El Mundo

Putin sufre la dependencia del petróleo de la economía rusa

La popularidad del presidente ruso decae junto con el precio internacional del crudo. Sus enormes gastos militares también pesan sobre una economía poco diversificada

Sábado 23 de Enero de 2021

Los primeros años de la era de Vladimir Putin (199/2008) estuvieron caracterizados por altas tasas de crecimiento económico y mejoras visibles en los niveles de vida: tras una década de recortes, en los turbulentos años 90, los ciudadanos rusos podían permitirse comprar autos nuevos, televisores y hasta pagarse vacaciones en el extranjero.

Pero la causa de esta bonanza era un factor externo, el alza desmesurada de los precios de los hidrocarburos en los mercados mundiales en los años 2000, junto con las otras commodities (cobre, soja, mineral de hierro, etc). Rusia está ubicada en los primeros lugares como productor gasífero y de petróleo crudo. En 2019, Rusia produjo 11,9 millones de barriles de crudo por día. Superó por poco a Arabia Saudita, que ese año produjo un promedio diario de 11,8 barriles diarios.

En los años con precios en torno o por encima de los 100 dólares el barril, Putin había apostado por las fuertes inversiones en el sector hidrocarburífero para reposicionar a Rusia como una de las grandes potencias del siglo XXI. La población rusa toleró los recortes en sus libertades políticas y sociales, mientras el gobierno compartiera las ganancias del negocio petrolero y gasífero.

La crisis financiera global de 2008 y 2009 causó estragos en la economía rusa, aunque se recuperó rápidamente gracias a la nueva suba de los precios del crudo hasta 2014, cuando volvieron a caer sus valores de manera abrupta y permanente.

En 2014 y 2015 Rusia sufrió por las caídas de los precios de los hidrocarburos, la depreciación del rublo (con la consiguiente aceleración de la inflación) y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. La dependencia excesiva de la exportación de petróleo y gas natural durante la era Putin pasó factura a la economía rusa, cuyo PBI anotó varias caídas.

Las tasas de aprobación de Putin han estado bajando desde mediados de 2018, desde el 82% hasta 68% en diciembre de 2019. El crecimiento económico, positivo pero modesto durante los últimos tres años, ha sido incapaz de elevar los ingresos per cápita. Además, las sanciones occidentales tras la invasión y anexión ilegal de Crimea en 2014 costaron un 6% del PBI desde ese año, según estimó Bloomberg, debido a la falta de inversión y créditos extranjeros, a la caída del comercio internacional y el constante gasto militar en alza, una conocida apuesta de Putin, que siempre pulsa el botón del sentimiento nacionalista ruso y sus sueños de gran potencia. Pero ya no ayuda tanto a Putin.

Pero, sin duda, fue el proyecto de reforma de las pensiones el principal detonante de la caída de popularidad. Fue anunciado en junio de 2018, en plena euforia por el Mundial de Fútbol celebrado en el país, y consistió en el incremento de la edad de jubilación para hombres (de 60 a 65 años) y mujeres (de 55 a 63), junto a la subida del IVA en dos puntos. La medida provocó protestas multitudinarias en las calles, por lo que Putin tuvo que suavizar dichas subidas de edad. Pero el ajuste fiscal es inevitable, y Putin y sus técnicos lo saben.

No hay que olvidar que la esperanza de vida es relativamente baja en Rusia en comparación con los países occidentales, especialmente para la población masculina, según el Banco Mundial (67 años para ellos y 77 para ellas), lo que se explica en parte por el fuerte consumo de bebidas alcohólicas destiladas (vodka). No obstante, el consumo de alcohol ha caído entre las generaciones más jóvenes en los últimos años según la OMS, lo que contribuirá al incremento de la esperanza de vida en el futuro.

En las elecciones locales de septiembre pasado el partido de Putin, Rusia Unida, sufrió un duro golpe en Moscú, donde perdió un tercio de sus escaños, y en la región de Jabarovsk.

Para mejorar su reputación, Putin anunció un paquete de programas sociales para parar la pérdida de población, que incluye más ayudas a las familias con niños y subidas de salario para empleados estatales. El presidente ruso no está dispuesto a tirar la toalla todavía, pues su presidencia está asegurada hasta 2024. Fue reelecto presidente por cuarta vez en 2018. Y mediante un referendo en junio de 2020 Putin introdujo enmiendas a la Constitución para seguir al mando del país más allá de 2024.

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