época y la actitud y actuación de los alemanes que apoyaron a Hitler, en un intento de romper tabúes y descifrar por qué el dictador ejerció tanto poder de fascinación sobre ellos.

La gran obsesión. En todos los apartados de la muestra se intenta dar respuesta a la misma pregunta: ¿cómo fue posible que el régimen nazi, con Hitler en el poder —responsable de la guerra, los crímenes y el genocidio—, siguiera gozando hasta el final de una amplia aceptación entre la sociedad alemana?

Para describir esa complicidad, la exposición examina toda la vida política de Hitler, desde el fallido golpe de Estado que llevó a cabo en 1923, pasando por su subida al poder en 1933, la formación del Estado que diseñó y de la sociedad que lo pobló, la dura persecución de todos los grupos que no tenían cabida en el "Reich", la guerra de exterminio y el país que dejó.

En todos esos apartados se vincula directamente al pueblo alemán, “que en todo momento vio con sus ojos cómo se cometían los crímenes. Nada se hizo secretamente”, recalcó ayer Hans-Ulrich Thamer, uno de los tres curadores de la exposición.

Tiempos de propaganda. Los alemanes fueron testigos presenciales de la formación de guetos, de la creación de campos de concentración y exterminio, de la destrucción de sinagogas, del asesinato de civiles en las calles y de la ocupación de Europa del Este, según se expone en la muestra, en la que puede verse, por ejemplo, un cartel propagandístico que ilustra cómo se degradaría la sociedad alemana a largo plazo si dos disminuidos tuvieran cuatro hijos y una pareja no disminuida diera a luz dos.
  Esa propaganda mostraba el poder de atracción de Hitler y su carisma, pero no el potencial de violencia y fanatismo que se derivaba necesariamente de él. “Aquí no hacemos un héroe de Hitler”, recalcó otra de las curadoras, Simone Erpel. “En la exposición se trata el tema desde una distancia crítica”, agregó.
  Ejemplo de esto es que uno de los pocos objetos pertenecientes al dictador, un escritorio que se encontraba en la Cancillería que él ocupó y que hasta ahora nunca se mostró al público, se expone en un lugar relativamente escondido, sin protagonismo.
  
Nada para idolatrar. A excepción de ese mueble, no hay ningún objeto real que pueda llevar a idolatrar al dictador o que pueda servir de cebo a neonazis. Ninguno de los 32 uniformes mostrados son originales, todos se encargaron a empresas textiles especializadas.
  En la exposición se exhiben más de 600 objetos, entre ellos 400 fotografías. Se destacan las numerosas ediciones de “Mein Kampf” (Mi lucha) —una de ellas incluso en español— y obras de arte contemporáneo que tienen a Hitler como elemento de inspiración. Con todo ello se intenta arrojar luz sobre un tema que en Alemania forma parte de la vida política y cultural y ocupa a todas las generaciones, desde la infancia hasta la edad adulta.
  “Con Hitler no hemos terminado de ninguna manera”, se lee en uno de los últimos carteles de la exposición, en el que se lamenta que, durante décadas, los alemanes guardaran silencio para pasar capítulo y sólo responsabilizaran de lo sucedido a Hitler y a los más altos jerarcas nazis, en vez de al común de la sociedad. l (DPA)

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