El Mundo

"Primavera árabe", la llama queencendió un desesperado tunecino

La inmolación del joven vendedor de verduras dio inicio a la mayor ola de protestas en la región. Regímenes como los de Egipto y Libia cayeron. Otros aún resisten con feroz represión.

Sábado 17 de Diciembre de 2011

Túnez. - Hace un año, el joven tunecino Mohammed Bouazizi se quemó a lo bonzo en protesta por la falta de futuro e inauguró una seguidilla de manifestaciones conocidas como la "primavera árabe", que remeció irreversiblemente esa región del mundo y desplomó gobiernos autocráticos con décadas en el poder. El 17 de diciembre de 2010, en Sidi Bouzid, un pueblo polvoriento en una zona agrícola en el centro de Túnez, el desesperado licenciado en informática que vendía verduras en una pequeña carretilla para vivir, tomó la decisión que lo llevó a la muerte poco después y lo transformó en el "padre de la revolución tunecina".

Este hecho inauguró el año de mayor convulsión política y social, además simultánea, en el norte de Africa y Medio Oriente. La inmolación del desesperado joven y su posterior muerte, el 4 de enero, desató la ira inmediata de los tunecinos, y las protestas se extendieron por todo el país primero y a toda Africa del norte en semanas, desafiando cambios de gobierno, reformas constitucionales y todo lo que añejas monarquías u otras formas de gobierno encontraban a mano para acallar la rabia de décadas. Si bien las revueltas sociales y los reclamos democráticos fueron común denominador de todo este poderoso e inesperado fenómeno, en cada país tuvo características diferentes.

En Túnez, tras 23 años en el poder y luego de intentar sofocar las protestas con feroz represión, decenas de muertos o estratagemas como la abrupta concesión de algunas libertades y la promesa de no presentarse a las elecciones, Zine El Abidine Ben Ali sucumbió en poco menos de un mes, el 14 de enero de 2011. Huyó a Arabia Saudita, tras dejar 347 muertos en su país. El proceso en este país culminó el 23 de octubre con la celebración de comicios, en las que el ganador fue el partido islamista conservador Al Nahda. El 13 de diciembre tomó posesión el nuevo presidente Moncef Marzuki y el 14 Yabali asumió como premier.

Mubarak es derrocado. En Egipto, las protestas comenzaron el 25 de enero con el llamado "día de la ira" en el que miles de manifestantes en la plaza Tahrir de El Cairo y en otras ciudades egipcias pedían reformas al régimen de Hosni Mubarak. Jóvenes y otros no tanto pedían que Mubarak no se presentara a elecciones ni que dirigiera la transición o colocara como sucesor a su hijo Gamal. Mubarak delegó el poder el 11 de febrero, fue hospitalizado por una crisis cardíaca y desde entonces aparece en camilla en los juicios emprendidos contra él. Una Junta militar supervisa la delicada transición que ya está en una segunda etapa de elecciones parlamentarias, por ahora con ventajas para los partidos islamistas moderados, pero en el marco de una persistente crisis política. El saldo de las protestas: 846 muertos.

Otro punto de agitación fue Bahréin, donde la mayoría shiíta se rebeló contra la monarquía sunnita que gobierna el emirato desde hace más de 200 años. Sin embargo, el levantamiento fue aplastado, a pedido del rey, por tropas de Arabia Saudita y otros países del Golfo temerosos de una mayor influencia regional de Irán, un país shiíta rival de esas monarquías sunnitas, en caso de caída del soberano bahreiní.

En Libia, el capítulo más sombrío de la "primavera árabe", y con características tan notoriamente diferentes que quizás la excluyen del proceso, el gobierno de Muammar Kaddafi fue derrotado y luego ejecutado por grupos rebeldes apoyados por la Otán, que dirigió varios meses de operaciones aéreas autorizadas por la ONU. Estas devastadoras operaciones de la alianza, que en teoría sólo estaba autorizada a proteger a la población civil, se tradujeron en realidad en una acción bélica deliberada que gravitó de modo ostensible en el resultado de la contienda, cuya cifra de víctimas difícilmente se sepa algún día, pero que se estima en 25.000 muertos y el doble de heridos. Las manifestaciones en este país norafricano comenzaron en forma pacífica los días 15 y 16 de febrero en Bengazi, la segunda ciudad libia, por la detención de un activista de derechos humanos y en demanda de cambios democráticos a Kaddafi, en el poder durante 42 años. Lejos de ceder a las demandas, el clan Kaddafi ordenó reprimir a los manifestantes, lo que derivó luego en ocho meses de guerra civil. Actualmente, un Consejo Nacional de Transición presidido por Mustafá Abdul Jalil gobierna el país y están previstas elecciones para junio de 2012.

En tanto, tras meses de crisis política, el presidente de Yemen, Ali Abdulah Saleh, firmó en noviembre desde el exilio un acuerdo propuesto por países del Golfo que lo obligaba a dimitir y a ceder el poder para poner fin a la situación de inestabilidad que atravesaba el país desde que comenzó una revuelta antigubernamental, en febrero, con cientos de muertos.

Assad se aferra al poder. En Siria, en tanto, casi 10 meses de protestas con al menos 5.000 muertos -según datos de la ONU- no han hecho tambalear definitivamente aún al gobierno de Bashar al Assad, cercado por las potencias occidentales e incluso por la Liga Arabe, el organismo panárabe del que Damasco es uno de sus fundadores. La represión de las protestas sigue siendo brutal, y la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Nancy Pillay, advirtió que el país se dirige hacia una guerra civil.

En Marruecos, en tanto, una oportuna reforma constitucional y elecciones parlamentarias celebradas hace pocas semanas -decididas por la aguda cintura política del rey Mohammed VI- lograron neutralizar por ahora una incipiente movilización social, ahora casi en el olvido. Una nueva Carta Magna fue aprobada el 1º de julio mediante un referendo con el 98 por ciento de los votos. El 25 de noviembre se celebraron comicios, que fueron ganados por islamistas.

Jordania fue otro de los países que vivió un año de agitación. Las manifestaciones empezaron el 28 de enero, y aún continúan, en demanda de reformas políticas y económicas. El rey Abdalá II cesó el 1º de febrero al Ejecutivo del premier Samir Rifai, y lo sustituyo por Maaruf Bajit. Las protestas continuaron y el 17 de octubre el soberano hachemí cesó a Bajit y lo sustituyó en el cargo por Aun Jasawneh, ex juez de la Corte Penal Internacional, y le encargó acelerar las reformas. El 18 de noviembre miles de jordanos volvieron a las calles para pedir al nuevo premier que cumpla sus promesas de acelerar las reformas. También hubo convulsión en Argelia. Las protestas comenzaron el 12 de febrero para pedir que el gobierno derogara el "estado de emergencia" que regía el país desde hacía 19 años. Tras la derogación de dicho estado de emergencia el 24 de febrero, las protestas se diluyeron.

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