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Un trágico episodio de la Guerra Fría detrás del hallazgo del Titanic

"Morir en un submarino puede ser atroz, como pasó en el Kursk, pero a veces el mar es misericordioso: las tripulaciones de nuestros dos sumergibles nucleares de ataque USS Scorpion y USS Thresher tuvieron un final rápido", dijo al diario El País el vicealmirante estadounidense Nils Thunman, ex jefe de operaciones navales para la guerra submarina del Pentágono.

Domingo 13 de Julio de 2008

Washington. — "Morir en un submarino puede ser atroz, como pasó en el Kursk, pero a veces el mar es misericordioso: las tripulaciones de nuestros dos sumergibles nucleares de ataque USS Scorpion y USS Thresher tuvieron un final rápido", dijo telefónicamente al diario español El País el vicealmirante estadounidense Nils Thunman, ex jefe de operaciones navales para la guerra submarina del Pentágono. Thunman, con una carrera de 35 años en sumergibles —sirvió en cuatro naves y comandó la flota de submarinos del Pacífico—, cuenta su experiencia a bordo de esos ataúdes subacuáticos. Su historia de mar favorita, explica a El País, comenzó el día que entró en su despacho el explorador subacuático Robert Ballard y le pidió ayuda para encontrar al emblemático transatlántico Titanic, hundido en 1912. "Pensé que aquel joven entusiasta no tenía ninguna oportunidad, que era una idea loca, pero le dije que nos podíamos ayudar mutuamente, y así lo hicimos", rememora el marino retirado desde Springfield (Illinois).

  Comenzó así una de las misiones secretas más alucinantes, digna de la más aventurera película de espionaje: un pacto entre Ballard y la fuerza naval estadounidense. Por este acuerdo, el explorador recibiría apoyo y financiación para su búsqueda a cambio de que, usando la misión del Titanic de tapadera, investigara las tumbas bajo el Atlántico de los submarinos nucleares Scorpion y Thresher, avanzados y silenciosos depredadores perdidos en los 60, en plena Guerra Fría. El viceamirante dijo que la marina quería saber por qué se habían hundido, y si había fuga radiactiva de sus reactores.

 

Preciado botín. "Queríamos saber si los soviéticos, los habían visitado". La preocupación era natural: el Scorpion se fue pique con dos torpedos con cabeza nuclear, un sabroso botín para los rusos.

  El acuerdo, que parece un extravagante cruce entre las películas "Titanic" y "La caza del Octubre Rojo", se selló en 1982. El explorador Ballard se hizo a la mar, localizó y estudió con su avanzada tecnología —financiada en buena parte por la marina— ambos sumergibles, descubriendo datos valiosísimos para el Pentágono. Recién en 1985, cumplido su parte del trato, el explorador siguió adelante con su meta y localizó al Titanic. El misterio final del Titanic, la historia de que su hallazgo dependió de un capítulo secreto de la Guerra Fría y que el rutilante transatlántico se hermanó bajo el océano con dos mortales submarinos nucleares, se pudo conocer ahora al desclasificarse la información sobre la operación. "La marina estaba muy interesada en la tecnología que habíamos desarrollado", explicó recientemente Ballard. "Querían saber por qué se habían perdido sus dos submarinos. Sus datos al respecto eran limitados. No fue realmente una búsqueda, porque conocían el lugar en que se hallaban. Hicimos lo que nos pidieron, compartimos nuestra tecnología, llevamos cámaras a los sumergibles, realizamos un reconocimiento minucioso y luego nos quedó tiempo para encontrar el Titanic".

  El Thresher —nombre inglés del tiburón zorro, de larga aleta caudal— y el Scorpion son los dos únicos submarinos nucleares perdidos por EEUU y fueron diseñados para dar caza a sus homólogos soviéticos. El primero, de 85 metros de eslora fue botado en 1960 y se hundió el 10 de abril de 1963 frente a las costas de Nueva Inglaterra, con toda la tripulación: 16 oficiales y 96 hombres. El Scorpion, de 76,8 metros, botado en 1959, con 8 oficiales y 75 hombres, se fue a pique el 22 de mayo de 1968 a 740 kilómetros de las islas Azores.

  El Thresher se hundió mientras realizaba maniobras con el barco de rescate submarino USS Skylark, que no pudo salvar a nadie, pero al menos dio testimonio de la catástrofe. Según las evidencias, mientras descendía en busca de su profundidad límite, el sumergible sufrió un reventón en una tubería de agua salada que provocó una inundación y un cortocircuito en el sistema eléctrico, lo que causó un apagado automático (scram) del reactor nuclear. Sin propulsión, incapaz de conseguir potencia suficiente para ascender, el Thresher cayó hacia el fondo. En algún momento entre los 400 y los 600 metros (profundidad por debajo de la que no podía resistir estructuralmente) fue aplastado por la presión. Desde el Skylark se pudo escuchar el espantoso sonido de los compartimentos del submarino al ceder estrujados como una lata de cerveza. "Durante un mínimo instante, supieron que iban a morir", relató Thunman. "Pero la muerte en sí probablemente no tardó más de uno o dos segundos", agregó acongojado el viejo oficial submarinista.

 

"Hermandad subacuática". Interrogado sobre el horror que debe haber vivido esa tripulación, Thunman se muestra renuente. "Los submarinistas somos como una hermandad, una «band of brothers subacuática»; no nos gusta hablar de eso, los familiares aún viven y les resultaría doloroso", dice. Lo más sorprendente de la historia del Titanic, el Thresher y el Scorpion es que Ballard no habría hallado nunca el transatlántico, según él mismo dijo, de no ser por las operaciones previas en los submarinos. Tras cumplir su parte del pacto, le quedaban apenas dos semanas para dedicarlas a su obsesión. "Era una misión casi imposible, dada el área a explorar", dijo. Empezó a buscar no el barco, sino su rastro, lo que le permitió abarcar zonas mucho más grandes que el simple casco. Y finalmente lo encontró.

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