Domingo 31 de Enero de 2021
Decenas de miles de personas salieron a la calle este domingo en toda Rusia para reclamar la liberación del encarcelado líder opositor Alexei Navalny, continuando con una oleada de protestas en el país que afecta la imagen del Kremlin de Vladimir Putin. Más de 4.700 personas fueron detenidas por la policía en al menos 147 ciudades rusas donde se verificaron marchas. La Unión Europea y los EEUU condenaron la represión, desproporcionada e ilícita, porque los manifestantes se comportaron en manera pacífica. La policía también detuvo a la esposa de Navalny. Putin y su aparato represivo se concentran en Navalny porque este parece ser el único opositor con capacidad para poner en peligro la hegemonía del "zar" del Kremlin.
Las autoridades hicieron un gran despliegue para frenar la marea de manifestaciones, después de que decenas de miles de personas marcharan el fin de semana anterior en todo el país en la mayor y más extendida muestra de descontento que ha visto el país en años. Las alarmas sonaron en el Kremlin y este domingo se dispuso un aparato represivo previo, para intentar impedir las manifestaciones
Sin embargo, y pese a la amenaza de penas de prisión, advertencias en grupos de medios sociales y grandes despliegues de la policía antimotines, las protestas volvieron a inundar muchas ciudades de Rusia este domingo.
Navalny, de 44 años, es un político e investigador anticorrupción y el crítico más popular y conocido del presidente Vladimir Putin. Fue detenido el 17 de enero a su regreso de Alemania, donde pasó cinco meses recuperándose de un envenenamiento con un agente tóxico, Novichok, que solo posee el Kremilin. Fue detenido por un supuesto incumplimiento de las condiciones de su libertad condicional al no presentarse a citas con las autoridades mientras se estaba recuperando en Alemania. Lo cierto es que el principal opositor a Putin fue casi asesinado en Siberia, donde estaba de gira proselitista, y apenas volvió al país fue puesto entre rejas.
Estados Unidos instó a Rusia a liberar a Navalny y criticó la represión de las protestas. "Estados Unidos condena el uso persistente de tácticas duras contra manifestantes pacíficos y periodistas por parte de las autoridades rusas por segunda semana consecutiva'', dijo en Twitter el secretario de Estado, Antony Blinken.
El jefe de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, aseguró en Twitter que deplora “las detenciones masivas” y el “uso desproporcionado de la fuerza”. “Las personas deben poder ejercer su derecho a manifestarse sin temor a la represión. Rusia debe cumplir con sus compromisos internacionales”, dijo Borrel.
La policía detuvo este domingo a más de 4.700 participantes en las protestas en unas 147 ciudades de las 11 zonas horarias de Rusia, según OVD-Info, un grupo que monitorea las detenciones.
En el centro de Moscú se impusieron medidas de seguridad sin precedentes, como el cierre de varias estaciones de metro cerca del Kremlin, cortes en las rutas de autobús y órdenes de cierre para restaurantes y comercios.
El equipo de Navalny convocó a la protesta en la plaza Lubyanka de Moscú, donde está la sede del Servicio Federal de Seguridad, heredero del KGB, al que Navalny atribuye su envenenamiento. La protesta se desplazó a otra plaza céntrica a una milla de distancia ante el bloqueo total de la plaza. Pero también en el segundo lugar había un gran despliegue policial, y los agentes seleccionaban a gente al azar que fue detenida y trasladada a autobuses policiales.
Pero otros miles lograron marchar por el centro de Moscú coreando, "Putin, renuncia!'' y "Putin, ladrón!'' en alusión a una lujosa finca en el Mar Negro construida para el mandatario, y que apareció en un popular video publicado por el equipo de Navalny. Algunos manifestantes fueron a la prisión donde está preso Navalny, pero encontraron equipos de policía antimotines que los desalojaron y detuvieron a decenas de personas.
Más de 1.500 personas fueron detenidas en Moscú, incluida la esposa de Navalny, Yulia, que se sumó a la protesta.
Las ciudades de Novosibirsk y Krasnoiarsk, en el este de Siberia, tuvieron de las marchas más grandes junto con Yekaterimburgo en los Urales. Son regiones lejanas que se han constituido en bastiones de la resistencia al régimen autoritario del ex coronel de la KGB.
Muchas personas marcharon por la segunda ciudad más grande del país, San Petersburgo, y se registraron altercados ocasionales cuando algunos manifestantes repelieron a policías que intentaban hacer detenciones.
Dentro de los esfuerzos represivos para bloquear las protestas, varios activistas y colaboradores de Navalny han sido encarcelados en todo el país. Su hermano Oleg, su destacado colaborador Lyubov Sobol y otras tres personas quedaron el viernes bajo arresto domiciliario, acusados de supuestas infracciones a las restricciones de coronavirus durante las protestas de la semana pasada.
La Justicia ordenó que las plataformas de medios sociales bloquearan las convocatorias a las protestas.
El Ministerio del Interior lanzó duras amenazas al público para que no se sume a las protestas, indicando que los participantes podrían ser acusados y sentenciados a ocho años de cárcel. Las penas pueden subir a los 15 años para los acusados de participar en violencia contra la policía. Debe recordarse que manifestaciones opositoras como las de Rusia son legales y normales en las naciones democráticas. Rusia sostiene que es una democracia, pero sus estándares en materia de libertades y Derechos Humanos están muy lejos de cumplir los de un régimen democrático.
Putin, una vida de lujos
Justo después de la detención de Navalny, su equipo publicó un video de dos horas en su canal de YouTube sobre una lujosa residencia junto al Mar Negro construida para Putin. El video se ha visto más de 100 millones de veces, ayudando a avivar el descontento en un contexto de grave crisis económica, muy anterior al Covid-19. Es que es evidente que las élites de Rusia tienen un nivel de vida superior incluso al de sus pares occidentales, de naciones mucho más desarrolladas, mientras los rusos comunes viven muy por debajo de los ingresos de los europeos occidentales y estadounidenses.
Los manifestantes en Moscú corearon "Discoteca acuática!'', aludiendo a una de las lujosas comodidades instaladas en la residencia, que también incluye un casino y una sala para pipas de agua equipada para ver bailes en barra.
Putin, por supuesto, ha negado que el lugar sea de su propiedad, y agregó que tampoco lo es de "ninguno de sus parientes cercanos". El magnate de la construcción Arkady Rotenberg, viejo confidente de Putin y su ocasional rival de entrenamiento de judo, dijo que era el dueño de la propiedad. Este es un patrón común en Rusia y en muchos regímenes autoritarios de países emergentes. El "dueño" de las propiedades suntuosas que disfruta el mandamás suele ser una figura favorecida por el poder, como en este caso un empresario de la construcción, un rubro que tradicionalmente requiere de aceitados nexos con el poder político.
Navalny cayó en coma el 20 de agosto en un vuelo interno de Siberia a Moscú, cuando volvía de una exitosa gira proselitista. Dos días más tarde fue trasladado a un hospital en Berlín. Laboratorios en Alemania, Francia y Suecia, así como pruebas realizadas por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, concluyeron que había estado expuesto al agente neurotóxico Novichok. Las autoridades rusas se han negado a abrir una investigación plena, citando la presunta "falta de pruebas". De hecho, mientras estuvo dos días internado en Siberia, los médicos dijeron allí que no habían hallado vestigios de veneno.
Cuando regresó a Rusia en enero, Navalny fue encarcelado por 30 días con el argumento de que había violado los términos de una sentencia en suspenso por una condena por "lavado de dinero" que él rechaza, tachándola de represalia política. Un tribunal rechazó el jueves pasado su apelación pidiendo la liberación. La semana que viene se celebra otra vista que podría convertir su sentencia de 3 años y medio en suspenso por una que deba cumplir en prisión. Dicho en palabras claras: Putin ordenó que fuera a prisión, la única manera de anular a Navalny que tiene a mano por ahora.