El Mundo

Setenta años de disputas por la ciudad

El futuro estatus de Jerusalén es uno de los puntos de disputa centrales en el conflicto entre Israel y Palestina.

Domingo 10 de Diciembre de 2017

El futuro estatus de Jerusalén es uno de los puntos de disputa centrales en el conflicto entre Israel y Palestina, y su reconocimiento como capital israelí por parte de Estados Unidos amenaza con complicar o frustrar décadas de esfuerzos de paz. Con el fin del mandato británico, Naciones Unidas se declaró en 1947 a favor de una administración internacional de la ciudad, considerada sagrada por creyentes de tres religiones: cristianos, judíos y musulmanes.

En la primera guerra árabe-israelí, de 1948, el recién fundado Estado de Israel ocupó la parte occidental de Jerusalén y Jordania, la parte oriental. De esta forma, la ciudad quedó dividida de facto. Este dato, que las agencias informativas dieron abundantemente en esos días, obvia otro anterior: cuando en 1948 la ONU emite su resolución 147, que proclama los dos Estados con Jerusalén bajo régimen especial como ciudad internacional, Israel aceptó de inmediato la decisión, que hubiera dejado la ciudad fuera de su jurisdicción. Los países árabes, en cambio, lanzaron sus ejércitos contra la recién formada Israel, que pese a no tener aún un verdadero ejército, se las arregló para derrotar a seis naciones.

Durante la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel conquistó la zona oriental de Jerusalén, y desde entonces reclama toda la ciudad como su "capital eterna e indivisible". Israel rechaza la demanda de los palestinos de que Jerusalén Este sea la capital de su futuro estado palestino. Distintas propuestas de Estados Unidos en el pasado preveían una división de la ciudad entre israelíes y palestinos. "Lo que es judío seguirá siendo judío y lo que es árabe será palestino", dijo alguna vez Bill Clinton. Una ley estadounidense de 1995, del tiempo de Clinton, insta a Washington a trasladar su embajada a Jerusalén, pero esa medida nunca ha llegado a aplicarse, porque los ex presidentes Clinton, George W. Bush y Barack Obama postergaron cada seis meses su implementación.

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