El Mundo

Trump admitió que compró el silencio de dos amantes, pero con dinero propio

El presidente descartó haber cometido delito de financiación ilegal de campaña electoral, y cargó contra su ex abogado Michael Cohen.

Jueves 23 de Agosto de 2018

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se defendió ayer como mejor sabe hacerlo. Negándolo todo. Y atacando. En primer lugar a su ex abogado personal y hombre de absoluta confianza, Michael Cohen, que el martes se declaró culpable de delitos tan graves como fraude bancario, fraude fiscal y violaciones a la ley de financiación de campañas políticas. En algunos de esos delitos, Cohen implicó al mismísimo presidente. Quizá porque gracias a su colaboración con la Justicia podría ver reducida su pena en un juicio cuya sentencia se dictará el 12 de diciembre, un mes después de las elecciones legislativas de noviembre.

No obstante, es indudable que este primer revés judicial pasará factura a un presidente republicano que sigue manteniendo un importante apoyo entre sus electores. Michael Cohen, quien fue su abogado personal durante años, reconoció el martes haber dado dinero a una ex actriz de cine porno y a una ex modelo de Playboy en los meses previos de las elecciones de 2016 a cambio de su silencio, y con el fin de favorecer la imagen del entonces candidato republicano, siguiendo órdenes de Trump. Así, implicó bajo juramento al mandatario en un delito de financiación ilegal.

Desmentida

Trump negó ayer haber ordenado la entrega de sobornos a esas dos mujeres poco antes de las elecciones presidenciales de 2016, contradiciendo así a su ex abogado personal. Durante una entrevista con la emisora Fox News, afín al republicano, Trump afirmó que recién supo "a posteriori" de estos pagos y alegó que no se trató de dinero proveniente de los fondos de la campaña electoral. Por esa razón no se puede señalar que se violaron leyes vinculadas con el financiamiento de campañas electorales, argumentó.

La actriz conocida como Stormy Daniels (Stephanie Clifford) y la ex modelo Karen McDougal aseguraron que tuvieron relaciones sexuales con Trump entre 2006 y 2007, cuando en magnate ya estaba casado con Melania, y que recibieron 130.000 y 150.000 dólares respectivamente por callar. Cohen reconoció ahora que se encargó él mismo de gestionar esos pagos antes de las elecciones presidenciales, lo que constituye una violación de las leyes de financiación de campaña en la que señala a su cliente como instigador. Cohen recuperó luego esas cantidades a través de facturas falsas a la oficina del candidato por servicios legales prestados, violando de esta forma la legislación sobre financiación de campañas electorales. Acosado, Trump arremetió contra Cohen, al que acusó de habérselo inventado todo para llegar a un acuerdo. "Si alguien está buscando un buen abogado, sugiero encarecidamente que no contrate los servicios de Michael Cohen!", escribió Trump en Twitter. Al respecto, el representante legal de Cohen, Lanny Davis, advirtió ayer de que la confesión supone "un nuevo comienzo" para su cliente y la oportunidad de "contar el resto de la historia". Lo que hay en ese amenazante "resto de la historia", es decir, cuántos trapos sucios conoce quien fuera conocido como "el pitbull de Trump", y hasta dónde está dispuesto a decir, está por verse.

Otro frente abierto

Pero no es este el único frente judicial que tiene abierto el presidente estadounidense. Al mismo tiempo que Cohen reconocía su culpabilidad, el ex jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, era condenado el martes por ocho delitos de fraude fiscal y bancario. Aunque en esta sentencia no salió explícitamente el nombre de Trump, el de Manafort (que aún debe responder por siete cargos más) es una ramificación del Rusiagate (la implicación de Moscú en la campaña presidencial estadounidense de 2016), cuya investigación lidera el fiscal Robert Mueller, ex director del FBI. Y esta es, sin duda, la mayor amenaza que pesa sobre Trump, ya que Mueller lleva muy avanzada la investigación sobre la supuesta injerencia del Kremlin en las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Las pesquisas están estrechando el cerco sobre miembros del entorno más íntimo del inquilino de la Casa Blanca, entre los que estaba Manafort, pero Mueller pretende demostrar que detrás de la destitución de James Comey se esconde un posible delito de obstrucción a la Justicia, ya que el entonces director del FBI era el responsable de la investigación sobre la eventual trama rusa. Y este delito podría forzar un "impeachment" (juicio político) contra Trump, si lo permite una mayoría en el Congreso. Las resoluciones de la Justicia están poniendo de manifiesto que no se está ante una "caza de brujas", como denuncia el presidente, sino ante el descubrimiento de una posible organización delictiva en torno a Trump.

Tras atacar a Cohen, Trump le manifestó ayer su respeto a Manafort luego de que fuera encontrado culpable de ocho cargos de delitos económicos y criticó a su propio Departamento de Justicia. "Me siento muy mal por Paul Manafort y su maravillosa familia. «Justicia» tomó un caso de impuestos de 12 años atrás, entre otras cosas, aplicó una tremenda presión sobre él y, a diferencia de Michael Cohen, rechazó «quebrarse», inventar historias para lograr un «acuerdo». Tanto respeto por un hombre tan valiente!", sostuvo Trump.

El escándalo supone un terrible golpe para el Partido Republicano cuando faltan poco más de dos meses para las elecciones de mitad de mandato («midterm elections») de noviembre, en las que se renuevan toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Una victoria demócrata en el Congreso —que posee la autoridad constitucional para iniciar el procedimiento del «impeachment»— podría alentarles. "A partir de noviembre pueden cambiar las cosas. Un montón de indicios apuntan a que los demócratas tienen bastante ventaja, sobre todo en la Cámara de Representantes, donde ganarían 70 escaños según las encuestas más optimistas. Tradicionalmente el partido que ocupa la Casa Blanca pierde escaños. Pero Trump es impredecible y su respaldo electoral resulta muy difícil de medir", explica el analista Pedro Rodríguez.

Para colmo de males, el «caso Omarosa» sigue su curso. Las filtraciones de la ex asesora afroamericana de Trump —Omarosa Manigault Newman— alimentan el debate sobre el supuesto racismo y los problemas mentales del presidente. Se ha comprometido a publicar "material explosivo" con el que hacer campaña contra el Partido Republicano en las semanas previas a las elecciones de noviembre.


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