Sábado 16 de Septiembre de 2023
Explosiones y pancartas contra la República Islámica en Teherán y consignas contra el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, gritadas por un centenar de personas en las calles de la ciudad iraní de Zahedan. De esta forma volvió la protesta callejera contra el régimen islámico, a pesar de las prohibiciones y las detenciones generales, en vísperas del primer aniversario de la muerte a manos de la policía de Mahsa Amini, joven de origen kurdo que murió el 16 de septiembre de 2022 tras ser detenida por la "policía moral" de Teherán por "no llevar correctamente el hiyab". Quitarse el hiyab y hasta quemarlo ha sido desde entonces un gesto de rebeldía que repitieron muchas jóvenes iraníes, pese a la brutal represión de parte del régimen islámico.
El imán sunita de la mezquita de Zahedan, en la provincia suroriental de Sistán Baluchistán, recordó explícitamente durante la oración a Mahsa Amini y la oleada nacional de protestas que siguió a su asesinato, con más de 500 muertos y más de 20.000 detenidos, muchos de ellos condenados a prisión. El islam sunita es minoritario en Irán, donde el régimen clerical está en manos de la cúpula de la rama chiíta. La retransmisión en directo del sermón fue censurada con un bloqueo de Internet, pero tras la oración al menos un centenar de personas marcharon por las calles gritando consignas. "No olvidaremos la masacre de Zahedan", gritaban, en referencia al 30 de septiembre de 2022, recordado como el "Viernes Sangriento", un día de feroces enfrentamientos en la ciudad durante las protestas antigubernamentales que se saldaron con la muerte de cuatro agentes y un centenar de manifestantes.
La revuelta por Mahsa, bajo el grito de "mujer, vida y libertad", se prolongó durante meses en las ciudades iraníes pese a la represión de la policía y los parapoliciales islámicos. Pero en Zahedán las manifestaciones continuaron regularmente casi todos los viernes tras la oración islámica, incluso cuando los activistas de otras ciudades iraníes dejaron de manifestarse. La minoría sunita sufre la persecuciónde parte del La República Islámica teme que las protestas estallen también en el resto del país con motivo del aniversario de mañana. En la última semana fueron detenidos una treintena de manifestantes, mientras que las medidas de seguridad se han reforzado en las principales ciudades y también en la capital, Teherán, donde se han visto pancartas a favor de Mahsa colgadas de los pasos elevados y a militantes escribiendo mensajes de protesta contra la República Islámica en las paredes de algunos barrios.
Desde hace días, la provincia del Kurdistán iraní está especialmente blindada, donde los agentes piden a los ciudadanos que no protesten, amenazando con abrir fuego en caso de desobediencia. En Saqqez, la ciudad kurda de la que era originaria Mahsa Amini, los hoteles no aceptan huéspedes del exterior y la tumba de la joven está vigilada por cámaras, mientras que se ha presionado a la familia para que no celebre ceremonias este sábado y se vigilan los movimientos de su padre, Amjad.
Con nuevas protestas en el horizonte, la ya delicada relación entre Irán y Occidente, que el año pasado criticó duramente a Teherán, imponiéndole sanciones por su represión de las manifestaciones, está también a punto de empeorar. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quiso recordar a "cada valiente ciudadano iraní que ha sido asesinado, herido o encarcelado por el régimen de Irán por reclamar pacíficamente la democracia y los derechos fundamentales", homenajeando a Mahsa Amini y calificando de "histórico" el movimiento de protesta. Estados Unidos y Gran Bretaña decidieron imponer nuevas sanciones, al igual que la UE, que está a punto de lanzar un décimo paquete de medidas restrictivas contra cuatro individuos y seis entidades responsables de graves violaciones de los derechos humanos en Irán.