El Mundo

Nicaragua: Ortega descarta negociar y redobla la represión

Los parapoliciales cometieron nuevas matanzas. El líder sandinista rechazó en un acto toda negociación con la oposición y la Iglesia.

Lunes 09 de Julio de 2018

Al día siguiente de que el gobierno sandinista del presidente Daniel Ortega realizara una "marcha por la paz", ayer hubo al menos seis asesinatos y alrededor de 30 heridos, además de decenas de detenidos en la represión de manifestaciones opositoras en diferentes ciudades de Nicaragua. Ortega echó nafta al fuego de la rebelión civil contra su gobierno cuando el sábado descartó un eventual adelanto de las elecciones y cerró las puertas a una solución negociada a la ola de protestas y represión que golpea a Nicaragua desde abril, con más de 200 muertos. Casi todas las víctimas han caído bajo las balas de policías y grupos parapoliciales del sandinismo.

El director de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH, independiente), Alvaro Leiva, dijo que el "ataque sangriento" contra manifestantes de Jinotepe y Diriamba, en la sureña provincia de Carazo, dejó entre cuatro y seis fallecidos. La acción violenta fue ejecutada por una fuerza combinada de paramilitares, fuerzas de choque del gobierno y policías fuertemente armados, aseguró Leiva al Canal 15. El activista de derechos humanos lanzó un "SOS humanitario" para la ciudad de Jinotepe, debido a que los paramilitares no permiten el ingreso de la Cruz Roja, los bomberos o cualquier otro cuerpo de rescate para auxiliar a las decenas de heridos.

"Los centros hospitalarios están sitiados por paramilitares para que no se atienda a los manifestantes heridos", acusó Leiva, quien además denunció la detención ilegal de unos 30 ciudadanos que fueron trasladados al centro penal de El Chipote, en Managua. También dijo que se conocía de personas secuestradas con paradero desconocido.

Por su parte, el sacerdote Eliseo Hernández, de Jinotepe, declaró también al Canal 15 que "los paramilitares entraron a la ciudad disparando como si se enfrentaran a un ejército de delincuentes, pero atacaron a la población civil, a jóvenes que estaban acompañados por sus padres y sus vecinos que reclamaban justicia" por las muertes ocurridas en el país desde abril. "Yo exhorto al presidente (Daniel Ortega) que ayer hablaba de paz, que ponga en práctica lo que dice. La paz no se edifica sobre cadáveres y sangre, sino sobre la justicia", expresó el religioso.

Los ataques ocurren horas después que el mandatario dijera ante simpatizantes que los "tranques" o retenes de protesta de estudiantes y campesinos que mantienen bloqueadas varias carreteras del país debían "desaparecer de toda Nicaragua". El mayor retirado del ejército Roberto Samcam dijo que las acciones armadas del gobierno en Jinotepe y Diriamba fueron "absolutamente desproporcionadas". "Los ataques empezaron a las seis de la mañana, cuando entraron entre 800 y 1.000 hombres, todos de civil y con armamento pesado. Los manifestantes resistieron con piedras y morteros (bombas caseras) durante varias horas", señaló Samcam, que reside en Jinotepe.

Aseguró que los paramilitares portaban armas de uso exclusivo del ejército, como ametralladoras PKM, lanzacohetes RPG-7 y granadas de fragmentación. El militar retirado advirtió que los paramilitares tomaron control de ambas ciudades antes del mediodía y, "con listas en mano, comenzaron a buscar casa por casa a los opositores para ejecutarlos".

El periodista Carlos Fernando Chamorro consideró que "el mensaje inequívoco de Ortega es que el régimen ha llegado a un punto de no retorno y por lo tanto, todos sus allegados deben proclamar su lealtad absoluta, descartando cualquier posibilidad de negociación con la salida que ofrece la rebelión cívica". Ortega ante sus militantes no escatimó descalificativos a sus adversarios, como "asesinos" y "terroristas". La propuesta de adelanto de elecciones fue planteada por los obispos de la Conferencia Episcopal, mediadores oficiales en el diálogo, como única salida a la crisis y después de que la prensa informara sobre una supuesta anuencia de Ortega. Lejos de acceder al reclamo de una mayoría de nicaragüenses que exige su salida del poder, el gobernante arremetió contra las "instituciones religiosas" que lo "maldicen", en evidente alusión a las autoridades católicas comprometidas en la mediación.

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