Rusia y Ucrania: cinco fechas clave que ayudan a entender el conflicto
Algunos episodios registrados desde 1991 permiten contextualizar los hechos que hoy mantienen en vilo al mundo

Viernes 25 de Febrero de 2022

faLos sucesos en el este de Europa se llevaron toda la atención de la prensa nacional e internacional en los últimos días, y lo seguirán haciendo en las fechas subsiguientes hasta quién sabe cuándo y de qué manera se resuelva este peculiar modo de “continuar la política por otros medios”. Para tomar distancia del vértigo del minuto a minuto, de los testimonios y las conjeturas posibles del enfrentamiento, de las imágenes aterradoras de explosiones, éxodos y ofensivas militares, se propone aquí una mirada retrospectiva sobre el conflicto.

A fines de no abrumar al lector se eligieron cinco fechas, las cuales el analista exigente podría juzgar de escasas pero no falibles, para darle un contexto al conflicto que permita una comprensión global de los acontecimientos. Es decir, que permita entender el cómo y el porqué de los sucesos presentes.

8 de diciembre de 1991: se firma en la Bielorusia Soviética el “Tratado de Belavezha”, mediante el cual, la Unión Soviética es reemplazada por la “Comunidad de Estados Independientes”. Es decir, que el bloque surgido tras la segunda guerra mundial se subdivide que una quincena de estados que eligen asociarse de forma relativamente voluntaria (por orden alfabético: Armenia, Azerbaiyán, Bielorusia, Estonia, Georgia, Kazajstán, Kirguistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Rusia, Tajikistán; Turmekistán, Ucrania Y Uzbekistán), seguidos por los estados que integraban la expirada Checoslovaquia (República Checa y Eslovaquia en 1993) y seis que integraban la Yugoslavia y que hasta hoy en día siguen con una dinámica irregular entre divisiones y agrupaciones.

La disgregación del bloque soviético en una constelación de nuevas unidades políticas autónomas resultó significativa para los intereses de las potencias occidentales. La ahora Rusia quedó separada de sus áreas de influencia directa de décadas atrás y los conflictos que antes se resolvían como problemas de seguridad interior pasaron a transformarse en verdaderos dilemas geopolíticos para Moscú.

26 de marzo del 2000: Vladimir Putin, que había sucedido al presidente saliente, Borís Yeltsin, tras su dimisión el 31 de diciembre de 1999 y, que desde entonces, ostentaba el cargo de primer ministro y presidente interino, fue elegido por mayoría absoluta en primera vuelta con casi el 53% de los votos para un mandato completo.

Tras las convulsiones de los años 90s comienza el proceso de recuperación, estabilización y reacomodamiento eslavo en el concierto internacional. El lento pero sostenido crecimiento económico permiten sostener los gastos destinados a los sistema de defensa (ocupa el puesto número 4 a nivel mundial), la recuperación de una política exterior agresiva y las alianzas con nuevos socios estratégicos (entre los que se destacan China e Irán).

7 de Agosto de 2008: el por entonces presidente de Georgia, Mijeíl Saakashvili, autoriza a sus tropas a recuperar el control de Osetia del Sur, independiente de facto desde 1992, pero calificado por Georgia como rebelde. En este territorio y en el de Abjasia se encontraban apostadas tropas de paz Rusas, las cuales terminan por llevar adelante una invasión convencional sobre Georgia. El ejército De Saakashvili se desbanda en cuestión de días. El Kremlin aprovechó la situación para mejorar su posición política en el región declarando ser el “único garante de la seguridad del Cáucaso” («Rusia interna sus tropas en Georgia pese a firmar el plan de paz», Univision.com, 16 de agosto de 2008).

21 de noviembre de 2013: en Ucrania comienzan una serie de manifestaciones conocidos más tarde como el Euromaidán, contra el presidente pro ruso Viktor Yanokóvich quien había suspendido la firma del acuerdo de Asociación y de Libre Comercio con la Unión Europea. Entre los principales gestores del reclamo se encontraban organizaciones sociales, la oposición política y la iglesia Ucraniana. La población se encontraba virtualmente dividida: un 38,0% de los ucranianos apoyaba una asociación con Rusia, mientras que el 37,8 % prefería una asociación con Europa (Bonet, Pila, 29 de noviembre de 2013, «Las dos Ucranias frente a Europa», El País). Con el correr de los días, las manifestaciones derivaron en disturbios generalizados, el presidente Yanukóvich abandona el país y la oposición pro europea lo acusa de “abandono de funciones” tomando el control del gobierno nacional. El Congreso de diputados y gobernadores regionales del Este y Sur de Ucrania (entre las que se encuentra la región del Donbas) hizo un llamamiento a la resistencia dando inicio a la guerra civil de Ucrania. En la península de Crimea, hasta entonces perteneciente a Ucrania, comienzan los combates entre pro rusos y pro europeos. El 27 de febrero 2014 un grupo de hombres armados tomaron sin encontrar resistencia los edificios de la Presidencia y el Parlamento de la República Autónoma de Crimea, la bandera rusa fue izada en ambos edificios. El primero de marzo las protestas contra el nuevo gobierno europeísta se desplazaron a la región del Donbas. El 18 de marzo Crimea y la ciudad autónoma de Sebastopol pasa a integrar la Federación Rusa.

25 de febrero de 2022: el fin de una guerra y el comienzo de otra. El enfrentamiento civil de casi ocho años de duración culminó en la invasión rusa de la que hoy el mundo es testigo incrédulo. Un día después de reconocer a las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, Vladimir Putin ha logrado que la ofensiva más esperada del año sea una sorpresa total para occidente y el gobierno ucraniano. Pero, ¿cómo logró esto? Utilizando lo ensayado en Georgia, es decir, enviar tropas de paz a los estados separatistas para luego transformar esas tropas en un ejército de invasión convencional. Pero la sorpresa del ataque no la constituyen las citadas fuerzas de paz sino el avance conjunto de tropas provenientes del norte y oeste de Ucrania en una especie de guerra relámpago que busca el desbande del ejército ucraniano.

A continuación se abren una serie de interrogantes que, probablemente, tendrán respuesta en los próximos días. Si esta guerra relámpago no funciona y el conflicto se alarga, ¿Rusia podrá mantenerse como una fuerza de ocupación con el peso de las sanciones económicas de occidente? En esa posibilidad, ¿China se convertirá en el pulmotor del gobierno de Vladimir Putin?

Si la guerra relámpago funciona y el ejército ucraniano es desbandado, ¿la Otan provocará una guerra europea a gran escala? este autor no cree que eso sea posible ni conveniente para las potencias europeas(léase Alemania y Francia). ¿El Kremlin anexara el territorio ocupado o solo restablecerá a un gobierno pro ruso?

Una cosa sí juzgo queda en el tapete, y es el fin formal del perimido orden unipolar.