El Mundo

Nicaragua: no ceden las protestas contra el gobierno deDaniel Ortega

La marcha atrás con el ajuste no fue suficiente. Amplios sectores exigen un diálogo nacional y el fin de la represión del Ejecutivo sandinista.

Martes 24 de Abril de 2018

El presidente nicaragüense Daniel Ortega continuaba ayer bajo presión, pese a que revocó el ajuste del sistema jubilatorio que detonó una ola de protestas y choques con la policía que dejaron por lo menos 28 muertos. Ayer hubo una nueva marcha, pacífica, por las calles de Managua, la capital del país. Repudiaban a Ortega y la represión, a la que el mandatario sandinista sumó el ejército. Su marcha atrás del domingo, luego de cinco días de protestas y con las calles de Managua fuera de control, no logró que estudiantes y otros sectores sociales depongan sus exigencias, que ahora no se limitan al tema previsional: además de la liberación de todos los detenidos en las protestas, exigen una revisión completa del esquema de poder del sandinismo. Una represión policial el domingo a la noche contra una universidad exasperó aún más los ánimos.

Miles de manifestantes se concentraron en Managua para exigir al gobierno de Daniel Ortega el cese de la represión de las protestas. La marcha pacífica avanzó sobre la principal avenida de la capital, Juan Pablo II. Los manifestantes portaban banderas de Nicaragua y vestían de blanco o negro en señal de duelo por los muertos. Entre las consignas se escucharon "Fuera Ortega!", "¿Qué quiere la gente? Que se vaya el presidente!" o "Libertad, libertad!".

El Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), que ha sido un aliado clave de Ortega en sus 11 años en el poder, mantuvo la convocatoria a la marcha de ayer, mientras los estudiantes que iniciaron las protestas insisten en que no cesarán su movimiento. La distensión que intentó crear Ortega con el retiro de la reforma se disipó el mismo domingo con una violenta arremetida policial en la sede de la Universidad Politécnica, un bastión de los opositores. Se reportó al menos un estudiante muerto por los uniformados.

Ortega buscó tardíamente el domingo aplacar la furia de las calles revocando los aumentos en las contribuciones de trabajadores y patronales al Instituto Nicaragüense del Seguro Social (INSS) que había ordenado el martes pasado, así como un impuesto que debían pagar los jubilados para solventar sus gastos médicos.

Estos incrementos fueron la chispa que encendió las protestas, iniciadas el pasado miércoles por un grupo de estudiantes, pero que rápidamente se extendieron a amplios sectores de la sociedad. Evidentemente, se despertó un malestar con el gobierno sandinista que venía incubándose durante años. "Las protestas ya no son solo por el INSS, es contra un gobierno que nos niega libertad de expresión, libertad de prensa y de manifestarnos pacíficamente", dijo a la agencia AFP Clifford Ramírez, un estudiante de Ciencias Políticas de 26 años que participó en las marchas. "Creemos que ya no hay espacio para el diálogo", agregó Ramírez.

Las manifestaciones iniciadas por los estudiantes recibieron apoyo de pobladores de barrios populares, que salieron a sonar cacerolas, obreros y jubilados disconformes con la corrupción que ven en el gobierno y el deterioro en sus condiciones de vida. Las protestas recrudecieron el fin de semana, con barricadas y llantas incendiadas en las calles, mientras turbas saquearon comercios en varios puntos de la capital. La orden de Ortega de sacar el ejército a la calle no tuvo el efecto intimidatorio esperado. La tarde del domingo, cuando el presidente decidió hablar por cadena nacional para admitir su derrota y retirar la reforma, Managua y muchas otras ciudades estaban fuera de control.

Ayer, más allá de la marcha opositora, las calles de Managua lucían vacías, sin circulación de autobuses y varias empresas reportaron una baja asistencia de sus empleados.

Antes de revocar la reforma, Ortega había llamado a un diálogo con el sector privado para superar el impasse.Sin embargo, el COSEP dijo que condiciona su partición en el diálogo al fin de la represión de manifestantes y de la censura de medios de prensa, así como a una amplia participación ciudadana en las conversaciones. Y ante versiones de que la Conferencia Episcopal se reuniría con Ortega, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, dijo en Twitter que "no veo condiciones para ningún diálogo con el gobierno. Hay que detener la represión, liberar a los jóvenes presos, restituir la transmisión del (censurado) Canal 100 por ciento Noticias y discutir la democratización del país con todos los sectores".

Del Premio Cervantes

El escritor y ex político sandinista Sergio Ramírez dedicó el premio Cervantes, que recibió ayer de manos del rey de España Felipe VI, a los fallecidos en las protestas. "Permítanme dedicar este premio a la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de jóvenes que, sin más armas que sus ideales, siguen luchando porque Nicaragua vuelva a ser república," dijo Ramírez, quien llevaba luto. Fue vicepresidente del gobierno sandinista entre 1985 y 1990. Ortega ya era presidente entonces.

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