El Mundo

Sin Biblia ni crucifijo, Sánchez tomó posesión como presidente de España

En una breve ceremonia en el palacio de la Zarzuela, el nuevo jefe de gobierno socialista prescindió por primera vez en democracia de los símbolos religiosos.

Domingo 03 de Junio de 2018

El socialista Pedro Sánchez asumió ayer como presidente del gobierno de España tras prometer el cargo ante el rey Felipe VI en el Palacio de la Zarzuela de Madrid, al día siguiente de desbancar al conservador Mariano Rajoy con una histórica moción de censura. Por primera vez en democracia, el nuevo jefe del Ejecutivo prometió lealtad al cargo con la mano derecha sobre la Constitución y no sobre una Biblia, al decidir retirar los símbolos religiosos —también el crucifijo, que tradicionalmente presidieron este tipo de actos en España. Sánchez, que es ateo, tomó esta decisión a nivel personal, ya que la Casa del Rey tras la proclamación de Felipe V dio la posibilidad a los altos cargos de jurar con una fórmula aconfesional. "Prometo por mi conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo de presidente del gobierno con lealtad al rey, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros", dijo Sánchez al leer el juramento.

El presidente saliente, Mariano Rajoy, que presenció la toma de posesión junto con el resto de máximas autoridades del Estado, estrechó su mano con Sánchez, principal impulsor de su destitución, y le deseó "mucha suerte". Sánchez es el primer presidente que llega a La Moncloa por medio de una moción de censura, que logró el respaldo de independentistas (PDeCAT, Bildu y ERC), nacionalistas conservadores (PNV), y partidos de izquierda, como Podemos y Compromís, con el único objetivo de desplazar a Rajoy, quien se vio acorralado por la corrupción en su Partido Popular (PP). La moción fue presentada después de que la Justicia condenó a la fuerza conservadora por haberse beneficiado de una gran red de sobornos, desvío de fondos públicos y adjudicaciones de obras, el conocido como "caso Gürtel", en el que están implicados altos cargos partidarios y que Rajoy siempre negó conocer.

Con sólo 84 diputados, el líder del Partido Socialista (PSOE) presidirá un gobierno débil, en minoría parlamentaria, que sólo sobrevivirá si es capaz de llegar a acuerdos con partidos con diferentes ideologías y sensibilidades, entre ellos los separatistas catalanes. La agrupación Podemos, que lidera Pablo Iglesias, aseguró que mantendrá su apoyo a Sánchez pese a que el político socialista pretende formar un gobierno monocolor, pero a la vez presionará para que se convoque a elecciones anticipadas. El secretario de organización del partido de izquierda, Pablo Echenique, advirtió, sin embargo, que será un gobierno "menos estable" que uno de "coalición".

Desafío secesionista

El cambio político en la presidencia del gobierno de España se produce en medio de una de las mayores crisis políticas e institucionales que atraviesa el país, a raíz del desafío secesionista de Cataluña. Sánchez asumió coincidiendo con lo que el levantamiento de la intervención del Ejecutivo central de Madrid en esa región autonómica al amparo del artículo 155 de la Constitución, como consecuencia de la toma de posesión el viernes del gobierno del secesionista Quim Torra, siete meses después del fallido intento de secesión de octubre del año pasado.

Torra, quien prometió desplegar la "República catalana" siendo fiel al mandato del referéndum de autodeterminación del 1º de octubre, desistió hace unos días de incorporar en su gabinete a políticos secesionistas que estaban en prisión o en el extranjero para evitar se detenidos en España, lo que había sido considerado ilegal por el Ejecutivo de Rajoy, que decidió de facto mantener la intervención. Ahora, al formarse un gobierno integrado por políticos sin cargas judiciales, se buscará restablecer cierta "normalidad" en las relaciones entre ambos gobiernos. Sánchez dijo que estaba dispuesto a "dialogar", defendiendo la unidad de España pero "sin imposiciones" y desde el "consenso". En este contexto, Torra aprovechó la toma de posesión para pedir un diálogo de "gobierno a gobierno". "Presidente Pedro Sánchez, hablemos, tomemos riesgos, ustedes y nosotros, sentémonos en la misma mesa y negociemos de gobierno a gobierno. Esta situación que vivimos no puede alargarse ni un día más", aseguró Torra desde el Palacio de la Generalitat de Cataluña.

Torra pidió ayer diálogo y negociación a Sánchez, pero sin descartar su plan de ruptura con España. El "president" reiteró su compromiso de avanzar "hacia un Estado independiente en forma de república". "No será un camino fácil", matizó. Sánchez, por su parte, se comprometió esta semana a restablecer las relaciones con la región, prácticamente rotas desde octubre.

Cambio de opinión

Aunque Sánchez apoyó la intervención de Cataluña y lanzó duras acusaciones contra Torra, por su perfil radical, también defiende una solución "política" ante el conflicto secesionista, que actualmente está enquistado en la vía judicial. Los partidos secesionistas respaldaron su moción de censura contra Rajoy, con lo que es de esperarse que busquen algún tipo de medida para avanza en ese sentido, sobretodo en lo que respecta a los secesionistas presos o al regreso del ex presidente catalán Carles Puigdemont, quien está en Alemania a la espera de ser extraditado, reclamado por rebelión.

El nuevo jefe de gobierno, declarado europeísta, también fue saludado por los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y del Consejo Europeo, Donald Tusk, confiados en su voluntad de mantener encarrilado al país bajo las reglas del bloque. Y además recibió un guiño de la canciller alemana, Angela Merkel, quien le expresó su deseo de trabajar "mano a mano" por el bien "de nuestros ciudadanos y de una Europa fuerte".


Gabinete casi listo

Sánchez tiene prácticamente perfilado el esquema de su gobierno, aunque de momento sólo lo conoce su entorno más próximo. Los ministros estarán nombrados la próxima semana, un plazo excepcionalmente breve. Los presidentes anteriores —al serlo tras unas elecciones— tuvieron al menos un mes para conformarlo.

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