Por sus fracasos domésticos, Trump se hace intervencionista
Terminó la luna de miel. Los esposos duermen en cuartos separados, y hay una cierta tensión cuando están en el mismo ambiente.

Martes 18 de Abril de 2017

Terminó la luna de miel. Los esposos duermen en cuartos separados, y hay una cierta tensión cuando están en el mismo ambiente. Ahí es cuando la esposa compra dos pasajes en un crucero por la Polinesia, y sugiere explorar el mundo swinger. Cien días de gobierno. Ningún avance significativo en las principales promesas efectuadas en campaña. Popularidad propia de fin de mandato, no de inicio. Ahí es cuando el presidente Trump ataca una base en Siria, envía la armada a Corea y bombardea posiciones de Daesh (el Estado Islámico) en Afganistán con un poder de fuego nunca antes visto para una bomba convencional.

Aunque los asesores económicos del presidente invocan reportes favorables en la mayoría de los indicadores económicos, la recuperación de empleos, poder adquisitivo y la baja de la presión impositiva, todo ello es aún una promesa para los votantes de Trump. Los medios destacan los giros de 180º ("flip-flops") del presidente en la mayoría de los asuntos ("Giros de 180º. Eso es lo que el presidente Trump hace", afirmaba David Swerdlick, editor asistente del Washington Post, entrevistado por CNN el jueves 13). Decisiones ejecutivas (decretos) sobre inmigración desafiadas en la Justicia, resonante fracaso en el intento de modificar el "Obamacare" propiciado por su propio partido (así llaman despectivamente los republicanos a la Ley de Reforma del Seguro de Salud Asequible de Obama), demorados avances en su proyecto de reforma impositiva; quizás estos hechos ayuden a explicar, en parte, por qué los índices de aprobación de la administración se encuentran por debajo del 40 por ciento. Y con ello, las decisiones de política exterior que nos conmueven hoy.

Pero también contribuyen las peleas de palacio. En un rincón, Steve Bannon (ex CEO de la última parte de la campaña de Trump, y el estratega en jefe de la Casa Blanca). En el otro, el asesor senior y yerno del presidente, Jared Kushner. El primero, ideólogo de la recuperación del lema con que Woodrow Wilson hiciera campaña en 1916 ("América Primero"), en torno del cual Trump diseñó su discurso de asunción en enero pasado. Bannon se inscribe en la tradición aislacionista en política exterior. Quizás por esto en campaña, Trump repetía "la Otán es obsoleta". El segundo, Kushner, definido por los analistas como globalista, es partidario de un rol más intervencionista en la promoción de los intereses estadounidenses y la seguridad nacional. Rol que "rinde" también fronteras adentro.El primero ha sido desplazado por el segundo, tanto en el favor como en el oído presidencial. El marido de Ivanka (la hija y asesora especial ad honorem de la Casa Blanca), sería el responsable del giro de Trump en política exterior. La Otán ya no es obsoleta, China ya no es un manipulador serial de la cotización de su moneda sino un socio para controlar a Corea del Norte. Confían en que podría redituarle no sólo en la consideración pública, sino en la delicada relación que mantiene el presidente con su partido. Conviene recordar aquí que el liderazgo republicano hizo todo lo que pudo, mientras pudo, para impedir que Trump se hiciera con la nominación presidencial, en la convicción de que el tono del discurso elegido para competir en las elecciones primarias (internas) le aseguraba una derrota en las elecciones generales.

Llegó el nuevo sheriff

En efecto, el giro belicista de los últimos días aproxima a la Casa Blanca a la más tradicional posición republicana en política exterior, contribuyendo a enviar un mensaje que según los republicanos fue abandonado en los últimos ocho años por la administración de Obama: "Hay un nuevo sheriff en la ciudad". Un mensaje que tuvo un efecto particular en los Estados Unidos durante la Guerra Fría, y cuya efectividad se agigantó luego de los ataques de 2001 en el propio suelo estadounidense.

El juego preferido del sheriff es el juego de la gallina: entre él y los bandidos, el que se acobarda y desiste, pierde. A diferencia de lo que ocurre en la película "Rebelde sin Causa", en lugar de James Dean y Corey Allen, los autos por estos días los conducen The Donald y Kim Jong-Un, el presidente de Corea del Norte. No gracias; no quiero pororó. Se me cerró el estómago.

Diego J. Gantus

Dr. Ciencia Política, docente-investigador en UNR y UNER. Miembro de la Asociación Internacional de Ciencia Política.