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Radiografía del voto en EEUU: una sociedad cada vez más dividida entre el interior rural y las grandes ciudades

Esta diferencia es histórica, pero ahora se ha transformado en una verdadera "grieta" que no tiene solución a la vista, señalan los expertos

Sábado 21 de Noviembre de 2020

Mientras Donald Trump aún se resiste a aceptar la derrota ante el demócrata Joe Biden, el análisis de cómo votó los Estados Unidos sirve para sacar algunas lecciones de provecho. La división política entre el campo y la ciudad de Estados Unidos es una de las grandes fracturas que quedaron evidenciadas por las elecciones del 3 de noviembre, señala la BBC.

Las zonas rurales, los pueblos y las ciudades pequeñas se tiñeron de rojo en apoyo a Donald Trump y los demás candidatos del Partido Republicano, mientras las grandes urbes y sus suburbios se inclinaron por el azul demócrata. Nada nuevo, en verdad, viene sucediendo desde hace años, sólo que este año la división se volvió una verdadera fractura social y política por la radicalización de ambas partes. Es una grieta que marca una gran diferencia entre dos visiones contrapuestas sobre el país.

Trump consiguió una amplia ventaja entre los votantes blancos sin estudios superiores que viven en zonas con menor densidad poblacional, un feudo que ha demostrado serle leal, aún en medio de la peor crisis económica que atraviesa el país desde la Segunda Guerra Mundial a raíz del coronavirus. Ese sector no culpó a Trump por su mal manejo de la pandemia. Trump y los republicanos recordaron en la campaña que en febrero, antes de la llegada del virus, EEUU registró el récord de empleo en los últimos 50 años, con apenas 3,5% de tasa de desempleo.

El presidente electo, Joe Biden, apenas alcanzó un 25% de apoyo en las zonas rurales, en contraste con el 68% de los votos que arrastró en las grandes ciudades.

"Trump es realmente un presidente rural", le dice a la BBC William Frey, investigador del Brookings Institution especializado en demografía política y análisis de resultados electorales de EEUU. A pesar de la existencia de esos dos mundo antagónicos, Frey cree que la línea que separa políticamente al campo de la ciudad mostró en estas elecciones que no es tan rígida como se creía. "Trump perdió votos en los suburbios de grandes áreas metropolitanas, especialmente en los estados clave que estaban en disputa", señala. Esto resultó evidente en estados como Georgia, donde finalmente se impuso Biden pese a tratarse de un estado de larga tradición republicana.

Ese giro de algunos republicanos que cambiaron su voto hacia Biden en partes del "Cinturón del óxido" (Michigan, Pensilvania y Wisconsin) y del "Cinturón del sol" (todo el sur) marcó una importante diferencia, agrega Frey.

Mirando hacia el futuro, el demógrafo y sociólogo argumenta que la población de las zonas rurales donde Trump tiene gran parte de su base electoral está envejeciendo y su expansión es menor que otros segmentos de la población.

En contraste, hay otros grupos urbanos que crecen, como los millennials o la generación Z. A lo anterior se suman fenómenos como un progresivo aumento en el nivel educativo de la población en general y un alza en el número de mujeres en la universidad, cambios que probablemente tendrán un impacto en el voto.

Las zonas intermedias, en disputa

Un voto que se disputa con fuerza es el de las zonas intermedias que no son ni el campo ni la gran urbe. "Sabemos que Biden gana en ciudades como Nueva York o Filadelfia, y que Trump gana en el campo. Por eso es importante observar qué pasa en los suburbios, en las ciudades medianas y en las pequeñas", le dice a la BBC Charles H. Stewart, profesor de Ciencias Políticas y director del Laboratorio de Datos y Ciencia de Elecciones del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el famoso MIT.

El Partido Republicano, explica, está muy dominado por cristianos evangélicos, habitantes de pueblos, gente que vive en zonas donde ha decaído la actividad industrial, ciudades pequeñas del Medio Oeste.

Desde una perspectiva histórica, el partido ha tenido dos alas: la de Wall Street y la de "la calle". "Lo que hemos visto es la progresiva disminución del ala de Wall Street", señala Stewart. Y a la inversa, la parte obrera en las pequeñas ciudades y pueblos es la que se ha vuelto más republicana, como lo siguen mostrando los resultados electorales. Resultados que también mostraron cómo en estas elecciones Trump y los republicanos superaron los votos que consiguió la demócrata Hillary Clinton en 2016. Trump superó ahora los 74 millones de votos, contra cerca de 80 millones de Biden.

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Fueron unas elecciones excepcionales en todo sentido: por el efecto Covid-19, que no amedrentó a los votantes pero los direccionó hacia el voto por correo, y por la tremenda polarización que impuso Trump no solo en la campaña sino en sus cuatro años en la Casa Blanca. Esto generó un movimiento reactivo, la izquierda radical que ya se había visto en las elecciones de medio término con el surgimiento de legisladoras jóvenes y con una agenda de izquierda, como Alexandria Ocasio Cortez, en Nueva York, y el retorno de Bernie Sanders al primer plano. Se cree que Biden, vencedor claro de Sanders en las primarias, igualmente se verá condicionado por esta facción interna del Partido Demócrata, aún cuando sea minoritaria.

Anthony Zurcher, periodista de la BBC especializado en política estadounidense, plantea que si la división partidaria campo-ciudad persiste, "hay algunos desequilibrios sistémicos que se harán más pronunciados". Como el sistema de gobierno de EEUU fue diseñado para equilibrar el poder de los estados dentro del sistema federal, hay estados predominantemente rurales que tienen el mismo número de senadores que los estados más grandes y poblados. Es el mismo sistema adoptado por la Argentina: así como Jujuy tiene el mismo número de senadores que la provincia de Buenos Aires, lo mismo sucede con los estados de Nueva York y Dakota del Norte.

Los 40 millones de habitantes de California tienen dos senadores, los mismos que los 580.000 de Wyoming, recuerda Zurcher. "Debido a que la influencia de un estado en las elecciones presidenciales está determinada por el tamaño de su representación en el Congreso, este desequilibrio también tiene un efecto en quién gana la Casa Blanca", apunta.

Lo que han arrojado los análisis de los resultados electorales y las encuestas es que los habitantes de las grandes urbes tienden a ser más seculares, a estar a favor de la no penalización del aborto y a ser racialmente más diversos. En cambio, los habitantes de zonas rurales tienden a ser más religiosos, anti-aborto, predominantemente blancos, no consideran que el racismo sea un problema estructural en el país y suelen oponerse al control de las armas. De nuevo, todas cosas ya sabidas hace muchos años, pero que en la era Trump se han agudizado.

"Guerra cultural"

Algunos analistas hablan de una especie de "guerra cultural" donde las zonas más blancas y conservadoras se oponen a las regiones metropolitanas en las que hay una mayor aceptación de la diversidad de género y donde se condena el racismo.

El economista Dani Rodrik, profesor la Universidad de Harvard, describió lo que suele ocurrir en zonas empobrecidas. "Las comunidades donde los buenos trabajos desaparecen pagan un precio que va más allá de la economía. La adicción a las drogas, la desestructuración familiar y la delincuencia aumentan. Las personas se vuelven más apegadas a los valores tradicionales, menos tolerantes con los extranjeros y más dispuestas a apoyar a los hombres fuertes autoritarios", dice Rodrik. "La inseguridad económica desencadena o agrava las divisiones culturales y raciales".

Es por eso que mientras no se produzcan transformaciones socioeconómicas más profundas, menores son las posibilidades de que se tiendan puentes entre los votantes de un lado y del otro.

Mujeres y latinos

Al analizar los resultados según el género, el 56% del voto de las mujeres fue para Biden y el 43% para Trump. Es por eso que muchos analistas dicen que las mujeres fueron cruciales en darle la victoria al demócrata. Especialmente las mujeres negras y las mujeres suburbanas, porque tuvieron una mayor incidencia para inclinar la balanza. Sin embargo, Trump obtuvo buenos resultados entre las mujeres sin educación superior. Las expectativas apuntaban a que en estas elecciones la división de género iba a ser mucho mayor, lo cierto es que se mantuvo básicamente igual respecto a elecciones anteriores, incluyendo los comicios de 2016.

Observando el componente étnico de los electores, el 57% de los blancos votó por Trump, mientras que el 87% de los negros votó por Biden.

Y en el caso de los hispanos o latinos, el 66% de los votos fue para Biden, mientras que el 32% apoyó a Trump. "Me sorprendió el alto atractivo de Trump entre los hispanos", admite Charles H. Stewart.

Comparado con las elecciones de 2016, el voto de los latinos a favor de Trump aumentó cuatro puntos porcentuales, algo que no estaba en el radar de muchas proyecciones preelectorales. Y es que la narrativa del "voto latino" que ha acompañado a los ciclos electorales durante décadas se ha venido derrumbando. Entre los mitos que han caído está la idea de que es un bloque uniforme al que solo le importan los temas de inmigración, o que son votos determinantes únicamente en estados como Florida o California. Lo cierto es que muchos hombres latinos votaron a Trump por sus valores conservadores en cuanto a religión y familia. Rechazan el matrimonio entre personas del mismo género y otras políticas similares, así como la legalización del consumo de drogas.

En cuanto al voto según edad, los más jóvenes votaron por Biden. Entre los ciudadanos de menos de 30 años, el presidente electo consiguió el 62% de los votos. Abby Kiesa, vicedirectora del Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Participación Cívica de la Universidad de Tufts en Massachusetts, explica que en estas elecciones hubo una mayor participación juvenil que otros años.

"Vimos que aumentó la inscripción electoral de los jóvenes, que se involucraron más directamente en las campañas y que especialmente los jóvenes negros participaron más". Un factor importante en ese sentido fueron las grandes movilizaciones juveniles de 2020 para protestar contra abusos policiales dirigidos hacia la población negra. "Si yo trabajara en una campaña política no ignoraría el poder del voto de la gente más joven", apunta la especialista.

Otra importante división entre los votantes fue en cuanto a su nivel educativo. Los datos arrojan que el 55% de las personas con educación superior votó por Biden y el 42% por Trump, mientras que los votantes sin estudios universitarios se dividieron en partes similares.

Jennifer Lawless y Paul Freedman, profesores del Departamento de Política de la Universidad de Virginia, publicaron un estudio de los resultados electorales en el que señalan que este año se produjo una división educativa entre los votantes bastante similar a la ocurrida en 2016.

Sin embargo, advierten que la grieta es mucho más pronunciada entre los votantes de raza blanca. El 64% de los blancos sin estudios universitarios apoyó a Trump, mientras que los negros optaron por Biden independientemente de su nivel de educación.

Un análisis de The Economist sobre esta brecha entre los votantes plantea que no está claro cuánto de la predilección por Trump entre los blancos con menor educación es un fenómeno asociado directamente con el mandatario o si es una inclinación por el Partido Republicano.

El desafío republicano, señala la publicación, será mantener a esos partidarios pero, al mismo tiempo, convertirse en una alternativa política atractiva para los votantes blancos universitarios.

Tras un análisis de los datos electorales, Mark Muro, investigador de Brookings Institution, llegó a la conclusión de que los condados que votaron por Biden aportan el 70% del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos. "Esta es una imagen de una nación donde los dos partidos habitan economías radicalmente diferentes", le dice Muro a la BBC.

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