Viernes 18 de Noviembre de 2022
Durante 10 días, Alesha Babenko estuvo encerrado en un sótano y fue torturado y golpeado reiteradamente por soldados rusos. Atado, con los ojos vendados y torturado con electroshocks, el ucraniano de 27 años les rogó que parasen. “Pensé que iba a morir’’, le dijo a Associated Press.
En septiembre, Babenko y su sobrino de 14 años, Vitaly Mysharskiy, fueron arrestados por soldados rusos que ocupaban su aldea de Kyselivka en la región de Jersón, en el sur de Ucrania. Ellos habían estado tomando fotos de tanques rusos destruidos y enviándolas al ejército ucraniano. Sentado en un banco afuera de su casa, Babenko está claramente alterado al relatar el trauma de ser metido en un auto, llevado a la ciudad de Jersón e interrogado hasta que “confesó”. El rostro de su sobrino no parece el de un chico de 14 años: luce envejecido, con una mirada dura.
Los abusos perpetrados por las tropas rusas se han generalizado, de acuerdo con la ONU y grupos de derechos humanos. La situación es particularmente preocupante en la región de Jersón, donde centenares de aldeas, además de la ciudad principal, fueron liberadas de la ocupación rusa a inicios de noviembre. Fue uno de los mayores éxitos militares de Ucrania en la guerra de casi 9 meses, asestando un nuevo golpe duro al Kremlin.
La ONU dice que intenta verificar acusaciones de 90 casos de desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias en Jersón y determinar si la magnitud de los abusos es mayor que lo que ya se ha documentado. Las autoridades ucranianas han iniciado ya más de 430 causas por crímenes de guerra en la región de Jersón e investigan cuatro presuntos sitios de torturas, dijo Denys Monastyrski, ministro ucraniano del Interior, en declaraciones a la televisión local. Las autoridades han encontrado 63 cadáveres con indicios de tortura cerca de Jersón. Agregó que la investigación de crímenes de guerra en la región apenas comenzaba. El miércoles, reporteros de Associated Press vieron el interior de uno de esos lugares de tortura en un centro de detenciones en Jersón. Los soldados rusos parecen haberse ido apresuradamente, dejando banderas y retratos del presidente Vladimir Putin en el suelo bajo vidrios rotos. Los vecinos describen un flujo constante de personas esposadas llegando al lugar, con las cabezas cubiertas por capuchas. Los pocos a quienes se permitía irse lo hacían sin zapatos ni efectos personales. Grupos de derechos humanos dicen que es demasiado pronto para saber si los abusos en Jersón estuvieron al mismo nivel que en otras áreas liberadas, pero es muy probable.
Gasoductos atacados
Una investigación realizada por Suecia sobre las explosiones ocurridas a fines de septiembre en los gasoductos Nord Stream I y II, que conectan Rusia con Alemania bajo el mar Báltico y proveen a Europa, confirmó que en ambos casos se trató de sabotajes.
“Los análisis que se han realizado muestran restos de explosivos en varios de los objetos extraños encontrados”, dijo en un comunicado el fiscal Mats Ljungqvist, encargado de la investigación abierta tras el hallazgo de cuatro enormes fugas de gas. Aún sigue siendo un misterio quién es el responsable del ataque. Los aliados occidentales de Kiev acusan al Kremlin, que lo niega. Se documentaron “daños graves en las cañerías de gas provocados por detonaciones”. Estos gasoductos están en el centro de tensiones geopolíticas desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania por la decisión de Moscú de usar los hidrocarburos como represalia por las sanciones occidentales y cortar el suministro a Alemania y otros países.