El Mundo

Pedro Sánchez revive al socialismo y es la gran excepción europea

Martes 14 de Mayo de 2019

Pedro Sánchez ha logrado lo que ningún otro líder socialdemócrata logró en Europa, al menos entre las grandes naciones: evitar que sucumba su partido, recuperarlo y llevarlo al gobierno. La victoria del reciente 28 de abril en las elecciones generales le dieron al PSOE un sólido primer puesto (29 por ciento del voto) y le aseguraron la continuidad al frente del gobierno. Ahora el PSOE se dispone a ganar las autonómicas y europeas del 26 de mayo, según el principal sondeo nacional. En contraste, el PS francés parece haber desaparecido junto con Hollande (medía 5 por ciento en uno de los últimos sondeos); el Partido Demócrata italiano no está tan mal pero sigue en coma desde la caída de Matteo Renzi que abrió el camino al actual gobierno Frankestein de La Liga y el M5E. El histórico SPD alemán, casi la socialdemocracia por definición, es el socio menor de Merkel desde hace tantos años que cuesta recordar que alguna vez lideró Alemania, y no deja de retroceder en cada elección general.

Sánchez parecía destinado a cumplir ese mismo periplo descedente. Llevó al PSOE a su peor resultado electoral en 2016, y esto derivó en una revuelta de los coroneles socialistas que lo forzaron a renunciar. Pero al año siguiente, con el voto de los afiliados, volvió a ser secretario general. La suerte política de Sánchez está entramada con una serie de elecciones adelantadas que se iniciaron en diciembre de 2015 y llegan hasta el 28-A, y que instauraron el multipartidismo donde había imperado por décadas el bipolarismo (PP-PSOE). Estas elecciones anticipadas llevaron, por la astucia ajedrecística de Sánchez, al despido de Rajoy hace 10 meses para hacer lugar al jefe socialista. Sánchez armó entonces un Ejecutivo muy débil, sometido al capricho de los radicales catalanes. No pudo aprobar el presupuesto y optó por adelantar elecciones en lugar de agotar la legislatura, como era su plan original. El grupo de Sánchez siente que tiene "momentum" y piensa aprovecharlo. Desde el punto de vista político, es muy meritorio lo del líder socialista, que debe haberse comido el hígado crudo de aquellos interventores que lo suplantaron al mando del partido en 2016.

Ahora, la política es, como se sabe de memoria a estas alturas, muy dependiente de la economía. Y Sánchez y su PSOE, arrumbados a la izquierda, saben que les "irá bien" si gastan dinero público y que si hacen ajuste les "irá mal". El caso de Rodríguez Zapatero, popularísimo hasta 2007 y campeón de la España que crecía en una Europa aletargada, es clarísimo: el longilíneo ZP debió aplicar un duro ajuste ante la crisis internacional de 2008, que negó neciamente durante un año. Ese ajuste le costó todo su capital político, que era muchísimo. Ha quedado como un político jubilado que recorre el mundo para dar sus opiniones. Visitó Rosario el año pasado. Sánchez, muy joven aún, no quiere jubilarse. Así que su corto primer gobierno fue generoso con el dinero público. De aquí vienen los buenos resultados electorales. Los votantes están hartos de "austeridad". Como el grueso del ajuste ya lo hicieron los antipáticos del PP (saneamiento de la banca gracias al rescate europeo y del FMI y una reforma laboral), y antes ZP (recorte de jubilaciones y suba del IVA), Sánchez cree que puede gozar de la etapa dulce del ciclo económico. Desde su círculo han sugerido un aumento de los impuestos. El razonamiento del socialismo es realmente lineal: la carga fiscal en España está en 38,5 por ciento del PBI; la media de Europa, en el 45 por ciento. Hay margen para subirlo, razonan, como si España y Suecia fuesen lo mismo. Por esta lógica, el déficit fiscal en el primer trimestre de 2019 subió a 6.754 millones de euros, un aumento del 57 por ciento interanual. En tanto, los últimos datos indican que el crecimiento de la economía, que Rajoy dejó en el rango de 3 por ciento anual, se ha comenzado a frenar. Y Bruselas, o sea, la Unión Europea, exige bajar el déficit fiscal, hoy del 2,4 por ciento de PBI. No parece mucho, pero es el doble de lo admitido por Europa. Y la impopular reforma previsional es una materia pendiente. Si dura, el segundo gobierno de Sánchez verá no pocas tormentas. El joven líder deberá mostrar entonces otras cualidades, además de la astucia y el instinto de supervivencia.

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