Una Italia en decadencia se siente pesimista ante su futuro
Si se le pregunta a la mayor parte de los extranjeros qué es lo les viene a la mente cuando piensan en Italia, es probable que la respuesta contenga palabras como estilo, arte y moda. Pero si se le formula la pregunta a un italiano, la respuesta más probable será “deterioro” o “declinación”.

Domingo 27 de Enero de 2008

Roma - Si se le pregunta a la mayor parte de los extranjeros qué es lo les viene a la mente cuando piensan en Italia, es probable que la respuesta contenga palabras como estilo, arte y moda. Pero si se le formula la pregunta a un italiano, la respuesta más probable será “deterioro” o “declinación”.
  Italia contabilizó la mayor caída en el deseo de consumo del mundo en la segunda mitad de 2007, según un sondeo semestral en 48 países desarrollado por la firma de información financiera Nielsen. Los italianos viven bajo una “nube de tristeza”, señala el informe.
  Las conclusiones no sorprenden a nadie que viva en Italia. La prolongada crisis de la basura que ha llenado las calles de Nápoles con desechos en descomposición es simbólica del estado de ánimo popular.

Como Inglaterra en los 70. La Italia actual recuerda de algún modo a la Gran Bretaña de la década del 70, cuando la basura en las calles durante el “invierno del descontento”, pleno de huelgas, fue también emblemático del aparentemente imparable deterioro nacional.
  Italia es la tercer mayor economía de las 15 naciones de la zona del euro, pero su infraestructura es inadecuada y anticuada, lo que desentona con su posición en el G-7, el grupo de los siete países más poderosos del mundo.
  Hace más de una década que el crecimiento se ha quedado atrás respecto de sus pares de la zona euro, afectado por un débil consumo. El poder adquisitivo ha sido erosionado por los salarios estancados y el aumento de los precios de los productos básicos.
  Desde 1990, la producción ha perdido su impulso y el Producto Interno Bruto (PIB) ha crecido 15% menos que el promedio de la Unión Europea. Esto deja a Italia con el desempeño más débil en una de las zonas de crecimiento más lento en el mundo. Se prevé que la tendencia continúe este año y en el futuro, a pesar de la reciente reactivación de las exportaciones.

Altri tempi. Pero las cosas no siempre fueron así. Aún después del milagro económico de la posguerra, en las décadas de los 50 y 60, Italia todavía crecía más rápidamente que la mayoría de sus socios comerciales, durante gran parte de la década de los 80.
  Los diarios italianos están llenos de sondeos y editoriales sobre la falta de fe de los ciudadanos en sus líderes, con un debate en curso sobre si el país está en decadencia (cuya respuesta es invariablemente que sí), cuán profundo es el deterioro y si es irreversible o no.
  “No hay ni esperanza ni enojo, ni compromiso ni voluntad de cambio, solamente una gran resignación,” escribió hace poco el sociólogo Luca Ricolfi en el diario La Stampa. “Nadie es capaz de hacer planes porque nuestra política transmite un mensaje diario de incertidumbre”, agregó. A esto puede agregarse la renuncia esta semana del primer ministro Romano Prodi, ocurrida después de ser derrotado en un voto de confianza en el Senado. Cumplió apenas 20 meses de un mandato de cinco años.
  La continua pugna entre los partidos produce una inercia política incluso cuando los gobiernos se las arreglan para perdurar.
  La sensación de decadencia se vio exacerbada cuando la Eurostat —la agencia de estadísticas de la Comisión Europea— anunció en diciembre que España había superado a Italia en términos de PIB per cápita, dejando solamente a Grecia y Portugal detrás de Italia en la zona euro.
  La sensación de pesimismo es tan dominante que el presidente Giorgio Napolitano sintió la necesidad de usar su mensaje de Año Nuevo para urgir a los italianos a no “ceder ante la pérdida de confianza.” Prodi y Franco Marini, titular del Senado, hicieron comentarios similares. Pero los italianos no parecen estar escuchando.
  “Por supuesto que estamos en decadencia, comparados con nuestros socios europeos, pero por sobre todo con respecto a nuestras expectativas si las comparamos con las de nuestros padres, y las de nuestros hijos serán incluso más bajas,” dijo el aeromozo Alberto Mazzali, quien vive en Roma.
  Hace 20 años, a los extranjeros podía resultarles irritante escuchar con tanta frecuencia que nadie sabía vivir como los italianos. Ahora es más probable que les pregunten qué los indujo a vivir en un lugar como Italia.

¿Y el bien común? El filósofo Umberto Galimberti dice que los italianos deben hacerse cargo de la falta de valores cívicos que ha erosionado la calidad de vida en el país. “Nuestra sociedad está fragmentada, no tiene el concepto del bien común, lo que que conduce al comportamiento inmoral de parte de todos”, dijo en un reciente programa televisivo.
  La mayoría de los italianos culpa a sus políticos, y es fácil comprender la razón.

El increíble gasto político. El aparato político del país cuesta el doble que el de Francia y Alemania, cuatro veces el de Gran Bretaña y 10 veces más que el de España. Y bajo ningún concepto presenta una buena relación costo-calidad.
  Los procedimientos parlamentarios son tan lentos que las reformas pueden demorar años en ser aprobadas y, después de enmiendas de decenas de partidos, terminan siendo invariablemente una débil imagen de los planes originales. Un buen ejemplo son los debates que en la actualidad encabeza el líder de centroizquierda Walter Veltroni sobre cómo debería Italia reformar sus ineficientes instituciones. Hace once años, el ex primer ministro Massimo D’Alema lideró una comisión interpartidaria con el mismo objetivo. Mientras tanto, a pesar de los interminables debates, comités y negociaciones, no se ha logrado virtualmente nada.

Una respuesta: nada. Una estática sociedad que envejece y una dirigencia débil son vistas como los puntos claves del problema italiano. Al ser consultado sobre qué habría causado 20 años de decadencia en Italia, el profesor de economía de la Universidad de Chicago Luigi Zingales indicó: “Paradójicamente, la respuesta es: nada. No ha pasado absolutamente nada. Nuestro país, con sus intereses creados, su corrupción, su ineficiente sector público, su evasión impositiva, ha permanecido exactamente igual, pero el resto del mundo ha cambiado”.

Negociaciones sin pausa. En tanto, la política sigue adelante. Napolitano continuaba ayer una ronda de consultas con líderes de partidos para encontrar una salida a la crisis política. Algunos consultados prefieren elecciones anticipadas, pero otros optan por un gobierno provisional que haga reformas institucionales. El ex ministro de Justicia Clemente Mastella, cuya retirada de la coalición de centroizquierda llevó a la caída del gobierno de Romano Prodi, fue uno de los primeros en reunirse ayer con Napolitano, en el segundo día de consultas. “Queremos elecciones políticas anticipadas y abrir después una nueva fase constituyente, con un nuevo pacto constitucional y generacional,” dijo Mastella a la salida de la reunión. El presidente seguirá con las consultas hasta el martes por la tarde. Napolitano espera encontrar un candidato para dirigir un gobierno provisional que modifique la ley electoral aprobada por el anterior gobierno de centroderecha de Silvio Berlusconi, y a la que se culpa por gran parte de la inestabilidad política. Berlusconi, en cambio, presiona por elecciones inmediatas, dado que está adelante en todos los sondeos. l