El Mundo

“Tabaré Vázquez hará la plancha con la Argentina hasta que cambie el gobierno”

Uruguay y la tercera presidencia del Frente Amplio. Para el politólogo uruguayo Daniel Buquet, también habrá un cambio de matiz en la política exterior, con menos acento en Unasur.

Domingo 08 de Marzo de 2015

Daniel Buquet atiende el teléfono en la Universidad de la República en Montevideo y en pocos minutos queda establecida una buena sintonía con el entrevistador. Buquet, politólogo doctorado en la Flacso de México, cree que el nuevo gobierno de Tabaré Vázquez mostrará en política exterior un sobrio alejamiento del “foro progresista” de países que impulsan la Unasur “al que Mujica dio más prioridad”. En cuanto a la mala relación con Argentina, que Mujica trató de mejorar en vano, “el punto clave es esperar el fin del kirchnerismo. Gane quien gane (en Argentina)” las cosas mejorarán. Mientras tanto, “hay que hacer la plancha” y “esperar a diciembre”.

    —Parece que se consolida una interna en el Frente Amplio (FA) entre Tabaré Vázquez y Mujica, cada uno con su sector interno. Se dice que Tabaré dejó afuera de su gabinete al sector de Mujica. ¿Cómo ve esta división?

   —Aclaremos que no es tan así. Ante todo, la interna es más bien entre el sector de Mujica y el de Danilo Astori, quien fue su vice hasta hace una semana, antes que con Vázquez. Este, de alguna manera, viene a ser un líder de todo el FA, mientras que Mujica nunca tuvo esa condición, siempre fue el líder de una fracción interna, igual que Astori. Las dos más importantes. Vázquez siempre estuvo un poco por encima, mas allá de la cercanía ideológica con Astori. Por otro lado, el gabinete que designó Vázquez no es de su sector: incluye connontadas figuras del “mujiquismo”, en particular los ministros de Interior y Defensa (Eduardo Bonimini y Luis Rosadilla), que son los mismos del gobierno de Mujica. Son dos personas intimamente allegadas al ex presidente, dos “tupamaros”; además hay dos ministros más: Ganadería, que lo nombró Mujica y no es un militante sino un dirigente del campo, y la ministra de Industria. Esto no es nada peculiar, el FA, como antes los partidos tradicionales, arman sus gabinetes tomando en cuenta las corrientes internas. Hay otros ministerios, como Relaciones Exteriores y Educación, donde los designados son allegados muy directos a Tabaré Vázquez, no son nombramientos en función del FA. Pero esto también ha sido una constante en los gabinetes frenteamplistas. En las políticas que le importan personalmente, el presidente nombra a gente de su más íntima confianza, como ahora (por el canciller Rodolfo Nin Novoa y la titular de Educación, la médica María Julia Muñoz, quien trabajó con Vázquez desde sus tiempos de intendente de Montevideo). En Exteriores, el presidente creo que quiere algún cambio de matiz. Y en Educación hay una prioridad política, porque la educación, sin contar la inseguridad, que es el tema de mayor preocupación ciudadana por lejos, es la segunda prioridad, que antes no lo era. Los dos gobiernos anteriores del FA hicieron reformas educativas que fracasaron o lograron poca cosa. Esto explica que la ministra de Educación en lugar de ser una experta o líder de un sector interno sea una figura de la íntima confianza del presidente, que sea el brazo ejecutor de las reformas que se propone hacer. Ahora, es cierto que la visión de Vázquez y la de Mujica no coinciden plenamente.

   —En política exterior, por ejemplo.

   —Mujica está muy asociado al foro político de la Unasur. Hubo un chisporroteo con el nuevo canciller Nin Novoa asociado a una frase muy conocida de Mujica cuando dijo que “lo político está por encima de lo jurídico”, en alusión a la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela en el Mercosur. El canciller dice que la política exterior tiene que ver con lo que conocemos acá como “regionalismo abierto”, o sea, con Mercosur y la región está todo bien, pero la política comercial de Uruguay necesita más amplitud. Con Brasil, Uruguay no tiene mayores conflictos; no somos muy complementarios, pero además Brasil no obstaculiza tanto como Argentina las exportaciones uruguayas. Obviamente Uruguay está apostando a diversificar las exportaciones. El Mercosur, entonces, está muy bien, pero Uruguay debe poder ubicar sus productos donde mejor pueda venderlos, y a veces el Mercosur es un obstáculo. Esa es la línea que el gobierno pretende impulsar, sin tanto apego al foro progresista al que Mujica le dio más prioridad.

   —Está pendiente mejorar la mala relación con Argentina. Cuando llega Vázquez rápidamente surge el conflicto de las pasteras. Desde entonces quedaron mal. Volvió Tabaré, un viejo enemigo del kirchnerismo, pero que se está yendo en unos meses.

   —Para mí este es el punto clave. Creo que el gobierno argentino no hará ningun movimiento, ni le interesa ni le conviene. Y el gobierno uruguayo, con las elecciones argentinas a la vista, parece razonable que se mantenga haciendo la plancha, resolviendo lo que se pueda resolver, estas cosas como el dragado, y esperar a diciembre para ver si se puede generar un escalón nuevo de relacionamiento. Por ejemplo, si el nuevo presidente fuera Macri es obvio que va a buscar una nueva relación con Uruguay, ya que ha sido muy crítico de la política exterior kirchnerista. Y aún si los ganadores fueran Scioli o Massa sería distinto a hoy. Creo que lo de las pasteras fue un detonante, la exageración ambientalista generó un clima que Néstor tomó como bandera nacional. La relación con Argentina siempre ha sido un poco tensa cuando los gobiernos son nacionalistas, como el primer gobierno de Perón. Por otro lado las relaciones entre la gente son de mucha armonía y no se puede entender el conflicto.

   —Luego está la agenda personal de Tabaré, la del médico: acaba de frenar la marihuana, tiene un proyecto contra el alcohol. ¿Esto tiene plafond social o es solo su agenda personal?

   —Creo que es muy personal. Está el perfil autoritario de algunos médicos, que te quieren obligar a ser saludable. En la campaña contra el tabaco (en su primera presidencia), si bien se dio en todo el mundo, la posición de Vázquez fue muy radical. Sobre la marihuana no ha anunciado ninguna reversión, sí cierta duda o ningún entusiasmo en la última fase, la más complicada, la de la venta al público. Los clubes y el cultivo ya están funcionando. Eso funciona. La parte del comercio es muy compleja y no tengo claro qué va a hacer (Vázquez), pero puede demorarlo. No es ninguna prioridad de Tabaré, al contrario. La legalización de la marihuana nunca fue popular. Estaba en contra la opinión pública, la élite política sí era favorable. En esto Tabaré sintoniza con la opinión publica. Y si toma medidas restrictivas con el alcohol, también serán bien recibidas. A él le sirve políticamente, y él cree en las bondades de esas normas más bien represivas.

   —En cuanto a blancos y colorados, parece que la figura de Luis Lacalle Pou quedó algo golpeada por el triunfo histórico de Vázquez en segunda vuelta.

   —Hay situaciones diferentes. El Partido Nacional (PN) se ha mantenido como el principal rival del FA. Y la emergencia de este liderazgo de Lacalle Pou es positiva. No le fue nada mal en las elecciones, el golpe vino porque las mediciones estaban algo erradas. O sea que el golpe que sufrió fue más bien subjetivo. Sobre el final de la primera vuelta los sondeos sobreestimaban, no tanto a Lacalle como al Partido Colorado, y subestimaban al FA. El golpe fue la primera vuelta. Sin ese error de medición, Lacalle hubiera podido esta muy contento con su desempeño. Primero, ganó la interna cuando nadie lo esperaba; luego su partido sacó más votos que hace 5 años; el que se cayó es el Colorado. De alguna manera Lacalle Pou es el líder de la oposición, es un nuevo líder joven al que no le fue nada mal, al contrario. El que tiene problemas es el Partido Colorado. Con Pedro Bordaberry como nuevo líder había remontado de 10% en 2004 a 17% en 2009. Pero ahora se cayó a un 13%. Su base “battlista” urbana se pasó al FA.

    —¿Blancos y colorados nunca van a formar un frente de centroderecha?

    —Para la disputa del gobierno nacional la formación de un frente no es necesaria. Lo que se está haciendo es un experimento en la próxima elección departamental en Montevideo. Se formó un partido nuevo auspiciado por blancos y colorados. En las departamentales (intendentes) no hay segunda vuelta, pero sí lo que ustedes llaman ley de lemas. Inventaron así el Partido de la Concertación, que presentará tres candidatos a intendente: uno blanco, uno colorado y uno independiente. Pero esto fracasará rotundamente. El proceso de designación de candidatos fue desastroso y la última encuesta da al FA el 50% y a este partido, el 19%. Ya se puede vaticinar un rotundo fracaso. Esto hará que la posibilidad del frente no se concrete. De haber prosperado, podríamos haber estado ante un cambio mayúsculo a nivel nacional, pero todo indica lo contrario.

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