El Mundo

Rusia envía una señal a futuro en unos comicios ya decididos a favor de Putin

Llegarán años en los que los rusos podrían verse frente a un conflicto armado de proporciones.

Sábado 17 de Marzo de 2018

Todo parece ya decidido en las elecciones presidenciales que se celebrarán mañana en Rusia. Se da por hecho que el presidente Vladimir Putin, que dirige el mayor país del planeta desde hace 18 años, seguirá haciéndolo durante seis más al conseguir un nuevo mandato como jefe del Kremlin. Sin embargo, el predecible resultado de los comicios oculta algunos cambios más complicados que a todos afectan: desde el propio Putin, a todos sus contrincantes y al conjunto del país. El 18 de marzo supone para los rusos no tanto una elección de presidente como de la dirección que el país quiere tomar en los próximos años.

   Putin, de 65 años, promete a sus compatriotas "décadas llenas de victorias" en el futuro, como dijo en su mensaje anual a comienzos de marzo, anunciando medidas sociales. Pero al mismo tiempo, enseñó el músculo presentando un nuevo arsenal nuclear. Así, lanzó un mensaje poco tranquilizador al exterior: Rusia se siente amenazada y en los próximos años la relación seguirá siendo conflictiva. Para sus compatriotas también el mensaje fue claro: en caso de necesidad, el pueblo tendrá que cerrar filas en torno a su comandante en jefe.

Desde Ucrania a Siria

La idea que tienen los rusos de su presidente es muy compleja: la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014 —criticada por Occidente como una violación del derecho internacional— impulsó su popularidad dentro del país. Y las elecciones fueron agendadas simbólicamente coincidiendo con el cuarto aniversario de esa medida.

   Menos popular es sin embargo su intervención en Siria y tampoco es halagüeña la situación económica. Las grandes ciudades se modernizan, pero la abundancia que marcó los primeros años de Putin en el poder debido a los altos precios del petróleo en los mercados llegaron a su fin. La economía lleva años en recesión y sólo en 2017 volvió a crecer, aunque de forma muy modesta.

   Los grandes gastos en armamento y seguridad fueron en detrimento de la educación y la salud. Durante cuatro años seguidos, los más de 140 millones de rusos vieron caer sus ingresos en términos reales. Y a ello se suma el malestar por la corrupción, la arbitrariedad de las autoridades y la injusticia. Pero las críticas se dirigen contra el gobierno, los funcionarios, policías y magnates, pero no contra el propio presidente.

   Putin convenció a muchos rusos de que es insustituible. "El principal mensaje de Vladimir Vladimirovich es bastante sencillo: Sin mí se hunde todo!. Por eso, garanticemos la estabilidad y no cambiemos nada", explica el politólogo Nikita Issayev. Pero incluso bajo ese lema no es fácil organizar una victoria electoral que parezca convincente: al Kremlin le preocupa el desencanto de los electores. En 2012, un 65,2% de los rusos participó en los comicios, que Putin ganó con el 63,6% de los votos. Los electores no sólo se ven atraídos a los locales electorales con conciertos o el sorteo de celulares smartphones, sino que hay indicaciones de presiones a los trabajadores, estudiantes o soldados para que acudan a votar y lo hagan por Putin.

Una oposición controlada

Al mismo tiempo, los organizadores se topan con un nuevo tipo de oposición, sobre todo por parte de los jóvenes. El activista anticorrupción Alexei Navalny, de 41 años, organizó en varias ocasiones manifestaciones en todo el país y aun sin opciones de ganar, el Kremlin no se arriesgó a permitir que sea candidato. En lugar de eso, se le impidió participar en base a antecedentes penales muy cuestionables desde el punto de vista jurídico. Por eso, Navalny llamó a boicotear los comicios, para demostrar el bajo apoyo que tiene en realidad Putin. Las autoridades reaccionaron con registros, detenciones y órdenes de arresto a opositores desde hace semanas.

   Los siete candidatos autorizados, como el derechista Vladimir Zhirinovski o el veterano liberal Grigori Javlinski, se mueven en un marco muy predeterminado y controlado y los medios estatales resaltan su gran distancia con el presidente ruso. En el punto álgido del debate televisado de los candidatos, Zhirinovski humilló a la joven candidata Ksenia Sobchak y ésta le lanzó un vaso de agua. Pese a todo, las candidaturas alternativas a Putin no carecen del todo de sentido: se trata del capital político del futuro. La estrella de televisión Sobchak habló durante la campaña de aspectos que suelen ser tabú en Rusia, como por ejemplo considerar injustos los ataques a Ucrania. Y quizá la mujer de 36 años pueda de verdad pasar al ámbito político en una era post Putin.

   La candidatura del comunista Pavel Grudinin, de 57 años, se debe más bien a una maniobra de las autoridades: el jefe de un gran campo de cultivo de fresas cerca de Moscú ocultó cuentas en Suiza, lo que constituía un motivo para excluirlo de la carrera presidencial. Pero ello habría irritado al electorado comunista y mermado la participación. Sobre todo el proceso planea la impresión de que el liderazgo de Putin entra en su fase final este 18 de marzo: su gobierno autoritario alcanzó "un estadio de madurez", considera el experto Andrei Kolesnikov, del centro Carnegie de Moscú. "Pero en 2018 comenzó la transición a la fase del desmoronamiento".

   La Constitución limita los mandatos presidenciales a dos consecutivos, por lo que no podría presentarse al siguiente. Al final de éste, tendrá 71 años, pero algunos piensan que la lucha en las élites rusas por sucederlo podría comenzar antes. A no ser que Putin se quede más tiempo en el poder, algo que no parece que pudiera ocurrir sin crear tensiones en la sociedad. El problema central para Rusia, según escribe el jurista Ilja Shablinski, es "la falta de posibilidades de cambio en la cúpula".

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