El Mundo

Tras la masacre, París amaneció en "cámara lenta" y con poca gente en las calles

Andenes del metro y bares semivacíos, el Louvre y la Torre Eiffel estuvieron cerrados. 

Domingo 15 de Noviembre de 2015

París pareció vivir ayer en cámara lenta tras los sangrientos atentados del viernes, que motivaron el cierre del Louvre o la Torre Eiffel, desconcertando a los turistas. “Abrimos a las siete de la mañana y desde entonces no vino nadie”, contó Fatima, camarera en un bar del centro de París. “Habitualmente, en la mañana del sábado, siempre hay gente, personas que van a trabajar, vecinos del barrio”, agregó. “Pero esta vez, parece que estuvieron todos un poco perdidos”, afirmó, mirando a los pocos transeúntes que pasaban por el lugar.

   Ayer, París amaneció atontada, grogui. Los andenes de metro estuvieron semivacíos y en las calles hubo menos circulación que de costumbre. En los grandes bulevares, donde están los grandes almacenes, también hubo poca gente. El gran almacén Printemps permaneció cerrado. En los Campos Elíseos también hubo varias tiendas cerradas, al igual que los museos y salas de espectáculos públicos de la región de París, el Jardín de las Tullerías, la Torre Eiffel o las principales salas de cine.  En la plaza de la Concordia, algunos turistas se sacaron fotos mientras hablaban de los atentados del día anterior. Pese a todo, los parisinos sacaron a pasear al perro, compraron el diario o salieron a correr, mientras militares con ropa de combate patrullaban visiblemente en las estaciones ferroviarias. “Tengo miedo de mirar a la gente a la cara, de lo que puedan pensar o hacer. Yo soy árabe. ¿Se da cuenta?”, dijo Fatima, en el bar.

   Un cliente, Luc, de 46 años, entró en el bar: “No logro entender. Nos dicen que desbarataron atentados, que detuvieron gente y ahora hay tipos que le disparan a todo el mundo en una sala de conciertos en pleno París. No es normal que no seamos capaces de proteger esta ciudad”.

   La policía instaló un retén en un cruce del bulevar Jules Ferry. En las cercanías se encuentra la sala de conciertos Bataclan, donde los terroristas masacraron la noche anterior a al menos 90 personas. En la tarde de ayer, curiosos se acercaron con cámaras a los cordones rojiblancos que impedían el paso. Policías revisaban las bolsas de transeúntes que querían entrar en la zona cerrada. La gente lo tomaba con calma. A las 9.30, delante del Louvre, sólo unas 15 personas esperaron que abra el museo. Uno de ellos era Lionel, un arquitecto de 45 años que vino solo de Ginebra a pasar el fin de semana en París. “No tengo ganas de volver a Ginebra o de esconderme en el hotel”, explicó. “Espero que abran. No hay que ser derrotista, si no, van a ganar ellos”, añadió, antes de que el museo abriera y luego cerrara a media mañana.

“Psicosis”. Franck y Astrid, que vinieron de la ciudad francesa de Vichy (centro) para festejar sus 16 años de casados, encontraron el museo de cera Grévin cerrado por el día, para expresar la “solidaridad con las víctimas”, según su directora general Béatrice Cristofari. De todos modos, había mucho menos público potencial de lo habitual, ya que “cientos de personas” suelen venir a visitar el museo los sábados de mañana. “Dudamos en salir y al final decidimos salir igual”, dijo Franck.

   “Hoy (por ayer) la gente tiene demasiado miedo para salir y hacer una manifestación”, contó Astrid. El viernes, atacaron “un bar, un restaurante, una sala de conciertos y el Estadio de Francia (...) Vamos a tener psicosis, no hay alternativa”, contó.

   Otro hombre llamado Franck, de 45 años de edad, estaba sentado en una mesa frente al prestigioso teatro de la Comédie Française (Comedia Francesa). “Anoche (por el viernes) teníamos previsto ir al Petit Cambodge”, un restaurante en el que tuvo lugar uno de los atentados, “pero mi amigo que trabaja allá se tomó el día libre porque el día anterior era su cumpleaños, por lo cual se salvó y nos salvamos nosotros también”.

   En la plaza de la República, donde se llevó a cabo una gran manifestación tras los atentados de enero en París, transeúntes encendieron velas y pusieron poemas para rendir homenaje a los muertos y heridos. Los policías los dejaron durante unos segundos y luego les pidieron que no permanezcan agrupados por razones de seguridad. El gobierno prohibió las manifestaciones.

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