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Nueva Jersey se apresta a declarar la abolición de la pena de muerte

Nueva Jersey está a punto de ser el primer Estado norteamericano en cuatro décadas que suprime la pena de muerte, y los oponentes de tal castigo esperan que otros Estados sigan el ejemplo. La Cámara baja estatal votó el jueves por 44-36 suprimir ese castigo.

Sábado 15 de Diciembre de 2007

Washington. — Nueva Jersey está a punto de ser el primer Estado norteamericano en cuatro décadas que suprime la pena de muerte, y los oponentes de tal castigo esperan que otros Estados sigan el ejemplo. La Cámara baja estatal votó el jueves por 44-36 suprimir ese castigo. El Senado lo hizo el lunes por 21-16 votos y el gobierno estatal se apresta a promulgar. la ley. Fue precisamente el padre de una víctima de asesinato el que inició la campaña hace ocho años para erradicar la pena de muerte en Nueva Jersey. La próxima semana, Lorry Post, que perdió a su hijo, habrá conseguido su objetivo.
  El gobernador Jon Corzine sentenciará oficialmente con su firma que la pena de muerte pasa a ser un tabú al menos en su Estado. Ningún reo fue ajusticiado aquí desde 1963.

Lento pero seguro. Grupos defensores de los derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch ya hablan de un “día histórico”, y así lo considera también el centro de Información sobre penas de muerte en Washington. En palabras de su director Richard Dieter, la decisión que se toma en este Estado norteño constituye una señal de que en Estados Unidos se está empezando a cambiar de opinión al respecto. “Lento pero seguro”, así espera él que se mueva el asunto en Estados Unidos y se dirija hacia unos estándares que en otros países occidentales ni se cuestionan.
  Cuán aislado se encuentra Estados Unidos en el tema de la pena de muerte frente al mundo democrático civilizado, tal como sus dirigentes lo entienden, volvió a quedar de manifiesto en noviembre. El comité de derechos humanos se pronunció en la asamblea plenaria de la ONU con clara mayoría contra el denominado “castigo capital” y se presentaron a la comunidad internacional estadísticas poco halagüeñas. Según esos datos sólo en 66 países se sigue aplicando la pena de muerte y Estados Unidos sólo es aventajado en el listado de ejecuciones por China, Irán, Pakistán, Irak y Sudán. A ojos de la comunidad internacional, el hecho de seguir aplicando la pena de muerte es una “mancha vergonzosa” en la imagen de Estados Unidos, al igual que Guantánamo y los métodos de interrogatorio de la CIA, que el resto del mundo considera torturas. De los 50 Estados norteamericanos, 37 cuentan con la pena de muerte.
  La constatación de las organizaciones de derechos humanos de que se ha iniciado un proceso de cambio de mentalidad es mucho más que un “pensamiento deseable”. No sólo ha remitido el número de ejecuciones desde 1996 en un 60%, sino que también han disminuido considerablemente en Texas, el Estado donde más “alegremente” se cumplía con la pena capital. Son varias las encuestas que apuntan que ya son mayoría los ciudadanos estadounidenses que prefieren una cadena perpetua para los peores crímenes a la pena de muerte, siempre que exista posibilidad de elegir entre ambas alternativas.

Anticonstitucionalidad. En 2004, la pena capital fue declarada anticonstitucional en Nueva York y todos los intentos de volver a introducirla fracasaron.
  En varios Estados norteamericanos, entre ellos California, existen comisiones que investigan los pros y los contras de la pena de muerte, y de hecho la ejecución de la condena en todo el país se ha congelado hasta que el Tribunal Supremo tome una decisión. Se trata de decidir si se sigue permitiendo la inyección letal como método de ejecución, pero según estimaciones de juristas y de grupos defensores de los derechos humanos, este debate refleja asimismo una sensibilidad por la problemática de la pena capital. “Estados Unidos se encuentra en un período de ponderación”, afirma en Los Angeles Times Austin Sarat, profesor del Amherst College en el Estado de Massachusetts, que ha escrito dos libros sobre la pena de muerte. Según su pronóstico, la pena capital se irá eliminando Estado a Estado, “aun cuando éste sea un largo camino a recorrer”.
  En lo que sí coinciden todos es en señalar que esta evolución no está relacionada con la crítica internacional, algo que también confirman las encuestas, según las cuales lo que más pesa en el cambio de opinión a favor de una cadena perpetua es el peligro de que personas inocentes puedan ser ejecutadas.
  En realidad, unas 125 personas que han estado en el corredor de la muerte han sido puestas en libertad tras comprobarse su inocencia. Y como tantas veces ocurre, en el tema de pena de muerte también juega un papel importante el dinero. Así, los que estaban a favor de abolir la pena capital en Nueva Jersey argumentaron —según medios de prensa— que un preso en el corredor de la muerte cuesta a las arcas del Estado unos 72.600 dólares, mientras que un preso “normal” sólo 40.120 dólares.
  Los que se oponen a las ejecuciones preferirían que el cambio de pensamiento se deba principalmente a la convicción de que las ejecuciones sencillamente son indignas de un Estado de derecho y contradice todos los estándares de la humanidad, pero igualmente se alegran de esta situación. l

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