El Mundo

Nuevos ataques en Jerusalén pese al despliegue de tropas y controles

La violencia en Medio Oriente. En incidentes separados, dos jóvenes palestinos fueron abatidos tras agredir con cuchillos a una mujer mayor y a policías.

Jueves 15 de Octubre de 2015

Ante la ola imparable de ataques, Israel desplegó ayer cientos de soldados en las principales ciudades del país y ordenó que la policía bloqueara las zonas de Jerusalén Oriental en las que residen habitantes árabes. El gobierno israelí autorizó a la policía "a cerrar o imponer un toque de queda en los barrios de Jerusalén en caso de fricciones o incitaciones a la violencia", y anunció que reclutará a 300 agentes de seguridad que viajarán en los transportes públicos de Jerusalén. Además de destruir las casas de los autores de atentados, Israel se incautará de sus bienes y revocará sus derechos de residencia permanente, aseguró el Ejecutivo del premier Benjamin Netanyahu. Unos 1.400 reservistas de la policía de frontera serán desplegados de acuerdo a un decreto de urgencia. Trescientos soldados ocupan ya sus posiciones en las calles.

Ayer, Israel continuó viviendo ataques. En el primer hecho de violencia, la policía se aproximó a un hombre que vestía camuflaje militar y parecía nervioso. Al requerirse su identificación, el hombre sacó un cuchillo y se lanzó hacia los oficiales, que lo abatieron. El segundo incidente se registró a la entrada de la Ciudad Vieja, en la parte este de la ciudad, anexada y ocupada por Israel, donde un joven atacó con un arma blanca a una mujer mayor. La herida logró subir a un autobús y el conductor cerró las puertas antes de que el atacante pudiera seguirla. Este agresor también fue abatido.

Desde principios de mes el país se ha visto sacudido por una serie de acuchillamientos y ataques con armas de fuego que dejaron siete israelíes muertos. Por la parte palestina murieron 32 personas. Casi la mitad de la cifra eran atacantes que fueron abatidos después del hecho. El resto de las víctimas murió en los disturbios en Cisjordania o en enfrentamientos con el Ejército en puestos fronterizos. A dicha cifra se suman unos 1.400 palestinos que resultaron heridos por balas de goma y otros en enfrentamientos con las fuerzas israelíes desde inicios de mes, en lo que representa la mayor ola de violencia que se vivió en las calles israelíes en años.

También ayer, el ministro de Seguridad Interna de Israel anunció que los cadáveres de los atacantes palestinos no serán devueltos a las familias para su entierro. Gilad Erdan explicó que las procesiones funerarias de palestinos que asesinan a israelíes suelen convertirse en "una exhibición de apoyo a terrorismo e incitación a la venganza". Los atacantes serán enterrados discretamente en cementerios lejanos donde ya recibieron sepultura otros agresores palestinos.

Estos comentarios tuvieron lugar tras un día especialmente sangriento, en el que tres israelíes murieron en un par de ataques palestinos con arma blanca y disparos en Jerusalén, y se produjeron otros dos ataques en la normalmente tranquila ciudad israelí de Raanana. También murieron tres palestinos, incluidos dos atacantes.

Una polémica por la visita y el derecho a rezar en la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén avivó las tensiones que han desembocado en la nueva oleada de violencia. En principio sólo los musulmanes pueden orar en la Explanada, pero en ocasiones especiales también pueden acceder allí los judíos. Los palestinos temen que Israel conceda a cada vez más judíos un permiso para visitar el área y con ello desplazar a los musulmanes del control del lugar, es tercero más sagrado del Islam pero también sagrado para los judíos por contener los restos del templo bíblico. Israel lo niega.

Ayer, policías armados controlaban cada coche que salía del barrio de Jabel Mukaber en Jerusalén Este, de donde procedían la mayoría de los palestinos implicados en los recientes ataques. Esos atentados despertaron el recuerdo de la segunda Intifada (2000-2005) y hacen temer que se produzca otra gran revuelta palestina. Sólo unos pocos habitantes de Jerusalén se atrevieron ayer a viajar en autobús.

Medida impopular. La instalación de puestos de control en Jerusalén Este ya fue adoptada en otras ocasiones y suscitó el rechazo de los palestinos, ya que complicaba su vida y sus desplazamientos, por ejemplo los de los niños que van a la escuela. La medida tendrá un carácter extraordinario si se aplica a gran escala. Israel anexó Jerusalén este en 1980 _en violación de la legislación internacional_ y los palestinos que viven allí desde hace siglos no son ciudadanos, sino que tienen un permiso de residencia que les permite circular dentro del territorio nacional y votar solamente en las elecciones municipales de esa ciudad.

Abbas alertó de una guerra santa

El líder palestino Mahmud Abbas pidió ayer una intervención internacional para evitar una nueva guerra en Medio Oriente. Advirtió que la “agresión” israelí contra los palestinos, contra su territorio y sitios sagrados podría desatar una guerra santa. “Podría disparar un conflicto religioso que puede destruir todo, no sólo en la región, sino tal vez en todo el mundo”, alertó.

La simbólica ciudad, cada vez más dividida

Una calle corriente que atraviesa Jerusalén Oriental separa dos mundos. De un lado está el barrio empobrecido y venido a menos de Jabel Mukaber, palestino, y del otro el asentamiento esmeradamente diagramado de Armon Hanatziv, israelí. Antiguamente el terreno en el que se alza este asentamiento formaba parte de Jabel Mukaber, pero pasó a estar en manos israelíes tras la Guerra de los Seis Días de 1967. Ayer la policía de fronteras instaló barreras en la entrada a Jabel Mukaber. Detiene a todos los que salgan del barrio en auto, controlan la documentación de los tripulantes y revisan el baúl. De hecho, tres palestinos abatidos el martes eran de Jabal Mukaber.

Ahora los barrios palestinos "problemáticos" situados en Jerusalén Oriental podrían afrontar medidas. "La policía israelí tiene la facultad de cerrar el paso a centros de tensión y de sublevamiento", indica la decisión adoptada ayer por el gabinete de seguridad después de que el país viviera una sangrienta ola de ataques con armas blancas y de fuego. Esta medida es una de las varias disposiciones con las que el gobierno busca hacer frente a la situación, en momentos en que el premier israelí, Benjamin Netanyahu, se ve bajo una considerable presión. En la última campaña electoral el actual jefe de gobierno nacionalista se presentó como baluarte de la seguridad y como el único que podría mantener a raya el terrorismo. Pero ahora, según las encuestas, los israelíes ya no creen que él sea el político más idóneo para combatir la ola de ataques. "Si alguien cierra el paso en Jerusalén Oriental, admite que la ciudad nunca estuvo unida", señaló el legislador de oposición Michal Rosin, del partido Meretz.

Pero la unidad de Jerusalén (que en los hechos, y pese a no ser reconocida como tal a nivel mundial, es la capital de Israel) es uno de los dogmas de la política de Estado israelí. Después de 1967 la ciudad fue rápidamente "reunificada", y con el tiempo también se anexionó formalmente la mitad palestina del este. Pero en los hechos la ciudad nunca logró fusionar sus partes. Los barrios árabes siguieron viéndose relegados en el desarrollo urbanístico. Se invirtió poco, se construyó poco y prácticamente no se llevaron adelante refacciones. La población palestina no salió de su condición de pobreza y la integración entre palestinos e israelíes no dejó de ser un sueño. En el diálogo de paz entre las partes, que está estancado desde hace más de un año y medio, la pregunta por el futuro de Jerusalén Oriental, reclamada por palestinos e israelíes, se presentaba como una de las más complejas.

Mientras tanto, los residentes de Jabal Mukaber se sienten desconcertados. "No ven ninguna esperanza, ningún futuro", dice el palestino Mohamed Sahaike, que asegura que ve los ataques contra israelíes como "actos de desesperación ante la falta de un horizonte político". "Cuando las personas se ven arrinconadas, se sienten obligadas a defenderse", opina. "Están dispuestos a pagar el precio. No les importa nada más".

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