El Mundo

Pekín despliega el mayor operativo de seguridad de la historia olímpica

Con el terrorismo como excusa, las autoridades chinas blindaron la capital para los Juegos. El objetivo es neutralizar a todos los activistas políticos que puedan perturbar el evento.

Jueves 24 de Julio de 2008

Pekín.— Pekín, una de las metrópolis más seguras del mundo, está viviendo el mayor despliegue en materia de seguridad de la historia olímpica. "Nunca antes China organizó un evento tan grande, nunca antes tantos atletas, funcionarios y periodistas viajaron a unos Juegos Olímpicos", argumentó ayer el jefe de seguridad del comité organizador, Liu Shaowu. "Si tanta gente viaja a China, los terroristas internacionales buscarán una oportunidad", afirmó.

Esa es la justificación oficial. Pero en realidad, no se trata sólo de cazar terroristas, sino a todos los perturbadores que el mes próximo puedan molestar en los Juegos con protestas políticas y generar así un deterioro de la imagen del Estado comunista.

Hay suficientes potenciales de conflicto: tras la represión de las protestas de los tibetanos contra el dominio chino en marzo, podría haber incidentes con activistas tibetanos. Organizaciones internacionales de derechos humanos ya se quejaron en Pekín antes de los Juegos Olímpicos de la falta de libertad de opinión y de prensa. Y, además, miembros extranjeros del culto Falun Gong, prohibido en China, buscaron la atención mundial con acciones espectaculares.

Con la limitada concesión de visas, que está generando camas vacías en los hoteles de Pekín, se quiere mitigar el riesgo de que entren activistas extranjeros.

Como en anteriores Juegos, Pekín estableció tres zonas de protestas en parques, donde se pueden realizar manifestaciones, pero de ninguna manera de forma espontánea. Hace falta una autorización oficial.

No a los reclamos. Las solicitudes para manifestaciones a favor de más libertad para los tibetanos o para los uigures musulmanes no tendrán muchas posibilidades de ser aceptadas. Esos "reclamos separatistas" atentan "contra intereses chinos", dijeron las autoridades.

Algo similar podría ocurrir con una manifestación a favor de la democracia en China, dado que así se pondría en duda el papel líder del Partido Comunista establecido en la Constitución. Más de un activista por los derechos civiles está en prisión en China por "socavar el poder estatal".

Encima, grupos de derechos humanos denuncian que la seguridad del Estado está persiguiendo, deteniendo o juzgando a activistas con el argumento de garantizar "Juegos pacíficos". La campaña afecta a todos los que se sublevan. También se teme que trabajadores migrantes, peticionarios de las provincias tratados injustamente o ciudadanos pequineses que perdieron sus viviendas a causa de los proyectos olímpicos puedan perturbar los Juegos.

Decenas de miles de trabajadores migrantes deben abandonar la ciudad. Al revés, los viajeros que hoy en día quieren llegar a Pekín deben pasar hasta tres controles de seguridad, donde son revisados sus documentos de identidad y sus vehículos. Cientos de puestos de control están repartidos a lo largo de "tres líneas de defensa".

Patrulleros todoterreno. Desde esta semana patrullan las calles importantes personas mayores con remeras rojas y blancas, que donó la cervecera Yanjing. Algunas están sentadas sobre banquitos, mientras conversan para disimular su aburrimiento.

Además fueron movilizados decenas de miles de voluntarios, en general de comités vecinales que sobrevivieron a las épocas comunistas, para detectar a personas "que suponen un riesgo específico". "Esas informaciones son el camino más importante para controlar a aquellos que quieren sabotear los Juegos", dijo el jefe de seguridad olímpica, Liu Shaowu.

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