El Mundo

Trump, intransigente a dos semanas del cierre del gobierno

Las negociaciones con los demócratas se mantienen trabadas. Mientras, unos 800.000 empleados permanecen en sus casas con los sueldos suspendidos.

Domingo 06 de Enero de 2019

Muchos empleados federales se plantean cómo pagar el alquiler, la hipoteca o los gastos del hogar. Unos 800.000 funcionarios en Estados Unidos se hallan en casa desde hace dos semanas, con el sueldo suspendido, o acuden a ejercer su tarea sin cobrar, porque desarrollan labores "esenciales". Unos y otros esperan recuperar ese dinero una vez que republicanos y demócratas, con la bendición del presidente Donald Trump, lleguen a un acuerdo que permita financiar al gobierno y se acabe el cierre parcial de la administración. De momento deberán seguir esperando, experimentando la angustia de los rehenes.

   Trump no tiene ningún mensaje para ellos. Hace unos días lanzó un tuit: "¿Se dan cuenta los demócratas de que la gente que no recibe el salario son demócratas?".? Nada más, ni una demostración de empatía. El viernes, en rueda de prensa, le preguntaron si tenía un mensajes para ellos. Se olvidó de responder. Se salió por la tangente. "Me siento orgulloso de hacer lo que hago. Yo no lo llamo cierre del gobierno, sino que trabajo por la seguridad de mi país". También describió la parálisis federal como una "huelga".

   Una vez más reiteró que si no le dan 5.600 millones de dólares para el muro con México, no hay acuerdo. Pero introdujo una variante: está dispuesto a aceptar que sea de acero estadounidense. "Será mas bonito", recalcó.

   Nancy Pelosi formó parte el miércoles de la delegación demócrata que, junto a los republicanos, se reunieron con el presidente en la Casa Blanca. El viernes, ya como speaker de la Cámara baja del Congreso, Pelosi regresó al 1600 de Pennsylvania Avenue. Previamente había ironizado que está dispuesta a "dar un dólar" por esa pared. "Un muro es una inmoralidad", remarcó la noche del jueves en el Capitolio.

   Pelosi se marchó el viernes con la misma sensación de frustración de dos días atrás. "En algunos momentos ha sido un encuentro contencioso. Esto no se resolverá hasta que se abra el gobierno y negociemos la seguridad", remarcó a la salida. Junto a ella, Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, reiteró que hubo confrontación. "Le hemos explicado al presidente que necesitamos reabrir el gobierno. Pero él se resiste. De hecho, ha dicho que está dispuesto a mantener el cierre por un largo período, meses o años", sostuvo el senador.

   Al cabo del rato emergió Trump, que ofreció una visión, en apariencia, opuesta. Después de darse palmadas a sí mismo por los buenos datos del mercado laboral, el presidente calificó "de muy productiva" la reunión y anunció la creación de una comisión de negociación a lo largo de este fin de semana. Dejó claro, por supuesto, que los 5.600 millones son obligatorios. También indicó que sopesa declarar la emergencia nacional en la frontera sur para financiar la construcción del muro y así saltarse al Congreso. Durante las preguntas, el tema quedó algo enturbiado. "Sí, lo dije. Estoy preparado para un cierre por largo tiempo y los republicanos de la Cámara y del Senado tienen la sensación de que esto es necesario, de que sin fronteras no hay país", aceptó.

   Su referencia a los congresistas conservadores tenía como trasfondo el factor de que los demócratas, estrenada su mayoría en la Cámara baja, aprobaron dos resoluciones el jueves para abrir el gobierno y financiar a las agencias ahora cerradas. Hubo siete republicanos que cambiaron de bando. La Casa Blanca avisó que el presidente ejercerá el veto a cualquier iniciativa que no incluya los 5.600 millones.

Pérdida de tiempo

A la vista de este pronunciamiento, Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, aseguró que no pondrá en el parquet ninguna propuesta con la que no esté de acuerdo el presidente. Les dijo a los demócratas que "es una pérdida de tiempo". Pero dos colegas de partido, Cory Gardner y Susan Collins, rompieron la unanimidad al solicitar que esos proyectos legislativos se discutan en el Senado. Esta crisis se ha encabalgado con otra, propiciada por la sugerencia de Pelosi de que la Cámara de Representantes no descarta la búsqueda del impeachment o imputación del presidente. Esto creció el viernes al difundirse las palabras de Rashida Tlaib, una de las dos primeras musulmanas en la cámara, que afirmó: "Vamos a hacer un «impeachment» (destitución) a ese hijo de puta", en relación al presidente. Según Trump, "el presidente que hizo en dos años más que ningún otro presidente en la historia del país, no puede ser imputado". También calificó de "comentario desgraciado" lo que dijo Tlaib. "Es una deshonra para ella y su familia, su hijo estaba delante, y muestra poco respeto por Estados Unidos", insistió. Pelosi, que ya empezó a ser su sombra, había hablado sobre este asunto. "No me gusta ese lenguaje —replicó— y no lo utilizaría, pero no es nada peor de lo que ha dicho el presidente".

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