El Mundo

Sudamérica cambia de rumbo nuevamente

El domingo, Santiago Piñera podría ser nuevamente elegido presidente de Chile. Que los tres principales países de Sudamérica —Brasil, Argentina y Chile— tengan o estén por tener gobiernos "de derecha" se debe ante todo a la dinámica política interna de cada país.

Martes 14 de Noviembre de 2017

El domingo, Santiago Piñera podría ser nuevamente elegido presidente de Chile. Que los tres principales países de Sudamérica —Brasil, Argentina y Chile— tengan o estén por tener gobiernos "de derecha" se debe ante todo a la dinámica política interna de cada país. Pero también en gran medida a factores regionales, supranacionales. América latina siempre se ha movido en el mismo sentido a lo largo de las décadas: la de los 80 fue la del retorno de la democracia, que por desgracia se combinó con la crisis de la deuda. En los 90, todos o casi todos hicieron reformas de mercado, privatizaron y abrieron sus economías. El modelo de economía cerrada y subsidiada de la posguerra se había agotado en un paroxismo de hiperinflaciones. En los 2000, de la mano del boom de las materias primas, se viró a la izquierda y a un nuevo estatismo que, salvo las excepciones de Chile y Uruguay, no admitió continuidades con el pasado y desarrolló un discurso demagógico, aún hoy parcialmente en boga pero muy desacreditado (una palabra resume este descrédito: Venezuela).

Pero las limitaciones intrínsecas del expansionismo fiscal, la bajísima calidad del gasto público latinoamericano y la fuga de capitales e inversores terminaron rápidamente con este ciclo. Hoy la región profundiza un retorno al sector privado y a reformas que son ineludibles. Se empieza de cero, en lugar de acumular y salvar lo positivo de la etapa superada. Porque esa etapa se llevó al extremo. No por nada Argentina y Brasil están apenas recuperándose cuando las economías del Pacífico crecen a paso firme. Ambas naciones tienen un gasto público abrumador, que supera holgadamente el 40 por ciento del PBI. Países que deben crecer a un ritmo alto no pueden cargar de impuestos hasta ese punto a los privados. Esta lección es universal: vale para todos los emergentes, desde China a Perú. Reducir el gasto, no sólo el déficit fiscal —que recarga la deuda externa pública y distorsiona el tipo de cambio— mejorar la calidad de la asignación de recursos en el Estado, poner reglas claras y perdurables: de nuevo, todo esto está todavía por hacerse en Argentina y Brasil, y el termómetro de sus economías lo señala con claridad. No crecen como deberían. Brasil al menos ya domó la inflación, cosa que la Argentina esta lejísimos de lograr.

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